viernes, 9 de septiembre de 2022

Análisis longitudinal del microbioma rectal en perros con diabetes mellitus tras el inicio del tratamiento con insulina


 

Análisis longitudinal del microbioma rectal en perros con diabetes mellitus tras el inicio del tratamiento con insulina.


Se han realizado numerosos estudios en humanos y roedores que corroboran el papel del microbioma gastrointestinal en la patogénesis y la progresión de la diabetes mellitus de tipo 1 y 2. La diabetes mellitus es una endocrinopatía común en los perros; sin embargo, se sabe poco sobre la composición del microbioma intestinal durante el desarrollo y el tratamiento de la diabetes en esta especie.


El objetivo de este estudio piloto era caracterizar el microbioma gastrointestinal de los perros con diabetes mellitus en el momento del diagnóstico y durante las primeras 12 semanas de tratamiento con insulina e identificar las asociaciones con el control glucémico. Se recogieron hisopos rectales y suero para medir la fructosamina de 6 perros diabéticos recién diagnosticados a intervalos de 2 semanas durante 12 semanas.


Las muestras rectales se secuenciaron utilizando cebadores 16S, ITS y arqueas. Se evaluaron las medidas de diversidad alfa y beta para ver si había cambios a lo largo del tiempo; se identificaron las asociaciones entre las abundancias relativas de las variantes de secuencia absolutas (ASV) y el tiempo y la concentración de fructosamina mediante un modelo de efectos lineales multivariante específico para el microbioma.


No se observaron cambios estadísticamente significativos a lo largo del tiempo en la diversidad alfa y las muestras se agruparon significativamente por perro y no por tiempo en el análisis de la diversidad beta.


Sin embargo, múltiples ASV se asociaron negativa (Clostridium sensu stricto 1, Romboutsia, Collinsella) y positivamente (Streptococcus, Bacteroides, Ruminococcus gauveauii, Peptoclostridium) con el tiempo y dos ASV se asociaron positivamente con la fructosamina (Enterococcus, Escherichia-Shigella). Estos cambios en la composición microbiana gastrointestinal justifican una mayor investigación sobre cómo pueden relacionarse con la progresión o el control de la diabetes mellitus en los perros.




Introduccion.


En la salud, el microbioma intestinal desempeña un papel clave en una serie de procesos fisiológicos, como la absorción de nutrientes, el metabolismo energético, la regulación inmunitaria y el mantenimiento de la barrera gastrointestinal [1-4]. Por el contrario, las alteraciones del microbioma, denominadas disbiosis, se asocian a una serie de enfermedades, incluida la diabetes mellitus (DM) [5, 6]. La evidencia actual sugiere que la disbiosis contribuye al desarrollo de la DM e interfiere con su manejo exitoso a través de una variedad de mecanismos.


La inflamación se propone como un vínculo fundamental entre el microbioma intestinal y la DM. En estos pacientes, la disbiosis se caracteriza generalmente por un aumento de patógenos oportunistas que generan inflamación de bajo nivel y estimulan la producción de mediadores inflamatorios. Al mismo tiempo, hay una disminución de las poblaciones bacterianas que producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como el butirato, que son esenciales para la salud del epitelio intestinal y la inmunotolerancia de la flora intestinal normal.


Por lo tanto, la disminución de la producción de butirato conduce a un deterioro de la función de la barrera de la mucosa y perpetúa aún más los efectos sistémicos de la inflamación intestinal. El microbioma intestinal tiene efectos adicionales sobre el control glucémico del huésped. Los AGCS, los indoles y otros mediadores estimulan la liberación de hormonas incretinas, que son un factor determinante de la liberación de insulina postprandial.


La modulación de la reserva de ácidos biliares por parte de los microbios intestinales también influye en la secreción de incretina y altera el manejo hepático de la glucosa y el glucógeno. Además, la microbiota entérica influye en la función del tejido adiposo, que desempeña un papel importante en la regulación metabólica. Así pues, parece haber una relación compleja entre el microbioma intestinal y el estado glucémico.


En la DM tipo 1, se sospecha que la disbiosis y la inflamación intestinal estimulan el sistema inmunitario, lo que puede contribuir o desencadenar la destrucción autoinmune del páncreas endocrino. Esta teoría está apoyada por los cambios progresivos en los marcadores de disbiosis en niños con DM tipo 1 a lo largo del tiempo, desde antes de la seroconversión hasta el desarrollo de autoanticuerpos a la hiperglucemia manifiesta.



  

Además, se ha demostrado que la manipulación temprana del microbioma intestinal retrasa la aparición de la DM de tipo 1 en modelos de ratón. En la DM de tipo 2, se cree que los mediadores inflamatorios de la inflamación intestinal de bajo nivel inducen la resistencia a la insulina, contribuyendo tanto al desarrollo como a la perpetuación de la hiperglucemia. Varios estudios han documentado la presencia de disbiosis en los diabéticos de tipo 2, incluyendo asociaciones entre las abundancias relativas de las especies y los marcadores de la regulación diabética, como la glucemia en ayunas y la hemoglobina a1c.


A pesar de la creciente evidencia en medicina humana, el papel del microbioma en la DM canina es relativamente desconocido. La DM es una endocrinopatía común en los perros con una prevalencia reportada de aproximadamente 0,34-1,2% . Aunque no se clasifica típicamente como tipo 1 o tipo 2, los perros tienen características de ambos con una deficiencia absoluta de insulina debido a la destrucción de las células de los islotes pancreáticos y factores concurrentes que promueven la resistencia a la insulina y complican la regulación.


Dadas las similitudes entre la DM humana y la canina, es posible que la DM canina también esté asociada a la disbiosis. Hasta la fecha, sólo un estudio ha evaluado esta hipótesis. Este estudio transversal descubrió que los perros diabéticos no presentaban una diferencia estadística en la diversidad alfa en comparación con un grupo de perros de control, aunque sí tenían una mayor abundancia relativa de Enterobacteriaceae en comparación con los controles sanos.


Sin embargo, este estudio sólo analizó un único punto temporal e incluyó perros en varias fases de tratamiento y control diabético; por lo tanto, no se pueden hacer inferencias sobre las alteraciones del microbioma en el momento del diagnóstico o las transiciones durante el tratamiento. Así pues, el impacto del tratamiento de la DM en el microbioma gastrointestinal de los diabéticos caninos sigue siendo desconocido.


El estudio descrito aquí fue un estudio piloto longitudinal y prospectivo que evaluó el microbioma rectal de perros diabéticos recién diagnosticados durante las primeras 12 semanas de tratamiento. El objetivo principal de este estudio era caracterizar el microbioma gastrointestinal de los perros con DM en el momento del diagnóstico y durante el tratamiento.


Nuestra hipótesis era que inicialmente habría cambios en la diversidad y composición del microbioma rectal de los perros diabéticos desde el momento del diagnóstico hasta las primeras 12 semanas de tratamiento. En concreto, la hipótesis era que la diversidad alfa aumentaría con el tiempo de tratamiento y que la abundancia relativa de patógenos oportunistas, como las Enterobacteriaceae, disminuiría, mientras que los organismos productores de butirato, como los Firmicutes, aumentarían a medida que avanzara el tratamiento.


Un objetivo secundario era evaluar la abundancia de los taxones microbianos en relación con la fructosamina del paciente, como marcador cuantitativo del control diabético. Nuestra hipótesis era que habría correlaciones significativas entre la fructosamina y la abundancia relativa de uno o más taxones en este estudio.





