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martes, 8 de febrero de 2022

El Perro, el Bebé, el Niño y el Adolescente


 


El Perro, el Bebé, el Niño y el Adolescente


En la actualidad ya no hay por qué insistir en las razones que pueden justificar la presencia junto a los niños de un animal, en particular el perro. En todo caso, frente a las ventajas que ello representa siempre se podrá alegar el peligro de accidente con sus dramáticas secuelas. Y como la reputación del perro puede quedar entre dicho, resulta imposible tratar las relaciones entre el niño y el perro sin abordar el problema de los accidentes.


Todo Empieza Por La Comunicación


En realidad, entre el niño y el perro todo se reduce a una cuestión de comunicación, pues es en la comunicación lo que permite establecer la relación entre el niño y el perro, y una parte esencial de esa relación está constituida por lazos afectivos. Por otra parte, está claro que el desarrollo del lenguaje en el niño condiciona la existencia de diferentes períodos en esa relación.


La Primera Infancia


Cuando el Bebé llega al hogar, el perro no lo considera como un miembro del grupo. El perro experimenta la presencia del niño fundamentalmente en función del hecho de que las actividades de la familia se centran ahora en el recién llegado. A los padres corresponde integrar rápidamente el Bebé o preparar su integración en el grupo, haciendo participar al perro en los cuidados que se prodigan al Bebé.






La relación Perro-Bebé aparecerá progresivamente en su profundidad efectiva cuando el niño empiece a explorar su entorno y a comunicar sus emociones. Durante dicho período se producen los primeros contactos físicos y entonces es cuando los padres deben velar por que no se produzcan accidentes, siempre graves, sobre todo cuando el Bebé anda a cuatro patas. En efecto, las relaciones que el perro pueda entablar con el Bebé, cuyo comportamiento le sorprende, no tiene nada que ver con las que mantiene con sus dueños adultos. Mientras el Bebé no aprenda a comunicar con el perro y a decodificar sus mensajes, su incapacidad para inhibir sus movimientos pondrá al perro en una situación de miedo y , por lo tanto, en peligro de provocar una reacción incontrolada del tipo “Reacción Crítica”.



Aquí es cuando interviene la buena socialización y la “Participación” precoz del perro en las actividades del grupo relacionadas con el Bebé para prevenir cualquier peligro. Pues para un perro bien equilibrado, el Bebé y después el niño pequeño, son inhibidores de la agresividad, como antes lo fueron los cachorros. Así, que hay perros difíciles con los adultos que soportan sin inmutarse las trastadas de un niño; éste es el resultado normal de una socialización bien llevada y de un contacto bien establecido.



El nuevo Bebé tiene ciertamente gestos torpes y sus manifestaciones vocales suelen ser ruidosas y desconcertantes, pero si el perro se ha familiarizado con él y se han establecido rituales que permiten una comunicación eficaz, pronto se creará una relación afectiva muy intensa. Las mímicas y las posturas del Bebé y después del niño pequeño serán decodificadas por el perro igual que lo serán las series de ruidos tan expresivos que acompañan a ciertas emociones.





Esta comunicación desprovista de toda ambigüedad será más eficaz que la existente entre el perro y los adultos, en la medida en que a éstos les resulta muy difícil expresar sus reacciones afectivas a través de canales no verbales, ya que la educación que han recibido privilegia el verbal al que, precisamente, el perro no tiene acceso.


Evitar Los Accidentes


Está claro que muchas mordeduras se producen cuando el niño tiene entre ocho meses y dos años; en esta edad , el accidente sólo se puede evitar con una actuación preventiva. Los accidentes se producen a menudo cuando el niño, aunque se le tenga apartado, localiza el perro y lo sigue dando pequeños gritos de excitación y de alegría por todos los rincones donde aquel se esconde. La mordedura será tanto más importante cuanto más acosado y miedoso se sienta el perro.



A este período bastante delicado le sigue otro más tranquilo para todos los familiares (tanto los que han querido integrar al Bebé en el universo del perro como los que no lo han hecho) una vez que el niño, y el perro han anudado un lazo gracias al cual el primero está en situación de poder debido a la permisividad con que lo trata el perro. Entonces es cuando los padres deben limitar los excesos a que podría dar lugar la pasividad del perro.