Material y métodos.


Los Perros.


Se reclutaron perros diabéticos recién diagnosticados a través de clínicas veterinarias de atención primaria asociadas. Los perros se presentaron por los signos clínicos relacionados con su enfermedad. En el momento del diagnóstico, a todos los perros se les realizó un recuento sanguíneo completo, un perfil bioquímico sérico, un análisis de orina, un cultivo de orina, concentraciones séricas de tiroxina total, fructosamina, cobalamina y folato, inmunoreactividad similar a la tripsina (TLI) e inmunoreactividad de la lipasa pancreática (PLI) para descartar enfermedades concurrentes.


Se excluyeron los perros si los diagnósticos indicaban una enfermedad concurrente, como una infección del tracto urinario, una insuficiencia pancreática exocrina o una neoplasia. No se excluyeron los perros con aumento de TLI, PLI o enzimas hepáticas. Además, se excluyeron los perros que recibieron antibióticos en las 4 semanas anteriores a la inscripción o durante el periodo del estudio y los perros que tuvieron un cambio de dieta en las 4 semanas anteriores a la inscripción o durante el periodo del estudio.


Se confirmó que todos los perros comían un alimento comercial para perros, nutricionalmente equilibrado, y que seguían esa misma dieta durante al menos un mes antes del inicio del estudio. Los perros se mantuvieron con su dieta anterior a la investigación durante todo el estudio. Si los perros admitidos requerían antibióticos, desarrollaban una enfermedad o sufrían un cambio en la dieta, se excluían de seguir participando, pero las muestras recogidas antes de la desviación del protocolo se incluían en el análisis. El manejo de la diabetes, incluida la elección y la dosis de insulina, quedó a discreción del veterinario de atención primaria.


Los perros fueron evaluados cada 2 semanas durante las primeras 12 semanas de tratamiento con insulina, momento en el que se registró el peso, se recogió suero para la medición de la fructosamina, se obtuvieron hisopos rectales y se completaron cuestionarios por parte del propietario y del veterinario de atención primaria (Archivo S1). Los cuestionarios incluían información sobre la raza, el peso, las puntuaciones de la condición corporal y muscular, el sexo, la edad, la dieta, los antecedentes de medicación, el apetito, la ingesta de agua y la micción, el nivel de actividad, la dosis y el tipo de insulina, y la evaluación subjetiva del control. El protocolo fue aprobado por el Comité Institucional de Cuidado y Uso de Animales de la Universidad de Illinois (Protocolo nº 18043).


Recogida y manipulación de muestras de hisopos rectales.


Los veterinarios de atención primaria recogieron hisopos rectales, suero y orina. Se introdujeron hisopos estériles (Copan FLOQSwab; Copan Inc., Murrieta, CA) en el recto y se barrieron con un movimiento circular. Los hisopos se colocaron en un recipiente seco. Las muestras se enviaron el mismo día o se almacenaron durante la noche a 4°C. Las muestras se enviaron durante la noche en hielo. Una vez recibidas, el suero y la orina se procesaron el mismo día y los hisopos rectales se almacenaron a -80°C hasta que se realizó la extracción de ADN.




Extracción de ADN


El ADN se extrajo de los hisopos rectales utilizando el QIAamp PowerFecal Pro Kit DNA (QIAGEN, Hilden, Alemania) siguiendo el protocolo del fabricante, con la excepción de que los hisopos rectales se utilizaron en el paso inicial de batido de cuentas en lugar de las heces. Para evaluar el grado de contaminación microbiana en los hisopos y reactivos, también procesamos un hisopo estéril (sin usar) y 200 μL de agua estéril sin nucleótidos en lugar de los hisopos rectales en el protocolo de extracción de ADN. La concentración de ADN en los extractos se determinó utilizando un espectrofotómetro NanoDrop 1000 (ThermoFisher Scientific, Waltham, MA) con comprobación de la calidad mediante electroforesis en gel de agarosa.


Preparación de la biblioteca y secuenciación.


Las muestras de hisopo rectal se enviaron para la cuantificación relativa de eubacterias, arqueas y hongos en el Centro de Biotecnología de la Universidad de Illinois. Además de las muestras de hisopo rectal, se enviaron los dos controles negativos de la extracción de ADN y un control negativo adicional consistente en agua estéril sin nucleótidos.


En primer lugar, se preparó la biblioteca de secuenciación mediante el sistema Fluidigm Access Array (Fluidigm Corporation, South San Francisco, CA) utilizando los siguientes cebadores V3_F357_N (5-CCTACGGNGGCWGCAG-3) y V4_R805 (5-GACTACHVGGGTATCTAATCC-3) para la región V3-V4 del ARNr 16S eubacteriano; Arch349F (5-GYGCASCAGKCGMGAAW-3) y Arch806R (5-GGACTACVSGGGTATCTAAT-3) para el ARNr 16S arqueano; e ITS3 (5-GCATCGAATGAAGAACGCAGC-3) e ITS4 (5-TCCTCCGCTTATTGATATGC-3) para la región del espaciador transcrito interno 2 de las especies fúngicas. La secuenciación se llevó a cabo en la plataforma Illumina MiSeq (Illumina, Inc., San Diego, CA) utilizando lecturas de extremos emparejados de 250 pb.


Procesamiento bioinformático de las secuencias.


El procesamiento de las secuencias en bruto se realizó con el software Quantitative Insights into Microbial Ecology (versión 2). Las secuencias se desmultiplexaron primero para eliminar las secuencias índice específicas de la muestra. Se utilizó el plugin Dada2 para generar una tabla de características de variantes de secuencia absoluta (ASV). La taxonomía de las ASV se asignó utilizando la base de datos de referencia SILVA (versión 138.1).


Las secuencias demultiplexadas y alineadas se procesaron posteriormente utilizando el paquete R phyloseq. Las ASVs con un filo no asignado fueron eliminadas y las ASVs restantes fueron filtradas para excluir los taxones de baja abundancia utilizando un umbral de prevalencia del 50%. Finalmente, la matriz de recuento filtrada se aglomeró en el nivel taxonómico de género.




Análisis estadístico.


Los datos demográficos y clínicos se presentan de forma descriptiva. Todos los datos de secuenciación de amplicones se analizaron en el lenguaje R para programación estadística (versión 4.0.3; Bunny-Wunnies Freak Out) [20]. El índice de diversidad de Shannon (SDI), una estimación de la diversidad alfa, se calculó para cada muestra utilizando la matriz de recuento de ASV en bruto [21]. Se utilizaron modelos lineales generalizados de efectos mixtos para evaluar el efecto sobre el SDI del tiempo de recogida de muestras tras la administración de insulina.


Se utilizaron métodos no supervisados para detectar los cambios en la estructura de la comunidad de la microbiota asociados a diferentes puntos temporales tras el inicio del tratamiento con insulina. La diversidad beta se estimó mediante la matriz de disimilitud de Bray-Curtis, generada a partir de la matriz de recuento ASV filtrada y aglomerada, y se visualizó con el escalamiento multidimensional no métrico (NMDS).


Se utilizó el análisis multivariante de la varianza (PERMANOVA) para detectar diferencias estadísticas en la estructura de la comunidad microbiana entre los perros individuales y los puntos de recogida de muestras. El PERMANOVA se implementó en la matriz de disimilitud de Bray Curtis con 1.000 permutaciones utilizando la función adonis del paquete vegano.


Se utilizó la Asociación Multivariable del Microbioma con Modelos Lineales (MaAsLin2) para detectar ASVs diferencialmente abundantes entre los puntos temporales de recogida de muestras y las asociaciones entre ASVs y las concentraciones de fructosamina en suero. La matriz de recuento de ASVs fue normalizada por el método de escala de suma total (TSS) y transformada logarítmicamente antes del análisis.


Para comprender el impacto de las pruebas múltiples, se calculó una estimación de la tasa de falsos descubrimientos (FDR) utilizando el método de Benjamini-Hochburg. Los resultados se consideraron estadísticamente significativos cuando el valor p bruto era < 0,05, independientemente de la FDR.


Resultados.


Población.


Se incluyeron seis perros en el estudio, con un perro perdido en el seguimiento después de la sexta semana. Cuatro eran machos y 2 hembras, todos castrados. La edad media era de 7,3 años (rango 7,7-11) y el peso medio era de 16 kg (rango, 4,2-42,6). Las razas de perro representadas eran un chihuahua, un boyero australiano, un labrador retriever, un grifón de Bruselas, una mezcla de yorkshire terrier y un pomerania (tabla 1).


Todos los perros se presentaron a su veterinario de atención primaria con la queja principal de poliuria y polidipsia y se observó además que un perro había perdido peso y había desarrollado ceguera. Según los registros de atención primaria, todos los perros habían perdido peso desde el examen previo al diagnóstico de diabetes mellitus, pero cinco de los seis perros tenían sobrepeso. Cinco de los seis perros fueron tratados con insulina NPH y un perro fue tratado con insulina porcina en suspensión de zinc (Vetsulin, Merck Animal Health, De Soto, KS).





Parámetros clínicos de control de la diabetes mellitus.


El control de la diabetes se evaluó objetivamente mediante el seguimiento de la fructosamina sérica y el peso, y subjetivamente mediante la evaluación de la ingesta de agua, la diuresis y el apetito. Hubo una tendencia general a la baja de la fructosamina con el tiempo y el peso parecía estable durante el tratamiento.


La mayoría de los perros también tenían una ingesta de agua y una micción estables o normalizadas, según la evaluación de los propietarios, y todos tenían un mejor control subjetivo, según la evaluación del veterinario principal, desde el momento del diagnóstico en la semana 0 hasta la finalización del estudio en la semana 12.


Estadísticas de la secuenciación del 16S-ARNr.


Se generó un total de 3.581.921 secuencias a partir de 2036 ASV únicas. Excluyendo los controles negativos, la profundidad media de secuenciación fue de 96.462 lecturas por muestra (9.192-146.597). Para comprender el grado de contaminación ambiental y de reactivos, secuenciamos tres muestras de control negativo.


Generamos un total de 9.340 secuencias de 7 ASV únicas en las tres muestras de control negativo, casi todas ellas del filo Proteobacteria, incluyendo tres del género Escherichia-Shigella y una del género Azomonas. Las secuencias de Escherichia-Shigella representaban más del 89% de las ASV en las tres muestras de control negativo.


Tras eliminar las muestras de control negativo, filtrar las secuencias de baja abundancia y aglomerar los recuentos de ASV en el género, quedaron 2.649.900 secuencias de 29 ASV únicas, con una profundidad media de 73.224 (6962-110.625) secuencias por muestra.


Diversidad alfa y beta.


Se calculó el índice de diversidad de Shannon (SDI) para cada perro en cada punto temporal y se comparó a lo largo del tiempo y entre perros. No hubo diferencias significativas en el SDI a lo largo del tiempo (p = 0,32; Fig. 3). El escalado multidimensional no métrico (NMDS) de la matriz de disimilitud de Bray Curtis (Fig 4) y el PERMANOVA revelaron que el origen de la muestra con respecto a un perro individual era una fuente significativa de variación en las comunidades microbianas (R2 = 0,46; P = 0,01).


Hubo una separación de las muestras de dos perros (pacientes ID 8 y 11) recogidas antes de la administración de insulina (semana 0) recogidas después del inicio de la terapia de insulina, pero el punto de tiempo de recogida no fue una fuente de variación estadísticamente significativa en la estructura de la comunidad según el PERMANOVA (R2 = 0,02; P = 0,39).


Arqueas y hongos.


La mayoría de los amplicones de los cebadores de arqueas mapearon especies eubacterianas y sólo se detectaron 3 ASV de arqueas verdaderas, todas ellas aisladas de un solo perro. Del mismo modo, los cebadores ITS detectaron sólo 3 taxones de hongos, todos ellos pertenecientes al género Malassezia. Los cebadores ITS también produjeron un amplicón de un nematodo, Passalarus ambiguus.



  

Discusión.


En medicina humana, hay un creciente cuerpo de evidencia que sugiere que el microbioma intestinal contribuye al desarrollo y perpetuación de la DM. La disbiosis se reconoce sistemáticamente en múltiples estudios de diabéticos humanos y se asocia tanto con la autoinmunidad de las células de los islotes como con la resistencia a la insulina [5, 6]. Además, se ha demostrado que las alteraciones terapéuticas del microbioma mediante el uso de probióticos, el trasplante de microbiota fecal y las modificaciones dietéticas mejoran el metabolismo de la glucosa.


Por lo tanto, entender y manipular el microbioma en la DM tiene la posibilidad de mejorar los resultados clínicos de los pacientes diabéticos. En cambio, se sabe poco sobre el estado del microbioma intestinal en la DM canina. Terapias similares dirigidas al microbioma también podrían mejorar el control glucémico en perros, pero primero se requiere una mejor caracterización de la disbiosis asociada a la DM en estos pacientes.


En este estudio piloto, identificamos varios ASVs en el microbioma intestinal de perros diabéticos recién diagnosticados que cambiaron en abundancia relativa con el tiempo durante las primeras 12 semanas de terapia con insulina. Además, identificamos dos ASVs cuya abundancia relativa se correlacionó positivamente con la concentración de fructosamina en suero, un marcador comúnmente utilizado para el control glucémico en medicina veterinaria.


En el presente estudio, varios taxones bacterianos aumentaron su abundancia relativa durante las primeras 12 semanas de tratamiento con insulina. De ellos, el Bacteroides fue de especial interés. Se ha informado anteriormente de que Bacteroides spp. tiene efectos positivos sobre la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina. Este hallazgo es consistente en los estudios realizados en diabéticos humanos. En los estudios de casos y controles, la abundancia relativa de Bacteroides spp. suele disminuir en los diabéticos en comparación con los pacientes no diabéticos y, en los estudios de intervención, la abundancia relativa aumenta con las terapias para diabéticos.


Las Bacteroides spp. son algunas de las bacterias productoras de butirato mejor descritas y promueven la salud de los colonocitos y la integridad de las uniones estrechas. Así, se cree que la mejora de la sensibilidad a la insulina se produce a través de la reducción de la permeabilidad intestinal, la producción de LPS y la inflamación sistémica. Es posible que un mecanismo similar esté presente en los diabéticos caninos, lo que podría haber contribuido a la mejora general del estado clínico de los animales en el presente estudio.


También identificamos dos ASVs que disminuyeron en abundancia relativa durante el periodo de estudio, Roumboutsia y Clostridium sensu strictu 1; estos disminuyeron desde la línea de base en varios puntos de tiempo. En humanos con DM tipo 2, el aumento de la abundancia relativa de Roumboutsia se ha asociado con una mala tolerancia a la glucosa y una reducción de los niveles de insulina en ayunas. Por lo tanto, una disminución en la abundancia relativa durante las primeras 12 semanas de tratamiento de la DM puede representar un mejor control glucémico en nuestros perros de estudio.