Cuando el Niño se Hace Adolescente


Las dificultades aparecerán de nuevo durante la pubertad cuando el niño abandone su condición de tal y adquiera una autonomía total.


El perro se da cuenta del paso a la adolescencia gracias a las sustancias volátiles (las feromonas sexuales) que el joven emite. Al mismo tiempo, el adolescente intenta convertirse en un individuo socialmente activo para desprenderse de su estatuto de inactivo y sus primeros actos de autoridad serán a costa del perro. 


Lo que esto generará conflictos. Pues ya no será posible que no se plantee ningún problema de prerrogativas como cuando el niño era para el perro un ser jerárquicamente aparte. El perro gruñirá y enseñará los dientes como muestra de malestar, y el joven quizá sufra por ello.


Para más información, o una consulta de un problema o ayudarle en el proceso de la introducción de un Bebé en un hogar con un perro, o un perro en un hogar con niños, puede escribirnos al correo; psicolmascot@gmail.com


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


PSICOLMASCOT


Contacto: psicolmascot@gmail.com


Copyright © Por: Erik Farina - Psicolmascot  

domingo, 9 de febrero de 2020

Etología canina; Ciclo Vital del Perro, Infancia, Adolescencia y Vejez.

Erik Farina 1994

Desde el día en que nace un cachorro se empiezan a notar cambios visibles. Crecen y evolucionan a una increíble velocidad, y es fascinante comprobar en apenas 12 meses pasan de ser las criaturas desvalidas de los primeros días a esos intrépidos jovencitos que nos cautivan sin cesar con sus diabluras. Cada día aprenden mil cosas nuevas; jugar, comunicarse, comprender el mundo que les rodea, etc..

El Recién Nacido

Los perros nacen sin poder oír y sin poder ver. Aunque están cubiertos de pelo, necesitan estar en contacto con la madre para mantenerse calientes y protegidos. En los primeros días, el principal órgano sensorial es el del olfato, lo que puede observarse fácilmente contemplando un cachorro recién nacido; su trufa y su morro son desproporcionadamente grandes en relación con el resto del cuerpo.

Desde el principio son capaces de moverse, regresando a la camada si se les aísla del grupo, y también de chillar para avisar a la madre de donde esta situado cuando tiene hambre.

Los cachorros recién nacidos no pueden orinar ni defecar por sí solos, ni tampoco regular su temperatura corporal, y dependen por completo de su madre, que con vigorosos lametones provoca la micción y la deposición; también con su propio cuerpo les proporciona el calor necesario.

Los perros nacen ya capacitados para hacer muchas cosas: los nervios craneales están ya totalmente desarrollados, y eso les permite mamar, tener sensibilidad en el morro, mantenerse en una posición e incluso enderezarse instintivamente. Se trata de un reflejo natural que se produce cada vez que se caen o se les da la vuelta, y consiste en ponerse de nuevo en una posición normal. Si se agarra por la holgada piel de la nuca a un cachorro recién nacido, éste encogerá de forma característica las patas y se mantendrá totalmente inmóvil.

Pero sólo hará esta acción de quedarse inmóvil durante los primeros cuatro o cinco días, después estirará las cuatro patas, poniéndose tieso y separándolas entre sí. Los cachorros con menos de una semana, no pueden ver ni oír bien todavía, pero reaccionan ante los ruidos fuertes. También producen los chillidos fuertes, chillando y gimoteando si se sienten abandonados con el fin de atraer a la madre.

De la 1ª a la 3ª Semana de Vida

En cuanto se abren sus orejitas, los cachorros comienzan a reaccionar ante los sonidos, y aunque no pueden ver con claridad hasta que cumplen más o menos cuatro semanas, intentan ya seguir con los ojos la luz y el movimiento de los objetos.

Los cachorros suelen empezar a moverse con cierta soltura a las tres semanas de edad más o menos, caminando en vez de arrastrarse, y alternan breves períodos de actividad con prolongados períodos durante los cuales duermen profundamente.

De la 3ª a la 6ª Semana de Vida

Con cinco semanas, los cachorros pueden ya oír, ver y olfatear como perros adultos, aunque sólo logran concentrar su atención durante lapsos muy cortos. El destete se inicia normalmente a las tres semanas más o menos, momento en que la secreción láctea empieza a decrecer y la madre a rechazar progresivamente a los cachorros que intentan mamar.