 

Por el contrario, la abundancia relativa de Clostridium sensu strictu 1 está generalmente disminuida en pacientes humanos con DM tipo 2 y gestacional. Teniendo en cuenta este hallazgo, se podría esperar que la abundancia relativa aumentara con una mejor regulación diabética, en lugar de disminuir, como se observó en el presente estudio.


Sin embargo, la asociación entre Clostridium sensu strictu 1 y el estado metabólico se ha documentado principalmente en estudios transversales que comparan a los diabéticos con los controles sanos, y no en estudios longitudinales, por lo que la comparación directa entre éstos y el presente estudio puede no ser aplicable. Alternativamente, esta disparidad podría representar diferencias relacionadas con la especie en el microbioma intestinal y/o diferencias en la patogénesis de la DM entre humanos y perros.


Nuestro análisis también evaluó las correlaciones entre la abundancia relativa de ASV y las concentraciones de fructosamina en suero. La fructosamina es una medida indirecta de la glicosilación de las proteínas séricas, que aumenta durante la hiperglucemia crónica. Se utiliza habitualmente en combinación con los signos clínicos como medida del control diabético en pacientes caninos. Dos taxones bacterianos, Enterococcus y Escherichia-Shigella, se asociaron positivamente con la fructosamina sérica en este estudio.


Este último taxón, Escherichia-Shigella, es particularmente interesante ya que se ha documentado que la abundancia relativa de la familia Enterobacteriaceae, de la que son miembros Escherichia-Shigella, aumenta en los perros diabéticos en comparación con los controles sanos. Es importante señalar que Escherichia-Shigella es un contaminante común en los reactivos de laboratorio y las secuencias representaron >89% de los ASV en los 3 controles negativos de nuestro estudio.


Por lo tanto, la abundancia de Escherichia-Shigella en las muestras de los sujetos podría haber sido falsamente elevada. A pesar de esto, esperamos que la contaminación de los reactivos de laboratorio sea consistente en todas las muestras, por lo que la asociación positiva con la concentración de fructosamina en suero probablemente represente verdaderos procesos biológicos en lugar de contaminación.


Aunque identificamos cambios en las abundancias relativas de varias ASV, no identificamos ningún cambio significativo en la diversidad alfa o beta. Las medidas de diversidad alfa (por ejemplo, el índice de diversidad de Shannon) y beta (por ejemplo, el índice de disimilitud de Bray Curtis) detectan grandes cambios en la diversidad dentro de las poblaciones microbianas y entre ellas, respectivamente, pero son insensibles a los cambios en los taxones bacterianos individuales.


Así, es posible que se produzcan cambios significativos e importantes en las abundancias relativas de bacterias clave sin que ello afecte a las medidas de diversidad. De hecho, este fenómeno se produce habitualmente en los estudios que investigan el microbioma intestinal de los pacientes diabéticos humanos. La falta de cambios en las medidas de diversidad en nuestro estudio podría deberse a varios factores diferentes. En primer lugar, nuestro estudio se diseñó como un estudio piloto y, por tanto, su número de participantes fue limitado.


Es posible que se hubieran observado cambios más drásticos en la diversidad con más perros o con un curso de tiempo más largo. Además, es posible que la DM de algunos perros no estuviera adecuadamente controlada en la semana 12 de tratamiento, lo que podría haber dificultado la detección de cambios en la diversidad asociados al control glucémico. El tipo de insulina también varió entre los perros, lo que podría haber ocultado los cambios en la diversidad a lo largo del tiempo.



  

Es interesante observar que sólo un perro fue tratado con suspensión de insulina zinc porcina, mientras que los demás recibieron NPH. Este perro tuvo un descenso más precipitado de la fructosamina y, subjetivamente, el veterinario consideró que el perro estaba bien controlado. Por último, es posible que las alteraciones del microbioma intestinal durante la terapia diabética inicial en perros se deban más a los cambios en la abundancia relativa de unos pocos taxones clave que a las medidas generales de diversidad.


La mayor parte de las investigaciones sobre el microbioma se centran en la composición bacteriana, pero los organismos fúngicos y arqueos no suelen ser explorados a pesar de que se estima que comprenden el 1% y el 0,01-0,3% de las células microbianas en las muestras fecales, respectivamente. Dado que todos los ASV fúngicos generados en este estudio eran del género Malassezia, sospechamos que los organismos identificados procedían de la piel y no del recto debido al método de recogida.


No existe un método de recogida universal que proporcione una muestra representativa de todo el tracto gastrointestinal, pero la mayoría de los investigadores utilizan muestras fecales, ya que son fáciles de recoger y no son invasivas. Nuestros resultados podrían haber sido diferentes si se hubieran utilizado muestras fecales evacuadas, pero seleccionamos hisopos rectales para mantener la consistencia entre múltiples centros y asegurar que se recogieran muestras de cada visita. El hallazgo de P. ambiguus es inesperado, ya que se trata de un oxiuro específico de los conejos que no se conoce que infecte a los perros, y especulamos que representa la ingestión de ADN de oxiuros que pasaba por el tracto gastrointestinal del perro.


Una limitación importante del análisis de abundancia diferencial en este estudio es el alto FDR entre los resultados significativos. Muchos estudios similares utilizan el FDR como umbral de significación estadística, aceptando resultados con valores p ajustados por el FDR que van de <0,05 a <0,25. Los autores reconocen que éste sería un enfoque más sólido para asignar la significación estadística, en comparación con los valores p no ajustados (brutos).


Dado que se trata de un estudio piloto, hemos tratado de encontrar un equilibrio entre evitar los falsos descubrimientos y no descubrir diferencias reales que puedan servir de base para futuras investigaciones específicas. Por lo tanto, hemos proporcionado las estimaciones de la FDR para todos los resultados significativos para que el lector pueda comprender la probabilidad de que un resultado determinado sea un falso descubrimiento. Hacemos hincapié en que nuestros resultados deberían confirmarse en futuros estudios que utilicen muestras de mayor tamaño y enfoques específicos para cuantificar las comunidades microbianas.


Este estudio piloto se diseñó para caracterizar los cambios en el microbioma gastrointestinal de los perros con DM durante las primeras 12 semanas de tratamiento, no para asignar la causalidad entre la composición microbiana intestinal y la salud del huésped. Sin embargo, estos resultados demuestran cambios en el microbioma intestinal de los perros con diabetes durante el tratamiento inicial con insulina. Estas tendencias justifican la investigación futura en esta área, incluyendo estudios prospectivos sobre los cambios a largo plazo en el microbioma y cómo la modificación del microbioma con terapias como los probióticos o el trasplante de microbios fecales puede afectar al tratamiento de la diabetes en los perros.


Además, es esencial investigar la interacción entre la insulina y la terapia dietética en el microbioma de los perros diabéticos. En el presente estudio, mantuvimos a los perros en su dieta previa al diagnóstico para aislar mejor el efecto del tratamiento con insulina. Sin embargo, muchos veterinarios recomiendan un cambio de dieta como parte del tratamiento de la diabetes. El impacto de la combinación de cambio de dieta y terapia de insulina en el microbioma gastrointestinal podría tener implicaciones significativas para futuras terapias de perros diabéticos difíciles de regular.


Conclusiones.


Este estudio evaluó las alteraciones del microbioma intestinal en perros diabéticos recién diagnosticados con el objetivo de identificar los cambios correlacionados con el tiempo y la fructosamina. Aunque no se observaron cambios estadísticamente significativos en la diversidad, varias especies bacterianas tuvieron cambios en la abundancia relativa asociados con el tiempo y las concentraciones de fructosamina en suero. Los cambios identificados aquí justifican una mayor investigación para mejorar nuestra comprensión del papel del microbioma gastrointestinal en la diabetes mellitus canina, lo que podría conducir a futuras estrategias de tratamiento específicas.


Agradecimientos

Los autores agradecen a los doctores Jason Verbeck, Auldon Francis y Patty McElroy su ayuda en el reclutamiento de pacientes y la recogida de muestras. Los autores también agradecen al Dr. Christopher Fields su ayuda en el análisis de los datos.


Por: Nicole L. Laia, Patrick C. Barko, Drew R. Sullivan, Maureen A. McMichael, David A. Williams, Jennifer M. Reinhart.


(2022) Análisis longitudinal del microbioma rectal en perros con diabetes mellitus tras el inicio del tratamiento con insulina. PLoS ONE 17(9): e0273792. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0273792 


Editor: Jasbir Singh Bedi, Universidad de Ciencias Veterinarias y Animales Guru Angad Dev, INDIA


Copyright: © 2022 Laia et al


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


PSICOLMASCOT


Contacto: psicolmascot@gmail.com


Copyright © Por: Erik Farina - Psicolmascot  


domingo, 4 de septiembre de 2022

Cómo empezar bien en el Adiestramiento Canino


 

Cómo empezar bien en el Adiestramiento Canino


Los Primeros Tanteos


Incluso si ya se ha tenido perro, conocer a uno nuevo no deja de ser toda una aventura. No hay dos perros iguales, y hasta dentro de una misma raza cada individuo tiene su propia personalidad y forma de comportarse que a veces, difieren enormemente.


Lo normal es que humanos y perros necesiten semanas e incluso meses para conocerse bien mutuamente y que cada uno sepa cómo el otro va a reaccionar. En cualquier caso, planificar los sucesivos pasos de nuestra relación con el perro puede evitar muchos conflictos y malentendidos.


Indudablemente, cualquiera de los dos puede llevarse alguna que otra mala sorpresa con respecto al otro durante las primeras semanas, pero un poco de previsión le puede ahorrar muchas lágrimas y dolores de cabeza en el futuro.


Recibirlo Bien, Paciencia y Comprensión


Si su nuevo perro es un cachorro, probablemente acabará de separarse de su madre y hermanitos para venirse con usted, y es lógico que ahora se sienta muy solo. Todo lo que le rodea es diferente y extraño para él. Incluso aunque en casa haya otro perro, éste olerá diferente y se comportará de forma distinta a como lo hacían los perros con los que hasta ese momento ha convivido.


Si su nuevo perro es adulto, y ya está acostumbrado al entorno doméstico, los objetos que le rodean no le parecerán tan extraños como a un cachorro, pero usted sigue siendo un completo desconocido para el perro.


En este momento, la calma y la coherencia son vitales para el perro nuevo, independientemente de su edad. Es posible que usted sienta el impulso de hacer movimientos bruscos, gritar o incluso correr hacia el perro si lo sorprende haciendo algo que considera inaceptable, pero evite hacerlo, más bien deténgase, espere y medite.


Su perro va a necesitar algún tiempo para conocerle y para entender las reglas que rigen en su hogar. Incluso tardará en reconocer sus diferentes tonos de su voz. Si no quiere asustar al nuevo perro o cachorro, tenga mucha paciencia. Lo primero de todo es evitar que se sienta atemorizado o incómodo.


Lenguaje Corporal del Perro


Los perros no pueden expresar con palabras que se sienten inseguros, desamparados y solos, ni redactar un escrito de protesta contra los olores, imágenes o ruidos que les resultan desagradables o perturban en el hogar. Sólo pueden expresar sus sentimientos y temores por medio de gestos corporales y faciales y ciertos sonidos.


Un cachorro que se asusta al encontrarse de pronto con un perro grande tal vez adopte la postura utilizada para expresar sumisión; acercará su cuerpo al suelo lo más posible, son las orejas hacia atrás y la cola metida entre las patas. También es posible que se orine o defeque a causa del miedo. ¿No querrá ser saludado de esta forma por su nuevo compañero de casa, verdad?.


Un perro adulto, por su parte, reaccionará mal si se siente intimidado en un lugar desconocido para el perro: si le sujeta o agarra para obligarlo a salir o para impedirle hacer algo, usted creerá no estar haciéndole nada malo, pero el animal se sentirá castigado y maltratado hasta el punto de que podría incluso utilizar sus garras o fauces para defenderse de usted.


Normas de Convivencia


Aunque evitando asustar o intimidar al nuevo perro, usted tiene que establecer algunas normas elementales desde el primer instante de convivencia. Si deja claras las reglas desde el principio y es coherente con ellas, ayudará al perro a sentirse seguro. Los perros, como los niños, necesitan aprender dónde están los límites.


Algunos perros intentan poner a prueba al propietario y sortearlos, mientras que otros las aceptan tranquilamente. Sean cuales sean las normas o limitaciones que usted imponga, recuerde siempre esto: si quiere que su perro las acate, déjelas claras desde el primer instante o será tarde después.


Es mucho más fácil imponer unas normas desde el principio que corregir una conducta indeseable una vez adquirida la costumbre. Aunque le parezca un poco exagerado redactar las reglas por escrito, será lo más sensato si su familia es numerosa y todos los miembros van a relacionarse con el perro, ya que de ese modo todos se comprometerán a tratar al perro exactamente de la misma forma.


El perro jamás podrá saber qué está bien y que está mal si unos le riñen y otros le premian por hacer la misma cosa. Si se sube al sofá y se acurruca junto a alguien, tal vez haya quien lo premie con mimos y caricias y quien lo mande al suelo con gritos y empujones. No se puede esperar que ningún perro entienda que cada miembro de la familia impone distintas normas.


Las Normas de Convivencia Familiar


-Si el perro salta sobre usted, girase y dale la espalda para que no vea su cara e ignóralo. Prémialo cada vez que salude sin saltar sobre la gente, siempre con las cuatro patas en el suelo.


-Nunca le dé porciones de alimento mientras está sentado en la mesa, o estará enseñándole a mendigar comida.


-No deje cosas por medio. Los cachorros se siente irresistiblemente atraídos por la ropa sucia, los juguetes infantiles y el papel.


-Utilice juguetes apropiados para jugar con el perro, nunca zapatos o zapatillas.


-Adiestre a su perro sin prisa pero sin pausa, varias veces al día y todos los días de la semana.


-Enseñe al perro a sentarse antes de recibir el alimento, la sesión de cepillado o las caricias y antes de salir de casa o del coche.


-Todos los miembros de la familia deben participar en su educación, alimentación, cepillado, salidas a hacer ejercicio, etc., e imponer la misma disciplina.


-Los perros se sientan en el suelo: los asientos son sólo para los humanos.


-Decida dónde va a dormir el cachorro y manténgase firmes a ese respecto.


-Si empieza a mordisquear algo de muebles o zapatos, debes distraerlo con un juguete que pueda morder, especificando que puede morder y que no puede morder.