El destete se prolonga normalmente hasta la quinta o sexta semana, y es para los cachorros la primera y más importante lección de convivencia social de su vida, ya que los enseña a soportar la frustración que conlleva el que su madre les niegue el pecho cuando ellos sienten que lo necesitan.

También aprenden mucho jugando con sus hermanos y con la propia madre, pues esto les permite adquirir conciencia de que son perros. Muchas posturas utilizadas en el juego y gestos faciales son adquiridos precisamente en esta época de su vida.

De la 6ª a la 12ª Semana de Vida

En esta época de su vida, resulta muy esencial la intervención humana. La socialización (proceso durante el cual el cachorro aprende a comportarse con los humanos y con otros perros) debe tener lugar a esta edad. Acostumbrarlo, o exponerlo de forma gradual a todos los elementos y cambios que se producen habitualmente en el entorno resulta esencial también.

Un cachorro debidamente socializado y familiarizado con el entorno se convierte en un adulto seguro de si mismo, feliz, equilibrado y obediente sean cuales sean las circunstancias o los lugares a que deba enfrentarse en el futuro.

A partir de este momento, los cachorros empiezan a recabar enormes cantidades de información sobre el mundo que los rodea. Ya se mueven con soltura, coordinando perfectamente sus movimientos, y pueden tanto correr como saltar y revolcarse. Es ahora cuando más necesitan del juego con sus hermanos y con los humanos para aprender normas de conducta social, y cuando clavan sin cesar sus dientes punzante como alfileres para averiguar qué elementos del mundo que los rodea son seres vivos y cuáles meros objetos inanimados.

Normalmente, después de la séptima semana el cachorro ya está completamente destetado y es capaz de ingerir por sí mismo todo el alimento sólido que necesita para satisfacer sus necesidades nutricionales. Con ocho semanas está preparado para separarse de su madre y de sus hermanos de camada, aunque muchos permanecen junto a la madre hasta que cumplen las diez o doce semanas de vida.

Entre Los 3 y Los 6 Meses de Vida

EN esta época, el perro adquiere gran masa muscular y ósea, preparándose para la pubertad. Entre la 18 y la 20 semana de vida, más o menos, se le caen los dientes de leche y aparece la dentición permanente. Este proceso marca definitivamente el final de la infancia propiamente el final de la infancia propiamente dicha.

El perro experimenta sin cesar diferentes conductas sociales, y tal vez incluso empiece a ensayar comportamientos sexuales, intentando montar cojines, otros animales o a los seres humanos. Puede también entablar juegos competitivos (de fuerza, posesión, etc..) destinados a averiguar cuál es el perro dominante. Por medio del juego aprende a comunicar sus sentimientos y también a asumir y averiguar su propio estatus social.

A esta edad es bastante habitual que los cachorros empiecen a mostrarse extrañamente miedosos, expresando temor ante objetos o personas con los que ya estaban familiarizados. En estas circunstancias, de la reacción del propietario dependerá que esa aprensión se venza o se perpetúe. Obligarle a enfrentarse a lo que teme por la fuerza puede provocar que siga temiéndolo de por vida.


Entre los 6 y los 12 Meses de Vida

Estos meses representan la adolescencia del perro. A esta edad las hembras tienen su primer celo y los machos alcanzan la madurez sexual. Puede ser una época de tanteo entre el perro y su propietario, ya que las relaciones sociales tal vez se replanteen por completo. Algunas hembras parecen sufrir cambios repentinos de humor antes, durante o después del celo, y tal vez se muestren reacias a permitir que otros perros se les acerquen.

Los machos suelen empezar a levantar la pata para orinar entre los 6 y los 12 meses de su vida. Lo hacen para delimitar su territorio y para enviar a los otros perros información cifrada en en señales olfativas sobre su situación social y sexual. Sus encuentros con otros perros pueden empezar a estar presididos por sentimientos de rivalidad, aunque no se suele llegar a la agresión física, y con frecuencia pretenderán montar a las hembras o a los otros machos intentando convertirse en el macho dominante.

Los dientes de adulto aparecen entre los 6 y los 10 meses de edad, y es posible que el perro sienta un deseo irresistible de mordisquear, intentando aliviar así la tensión en sus encías. Es conveniente proporcionarle abundantes juguetes y mordedores para evitar que rompa cualquier otra cosa.

Entre 1 año y los 4 años

Aunque suelen alcanzar la madurez sexual entre los 6 y los 14 meses, los perros pueden continuar creciendo y desarrollándose psicológicamente durante durante mucho más tiempo. Los perros miniatura tienden a madurar más deprisa que los grandes, y sobre todo si se trata de razas gigantes como el Dogo Aleman y el Mastín del Pirineo, que a veces no pueden considerarse propiamente perros adultos hasta los 3 años de edad.


La madurez psicológica, por su parte, tarda a veces mucho en alcanzarse por completo. Los propietarios de razas tan exuberantes como el Boxer, por ejemplo, se preguntan con frecuencia si su perro no piensa hacerse mayor nunca. En esta época, los perros siguen aprendiendo y estableciendo roles tanto en el entorno familiar como en sus relaciones con otros perros.

El Perro Anciano

Anciano es un termino bastante relativo en los perros, ya que la vejez depende en gran medida de la raza, de su estado de salud, su forma física y de la actitud de su propietario. Para un perro activo, sano y en forma, envejecer puede significar simplemente ir relentizando poco a poco su ritmo de vida.

Muchos perros viejos disfrutan todavía de los paseos, jugando con sus amos y relacionándose con los miembros de la familia. Tal vez duerman más horas y más profundamente que antes, y también es posible que necesiten salir más a menudo, ya que los riñones, junto con el hígado, son los primeros en resentirse a causa de la edad. Además de esto último, la pérdida de peso puede ser el primer síntoma de un problema renal o hepático, por lo que conviene estar alerta.

Entre las molestias asociadas a la vejez destacan la artritis y la pérdida de flexibilidad en las articulaciones y la espina dorsal. El sobre peso agrava individualmente cualquier problema geriátrico, por lo que es fundamental prevenirlo.

Algunos perros desarrollan una dependencia patológica con respecto a sus dueños al llegar a la tercera edad; aúllan o lloriquean cuando los dejan solos y se desazonan enormemente cuando no están en contacto con la familia. Esto puede ser síntoma de una degeneración generalizada o simplemente de sordera progresiva, y debe ser revisado por el veterinario.


Los perros a veces padecen un trastorno que podríamos denominar demencia senil, caracterizado por la progresiva desorientación y pérdida de memoria. Actualmente existen medicamentos capaces de aliviar estos síntomas, y no es mala idea consultar al veterinario, que tal vez pueda recetar a su perro algún medicamento que contribuya a hacer los últimos años de su vida tan dulces como merece.


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

Copyright © Por: Erik Farina - Psicolmascot

viernes, 22 de noviembre de 2019

Etología Canina - Ciclo Vital del Perro

Erik Farina 1994
Ciclo Vital del Perro, Infancia, Adolescencia y Vejez

Desde el día en que nace un cachorro se empiezan a notar cambios visibles. Crecen y evolucionan a una increíble velocidad, y es fascinante comprobar en apenas 12 meses pasan de ser las criaturas desvalidas de los primeros días a esos intrépidos jovencitos que nos cautivan sin cesar con sus diabluras. Cada día aprenden mil cosas nuevas; jugar, comunicarse, comprender el mundo que les rodea, etc..

El Recién Nacido

Los perros nacen sin poder oír y sin poder ver. Aunque están cubiertos de pelo, necesitan estar en contacto con la madre para mantenerse calientes y protegidos. En los primeros días, el principal órgano sensorial es el del olfato, lo que puede observarse fácilmente contemplando un cachorro recién nacido; su trufa y su morro son desproporcionadamente grandes en relación con el resto del cuerpo.

Desde el principio son capaces de moverse, regresando a la camada si se les aísla del grupo, y también de chillar para avisar a la madre de donde esta situado cuando tiene hambre.

Los cachorros recién nacidos no pueden orinar ni defecar por sí solos, ni tampoco regular su temperatura corporal, y dependen por completo de su madre, que con vigorosos lametones provoca la micción y la deposición; también con su propio cuerpo les proporciona el calor necesario.