Para una consulta o información puede llamar al número de teléfono; 674 41 52 33


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viernes, 2 de septiembre de 2022

Valores específicos de la raza para la puntuación cardíaca vertebral, el tamaño de la aurícula izquierda vertebral y la dimensión radiográfica de la aurícula izquierda, en relación con el síndrome obstructivo de las vías respiratorias braquicéfalo del Carlino


Valores específicos de la raza para la puntuación cardíaca vertebral (VHS), el tamaño de la aurícula izquierda vertebral (VLAS) y la dimensión radiográfica de la aurícula izquierda (RLAD) en Carlinos sin enfermedad cardíaca, y su relación con el síndrome obstructivo braquicéfalo de las vías respiratorias (BOAS)


Resumen


Este estudio prospectivo tiene como objetivo establecer rangos de referencia para la puntuación cardíaca vertebral (VHS), el tamaño de la aurícula izquierda vertebral (VLAS) y la dimensión radiográfica de la aurícula izquierda (RLAD) en carlinos. Se investigó el impacto de la gravedad clínica del síndrome obstructivo braquicéfalo de las vías respiratorias (BOAS), el sexo, la puntuación de la condición corporal y el peso corporal en el VHS, VLAS y RLAD. Se determinó la correlación intra e interobservador.  



Tabla 1. Datos demográficos de los 47 Carlinos incluidos en el estudio.


Fig. 1. Radiografía torácica lateral derecha de un Carlino macho de dos años. Las líneas verdes ilustran la medición de la puntuación cardíaca vertebral (VHS), revelando una VHS de 11,4v en este sujeto.

 

Fig. 2. Radiografía torácica lateral derecha del mismo Carlino macho de dos años de edad que en la Fig. 1, que muestra el método para determinar el tamaño de la aurícula izquierda vertebral (VLAS). En este caso, el VLAS resultó ser de 1,6v.



Fig. 3. Medición de la dimensión auricular izquierda (DAI) radiográfica en una radiografía torácica lateral derecha del mismo Carlino macho de dos años de edad que en las Figs. 1 y 2, siendo 1,3v en este sujeto.


Se inspeccionó la correlación de las puntuaciones radiográficas con la dimensión auricular izquierda ecocardiográfica. Además, para el VLAS y el RLAD, se examinó la correlación con el VHS. Además, se realizó una evaluación de las malformaciones torácicas y vertebrales. Cuarenta y siete Carlinos de propiedad privada se sometieron a un examen físico, una ecocardiografía y una radiografía torácica para determinar la salud cardíaca. Treinta y dos Carlinos fueron elegibles para establecer rangos de referencia para la SHV en las radiografías laterales derechas, que fue de 11,25 ± 0,62 (rango del 95%, 10,1-12,8).


Fig. 4. Evaluación de la elegibilidad.

  

Tabla 2. Datos demográficos de los 32 Carlinos incluidos en las mediciones radiográficas.


Se determinaron los rangos de referencia para el VHS en la radiografía lateral izquierda, y para el VLAS y el RLAD en la radiografía lateral derecha en 30 carlinos. El VHS en la radiografía lateral izquierda fue de 11,01 ± 0,70 (rango del 95%, 9,4-12,6), el VLAS fue de 1,96 ± 0,38 (rango del 95%, 1,1-2,8), y el RLAD fue de 1,59 ± 0,34 (rango del 95%, 0,7-2,4). La gravedad clínica del BOAS no mostró ningún impacto en las mediciones radiográficas. En el caso de la VLAS, todos los observadores detectaron una correlación significativa con la VHS.



Tabla 3. Media, mediana, SD, RI (intervalo de predicción del 95%) e IC del 90% para VHS, VLAS y RLAD.

Tabla 4. Coeficiente de correlación intraobservador (CCI) e IC del 95% para VHS RL, VLAS y RLAD.

Tabla 5. Coeficiente de correlación intraclase (CCI) entre observadores e IC del 95% para VHS RL, VHS LL, VLAS y RLAD.


Ninguna otra variable tuvo una influencia consistente en las puntuaciones radiográficas dadas por todos los observadores. La concordancia interobservador fue casi perfecta para el VHS (0,89 en la imagen lateral derecha y 0,91 en la lateral izquierda), moderada para el VLAS (0,49), y regular para el RLAD (0,22). Más de un tercio de toda la población del estudio (18 de 47 carlinos) mostraba al menos una anomalía en la cavidad torácica o en la columna vertebral, lo que a menudo provocaba cambios considerables en la forma y el tamaño del cuerpo vertebral.



Fig. 5. Radiografía torácica laterolateral derecha de un carlino hembra de cinco años que muestra vértebras torácicas de forma irregular y trapezoidal en toda la columna torácica (marcadas con asteriscos), lo que lleva a excluirlas de las mediciones radiográficas.


Fig. 6. Radiografía torácica laterolateral derecha de un carlino macho de cuatro años con cuerpos vertebrales mal formados de T4 a T8 (marcados con asteriscos), que influyen considerablemente en las puntuaciones vertebrales radiográficas.



Cita: Wiegel PS, Mach R, Nolte I, Freise F, Levicar C, Merhof K, et al. (2022) Valores específicos de la raza para el puntaje cardíaco vertebral (VHS), el tamaño de la aurícula izquierda vertebral (VLAS) y la dimensión radiográfica de la aurícula izquierda (RLAD) en carlinos sin enfermedad cardíaca, y su relación con el síndrome obstructivo de las vías respiratorias braquicéfalo (BOAS). PLoS ONE 17(9): e0274085.


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martes, 30 de agosto de 2022

Ya puedes saber donde está tu perro en casa y que está haciendo cuando tu no estás con PetTrack


 

Ya puedes saber donde está tu perro en casa y que está haciendo cuando tu no estás con PetTrack.


Las cámaras para las mascotas pueden ayudar, pero son necesarias muchas cámaras para poder tenerlas en todas las habitaciones y no informan realmente a los dueños de lo que ha hecho su perro sin revisar todas las grabaciones. Ahora, investigadores del Instituto Tecnológico de Georgia han creado un nuevo dispositivo llamado “PetTrack” que puede tranquilizar a los dueños de los perros.


PetTrack utiliza una combinación de sensores para proporcionar la localización exacta y en tiempo real de un perro dentro de casa. Los sensores inalámbricos de banda ultraancha (UWB) localizan a tu perro y los acelerómetros determinan si está sentado o en movimiento, independientemente de los objetos o las paredes que haya en el camino, lo que ofrece a los propietarios más detalles sobre lo que hace su perro que lo que puede ofrecer una cámara o un GPS. 


Todo ello se encuentra en un pequeño sensor que puede colocarse en un collar para que resulte mínimamente invasivo y que puede visualizarse a través de una aplicación de smartphone compatible. Lo que te hace conocer la ubicación de tu perro en el interior de tu casa y te ayuda a tratar de entender su actividad.





Cómo funciona PetTrack.


La innovadora combinación de sensores de PetTrack lo hace único en comparación con otros dispositivos de vigilancia de perros. La señal inalámbrica de radio UWB localiza el lugar en el que se encuentra tu perro en el hogar a una distancia de hasta 30 metros, mientras que el acelerómetro actúa como un sensor inercial que puede seguir la postura del perro. Esto significa que los dueños pueden saber si su perro está de pie, sentado o incluso tumbado.