Los perros nacen ya capacitados para hacer muchas cosas: los nervios craneales están ya totalmente desarrollados, y eso les permite mamar, tener sensibilidad en el morro, mantenerse en una posición e incluso enderezarse instintivamente. Se trata de un reflejo natural que se produce cada vez que se caen o se les da la vuelta, y consiste en ponerse de nuevo en una posición normal. Si se agarra por la holgada piel de la nuca a un cachorro recién nacido, éste encogerá de forma característica las patas y se mantendrá totalmente inmóvil.

Pero sólo hará esta acción de quedarse inmóvil durante los primeros cuatro o cinco días, después estirará las cuatro patas, poniéndose tieso y separándolas entre sí. Los cachorros con menos de una semana, no pueden ver ni oír bien todavía, pero reaccionan ante los ruidos fuertes. También producen los chillidos fuertes, chillando y gimoteando si se sienten abandonados con el fin de atraer a la madre.

De la 1ª a la 3ª Semana de Vida

En cuanto se abren sus orejitas, los cachorros comienzan a reaccionar ante los sonidos, y aunque no pueden ver con claridad hasta que cumplen más o menos cuatro semanas, intentan ya seguir con los ojos la luz y el movimiento de los objetos.

Los cachorros suelen empezar a moverse con cierta soltura a las tres semanas de edad más o menos, caminando en vez de arrastrarse, y alternan breves períodos de actividad con prolongados períodos durante los cuales duermen profundamente.

De la 3ª a la 6ª Semana de Vida

Con cinco semanas, los cachorros pueden ya oír, ver y olfatear como perros adultos, aunque sólo logran concentrar su atención durante lapsos muy cortos. El destete se inicia normalmente a las tres semanas más o menos, momento en que la secreción láctea empieza a decrecer y la madre a rechazar progresivamente a los cachorros que intentan mamar.

El destete se prolonga normalmente hasta la quinta o sexta semana, y es para los cachorros la primera y más importante lección de convivencia social de su vida, ya que los enseña a soportar la frustración que conlleva el que su madre les niegue el pecho cuando ellos sienten que lo necesitan.

También aprenden mucho jugando con sus hermanos y con la propia madre, pues esto les permite adquirir conciencia de que son perros. Muchas posturas utilizadas en el juego y gestos faciales son adquiridos precisamente en esta época de su vida.

Erik Farina 1994
De la 6ª a la 12ª Semana de Vida

En esta época de su vida, resulta muy esencial la intervención humana. La socialización (proceso durante el cual el cachorro aprende a comportarse con los humanos y con otros perros) debe tener lugar a esta edad. Acostumbrarlo, o exponerlo de forma gradual a todos los elementos y cambios que se producen habitualmente en el entorno resulta esencial también.

Un cachorro debidamente socializado y familiarizado con el entorno se convierte en un adulto seguro de si mismo, feliz, equilibrado y obediente sean cuales sean las circunstancias o los lugares a que deba enfrentarse en el futuro.

A partir de este momento, los cachorros empiezan a recabar enormes cantidades de información sobre el mundo que los rodea. Ya se mueven con soltura, coordinando perfectamente sus movimientos, y pueden tanto correr como saltar y revolcarse. Es ahora cuando más necesitan del juego con sus hermanos y con los humanos para aprender normas de conducta social, y cuando clavan sin cesar sus dientes punzante como alfileres para averiguar qué elementos del mundo que los rodea son seres vivos y cuáles meros objetos inanimados.

Normalmente, después de la séptima semana el cachorro ya está completamente destetado y es capaz de ingerir por sí mismo todo el alimento sólido que necesita para satisfacer sus necesidades nutricionales. Con ocho semanas está preparado para separarse de su madre y de sus hermanos de camada, aunque muchos permanecen junto a la madre hasta que cumplen las diez o doce semanas de vida.

Entre Los 3 y Los 6 Meses de Vida

EN esta época, el perro adquiere gran masa muscular y ósea, preparándose para la pubertad. Entre la 18 y la 20 semana de vida, más o menos, se le caen los dientes de leche y aparece la dentición permanente. Este proceso marca definitivamente el final de la infancia propiamente el final de la infancia propiamente dicha.