A diferencia de lo que ocurre con las cámaras, los propietarios pueden saber en todo momento dónde está su perro porque la red UWB es accesible a través de las paredes, los muebles, las puertas o cualquier otra cosa tras la que pueda esconderse un perro. La red UWB es plug-and-play y no interfiere con el WiFi existente, pero debe conectarse a una red WiFi doméstica para que el propietario reciba las actualizaciones del smartphone. 


Los datos de localización ocupan mucho menos ancho de banda que las imágenes y no suponen una carga para el WiFi del propietario. Múltiples sensores UWB y un módulo central de recogida de datos de anclaje ayudan a determinar la ubicación a través de la multilateración, o las mediciones de distancia individuales de diferentes anclajes, manteniéndola precisa.


Esto podría tranquilizar a los propietarios preocupados por la entrada de de su perro a las habitaciones que tiene prohibido entrar o reconfortar a los propietarios preocupados por sus animales enfermos o ancianos.





Privacidad de PetTrack.


La privacidad es otra de las principales ventajas de PetTrack. Al igual que un router, PetTrack tiene al menos un dispositivo de anclaje central en la casa o el patio trasero, lo que lo hace menos invasivo que una cámara en cada habitación. Además, no ocupa toda la habitación porque el dispositivo es lo suficientemente pequeño como para esconderse detrás de la pantalla de una lámpara. 


Un conjunto de dispositivos de anclaje puede rastrear hasta cuatro perros con actualizaciones cada segundo. PetTrack funciona incluso cuando sólo se puede acceder a unos pocos dispositivos de anclaje, aunque con menor precisión de localización.


El enfoque local de PetTrack también lo hace más seguro. Mientras que los hackers pueden apoderarse de las cámaras y comprometer la privacidad de los propietarios, la red de PetTrack sólo funciona en la zona en la que se encuentra. Esto significa que no tiene las mismas vulnerabilidades que las cámaras, como permitir a un hacker vigilar a los propietarios o localizar objetos caros o de valor en la casa.





Posibilidades futuras de PetTrack.


En la actualidad, PetTrack está diseñado sólo para controlar la ubicación y posición de un animal, pero tiene mucho potencial. Las guarderías caninas podrían utilizar esta tecnología para que los propietarios sepan cómo está su perro fuera de casa. También podría convertirse en una herramienta de adiestramiento en la que un timbre podría sonar si una mascota estuviera en una zona en la que no debería estar.


PetTrack no sólo podría ser el futuro de la tecnología de vigilancia de los perros u otras mascotas como los gatos, sino que podría proporcionar una forma totalmente nueva de que los propietarios se conecten con sus perros o gatos.


La idea es conectar mejor con tu mascota, utilizando PetTrack. Se podrían detectar los cambios de comportamiento de tu perro e interactuar con el mediante juguetes robóticos con conocimiento de su ubicación.


Instituto Tecnológico de Georgia. "PetTrack permite a los dueños saber exactamente dónde está su perro". Science Daily. Science Daily, 30 de agosto de 2022.


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miércoles, 24 de agosto de 2022

Correr con tu perro le ayuda a tener su peso corporal ideal


 

Correr con tu perro le ayuda a tener su peso corporal ideal.


Un nuevo estudio internacional demuestra que los propietarios de perros que pasan más tiempo haciendo ejercicio ellos mismos tienden a ejercitar más a sus perros, y los propietarios más activos también son más propensos a percibir que el peso corporal de su perro es ideal.


La obesidad en los perros se está convirtiendo en una preocupación cada vez más frecuente entre los veterinarios y profesionales de los animales de compañía. Las estimaciones de sobrepeso y obesidad en la población canina mundial oscilan entre el 34 % y el 41%. Los perros con sobrepeso u obesidad corren un mayor riesgo de desarrollar varias enfermedades, entre las que se incluyen: enfermedades ortopédicas, cutáneas, respiratorias, cardíacas y renales, diabetes mellitus y una menor esperanza de vida.


La obesidad es una enfermedad multifactorial. Hay muchos factores de riesgo asociados a la obesidad canina. Algunas razas tienden a estar predispuestas a padecer sobrepeso u obesidad, como el Cocker Spaniel, el Labrador Retriever y el Beagle. Además, la gonadectomía también puede aumentar el riesgo de obesidad en los perros. Sin embargo, la principal causa de la obesidad es un balance energético positivo, provocado en su mayor parte por una ingesta excesiva de energía, debido a la sobrealimentación y/o a la falta de ejercicio, ambas cosas prevenibles.


Aunque existen muchas directrices para los propietarios sobre cómo alimentar a sus perros, incluso en el reverso de las etiquetas de los alimentos para mascotas, hay pocos recursos respaldados por pruebas científicas sobre cómo ejercitar a su perro, lo que hace más difícil para un propietario saber cuánto ejercicio es suficiente para su perro. Lo recomendable es un mínimo de 30 minutos de ejercicio al día. Para ejercitar a un perro obeso empezando con un paseo de 5 minutos, tres veces al día y aumentando gradualmente hasta un total de 30-45 minutos de paseo al día, pero esto puede depender del tamaño, la edad y el estado de salud del perro.


Los regímenes dietéticos y de ejercicio de los animales de compañía están totalmente determinados por sus dueños, que pueden estar estrechamente relacionados con su propia rutina dietética y de ejercicio. Por lo tanto, entender cómo influyen las diferentes prácticas alimentarias y de comportamiento de los propietarios en el peso corporal de un perro puede aportar información sobre cómo tratar mejor la obesidad canina.


Se ha demostrado que una serie de variables sociodemográficas, dietéticas y relacionadas con el ejercicio predicen el peso corporal de un perro; sin embargo, todas las encuestas anteriores diseñadas para abordar estas variables se han centrado en una sola zona del mundo a la vez. 

 




El objetivo de este estudio era investigar cómo influye la rutina de ejercicio de un propietario en la rutina de ejercicio de su perro y qué hábitos dietéticos y de ejercicio del propietario influyen en su percepción del peso corporal de su perro.


En el estudio participaron propietarios de perros de Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá y Estados Unidos. La encuesta se distribuyó por internet a través de Qualtrics (Qualtrics XM, Utah, EE.UU.) y se recogieron un total de 3.298 respuestas, distribuidas por igual entre países y entre sexos. La comparación de las proporciones de las columnas y la regresión logística multinomial se realizaron en SPSS Statistics (versión 26, IBM Corp, North Castle, Nueva York, EE.UU.).


Los encuestados de Alemania eran más propensos a ejercitar a su perro durante más tiempo, a calificar la importancia del ejercicio como extremadamente importante, a declarar que su perro tiene un peso corporal ideal y eran menos propensos a declarar que alguien (incluido un veterinario) les había dicho que su perro tenía sobrepeso.


Los resultados de la regresión lineal revelaron que aquellos a los que se les había dicho que su perro tenía sobrepeso, los que restringen la ingesta de alimentos de su perro para controlar el peso, los que seleccionan una dieta de control de peso y los que dan a su perro más alimentos de otro tipo (golosinas, restos de comida humana, frutas/verduras) a diario eran menos propensos a creer que su perro tiene un peso corporal ideal.


Por el contrario, sólo los que declararon hacer ellos mismos más ejercicio vigoroso o los que declararon que su perro hace ejercicio vigoroso eran más propensos a creer que su perro tiene un peso corporal ideal.


Los resultados de este estudio internacional revelaron que las prácticas de alimentación desempeñan un papel principal en la percepción del propietario de que su perro tiene sobrepeso, mientras que las prácticas de ejercicio desempeñan un papel principal en la percepción del propietario de que su perro tiene un peso ideal. Aunque muchas estrategias de pérdida de peso para perros se centran en la alimentación, estos datos ponen de manifiesto la necesidad de incorporar el ejercicio a los regímenes de pérdida de peso.



FOTO 1


Los datos de frecuencia que figuran en las fotos se refieren a todos los países juntos. De las cuatro preguntas utilizadas para evaluar el régimen de ejercicio de los seres humanos, la mayoría de los encuestados declaró hacer ejercicio vigoroso (69,0%) o moderado (75,2%) durante más de 15 minutos al menos un día a la semana. La respuesta más común fue 1-2 días a la semana tanto para el ejercicio vigoroso (20,6%) como para el moderado (24,6%). Del mismo modo, la mayoría de los encuestados declararon que caminaban (92,2%) o se sentaban (97,2%) durante más de 15 minutos al menos un día a la semana.


Sin embargo, la respuesta más común fue más de 5 días por semana tanto para caminar (39,6%) como para sentarse (64,5%). Los encuestados que declararon no realizar más de 15 minutos de ejercicio vigoroso en una semana regular eran menos propensos a declarar que su perro realiza ejercicio vigoroso en comparación con los que declararon realizar ejercicio vigoroso al menos un día a la semana o más (Foto 1).  



FOTO 2


Sin embargo, no hubo diferencias en el porcentaje de perros que realizan ejercicio vigoroso entre los propietarios que hacen ejercicio vigoroso durante 2-3, 3-4, 4-5 o más de 5 días a la semana. Los resultados sugieren un patrón similar, aunque no demasiado fuerte, entre los que declararon hacer ejercicio físico moderado y la cantidad de tiempo que su perro pasa haciendo ejercicio (Foto 2).


En general, los perros que recibieron menos ejercicio (0-15 y 15-30 minutos) tenían propietarios que eran más propensos a informar de que pasaban menos tiempo realizando ejercicio moderado ellos mismos. Por el contrario, los perros que hacían más ejercicio (30-60, 60-90 y más de 90 minutos) tenían propietarios que probablemente informaban de que pasaban más tiempo haciendo ejercicio moderado ellos mismos (Foto 2).



FOTO 3


En cuanto a la actividad física de los perros, la cantidad de tiempo de ejercicio más común era de 30-60 minutos al día (35,0%), seguida de 15-30 minutos (26,1%), 60-90 minutos (16,5%), más de 90 minutos (13,2%) y 0-15 minutos (9,2%). Cuando se analiza esta variable entre países, se observan algunas diferencias (Foto 3). Los encuestados de Francia (11,8 y 35,7%), EE.UU. (17,2 y 35,8%) y Canadá (12,5 y 30,4%) eran más propensos a ejercitar a su perro durante un tiempo más corto (0-15 y 15-30 minutos, respectivamente) en comparación con el Reino Unido (4,0 y 18,7%) y Alemania (0,6 y 9,8%).


Los encuestados de Alemania eran más propensos a ejercitar a su perro durante más tiempo (27,0% durante 60-90 minutos y 32% durante más de 90 minutos) en comparación con los demás países (Foto 3). La respuesta más común seleccionada entre los encuestados alemanes fue más de 90 minutos de ejercicio al día y los de Alemania (53,2%) eran más propensos a calificar la importancia del ejercicio como 10 (extremadamente importante) en comparación con todos los demás países (Reino Unido: 45,0%, Estados Unidos: 38,1%, Canadá: 32,4% y Francia: 19,7%.


El tipo de ejercicio más común para los perros era el paseo (89,3%), seguido de jugar a la pelota (45,1%), correr (43,3%), pasear sin correa (37,3%), ir de excursión (14,8%), el parque para perros (12,3%), nadar (7,8%) y el agility (4,9%).


La mayoría (65,8%) de los encuestados declaró hacer ejercicio moderado con su perro con regularidad. De los que respondieron "sí", el 48,5% declaró hacerlo durante 30-60 minutos al día, el 38,9% declaró hacerlo durante 0-30 minutos al día y el 12,5% declaró hacerlo durante más de 60 minutos al día. Cuando se les preguntó cómo había cambiado su régimen de ejercicio después de tener un perro, la mayoría (71%) de los encuestados asignó una puntuación de 6-10, más activo, el 26,8% de los encuestados asignó una puntuación de 5, ningún cambio, y el 2,2% asignó una puntuación de 0-4, menos activo.



FOTO 4


El Peso Corporal


Cuando se les preguntó por el peso corporal de su perro, sólo el 13,3% de los encuestados declaró que no creía que su perro tuviera un peso corporal ideal y, del mismo modo, el 13,6% de los encuestados declaró que alguien, incluido un veterinario, les había dicho que su perro tenía sobrepeso. Los que declararon que alguien les había dicho que su perro tenía sobrepeso eran más propensos a declarar que restringían la ingesta de alimentos de su perro para controlar el peso y que le daban a su perro dos o más alimentos (golosinas, restos de mesa, frutas y verduras u otros) a diario. Al comparar los países, los encuestados de Alemania (91,3%) eran más propensos a creer que su perro tiene un peso corporal ideal en comparación con los de Francia (85,5%), Canadá (84,6%) y EE.UU. (83,7%; Fig. 4). Del mismo modo, los encuestados de Alemania (9,5%) eran menos propensos a decir que alguien les había dicho que su perro tenía sobrepeso en comparación con los de Canadá (16,0%) y EE.UU. (15,4%; Foto 4).



FOTO 5


Al comparar la influencia de que otra persona (incluido un veterinario) le diga que su perro tiene sobrepeso y la cantidad de tiempo que dedica a hacer ejercicio, surge un patrón. Es decir, aquellos a los que se les ha dicho que su perro tiene sobrepeso son más propensos a pasar sólo de 0 a 15 minutos haciendo ejercicio y menos a pasar más de 90 minutos haciendo ejercicio con su perro en comparación con aquellos a los que no se les ha dicho que su perro tiene sobrepeso (Foto 5). Del mismo modo, entre los que seleccionaron una dieta de control de peso para su perro, no hubo diferencias en la cantidad de ejercicio que recibe su perro y entre los que restringen la ingesta de alimentos de su perro para controlar el peso, sólo se seleccionaron con más frecuencia 30-60 minutos de ejercicio en comparación con 0-15, 15-30 y más de 90 minutos de ejercicio para su perro (Foto 6).



FOTO 6


En conclusión, los resultados de esta encuesta ponen de manifiesto la necesidad de incorporar estrategias de ejercicio en los programas de pérdida de peso para perros y de animar a los propietarios de perros a que los ejerciten como medida preventiva para evitar el aumento de peso. 


Para ello, se necesitan más recursos para que los veterinarios ayuden a implementar regímenes de ejercicio en sus pacientes. Los propietarios que pasan más tiempo haciendo ejercicio son más propensos a ejercitar más a su perro y, a su vez, creen que su perro tiene un peso corporal ideal. 


Por lo tanto, las actitudes de los propietarios hacia el ejercicio en su propia vida pueden trasladarse a sus actitudes hacia la importancia del ejercicio en términos de la salud general de su perro, lo que pone de relieve la importancia de un enfoque "One Health" para los hábitos de ejercicio del propietario y del perro y la pérdida de peso. Fuente: Revista Plos.


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Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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