El perro experimenta sin cesar diferentes conductas sociales, y tal vez incluso empiece a ensayar comportamientos sexuales, intentando montar cojines, otros animales o a los seres humanos. Puede también entablar juegos competitivos (de fuerza, posesión, etc..) destinados a averiguar cuál es el perro dominante. Por medio del juego aprende a comunicar sus sentimientos y también a asumir y averiguar su propio estatus social.

A esta edad es bastante habitual que los cachorros empiecen a mostrarse extrañamente miedosos, expresando temor ante objetos o personas con los que ya estaban familiarizados. En estas circunstancias, de la reacción del propietario dependerá que esa aprensión se venza o se perpetúe. Obligarle a enfrentarse a lo que teme por la fuerza puede provocar que siga temiéndolo de por vida.

Erik Farina 2012
Entre los 6 y los 12 Meses de Vida

Estos meses representan la adolescencia del perro. A esta edad las hembras tienen su primer celo y los machos alcanzan la madurez sexual. Puede ser una época de tanteo entre el perro y su propietario, ya que las relaciones sociales tal vez se replanteen por completo. Algunas hembras parecen sufrir cambios repentinos de humor antes, durante o después del celo, y tal vez se muestren reacias a permitir que otros perros se les acerquen.

Los machos suelen empezar a levantar la pata para orinar entre los 6 y los 12 meses de su vida. Lo hacen para delimitar su territorio y para enviar a los otros perros información cifrada en en señales olfativas sobre su situación social y sexual. Sus encuentros con otros perros pueden empezar a estar presididos por sentimientos de rivalidad, aunque no se suele llegar a la agresión física, y con frecuencia pretenderán montar a las hembras o a los otros machos intentando convertirse en el macho dominante.

Los dientes de adulto aparecen entre los 6 y los 10 meses de edad, y es posible que el perro sienta un deseo irresistible de mordisquear, intentando aliviar así la tensión en sus encías. Es conveniente proporcionarle abundantes juguetes y mordedores para evitar que rompa cualquier otra cosa.

Entre 1 año y los 4 años

Aunque suelen alcanzar la madurez sexual entre los 6 y los 14 meses, los perros pueden continuar creciendo y desarrollándose psicológicamente durante durante mucho más tiempo. Los perros miniatura tienden a madurar más deprisa que los grandes, y sobre todo si se trata de razas gigantes como el Terranova y el Mastín del Pirineo, que a veces no pueden considerarse propiamente perros adultos hasta los 3 años de edad.

La madurez psicológica, por su parte, tarda a veces mucho en alcanzarse por completo. Los propietarios de razas tan exuberantes como el Boxer, por ejemplo, se preguntan con frecuencia si su perro no piensa hacerse mayor nunca. En esta época, los perros siguen aprendiendo y estableciendo roles tanto en el entorno familiar como en sus relaciones con otros perros.

El Perro Anciano

Anciano es un termino bastante relativo en los perros, ya que la vejez depende en gran medida de la raza, de su estado de salud, su forma física y de la actitud de su propietario. Para un perro activo, sano y en forma, envejecer puede significar simplemente ir relentizando poco a poco su ritmo de vida.

Muchos perros viejos disfrutan todavía de los paseos, jugando con sus amos y relacionándose con los miembros de la familia. Tal vez duerman más horas y más profundamente que antes, y también es posible que necesiten salir más a menudo, ya que los riñones, junto con el hígado, son los primeros en resentirse a causa de la edad. Además de esto último, la pérdida de peso puede ser el primer síntoma de un problema renal o hepático, por lo que conviene estar alerta.

Entre las molestias asociadas a la vejez destacan la artritis y la pérdida de flexibilidad en las articulaciones y la espina dorsal. El sobre peso agrava individualmente cualquier problema geriátrico, por lo que es fundamental prevenirlo.

Algunos perros desarrollan una dependencia patológica con respecto a sus dueños al llegar a la tercera edad; aúllan o lloriquean cuando los dejan solos y se desazonan enormemente cuando no están en contacto con la familia. Esto puede ser síntoma de una degeneración generalizada o simplemente de sordera progresiva, y debe ser revisado por el veterinario.

Los perros a veces padecen un trastorno que podríamos denominar demencia senil, caracterizado por la progresiva desorientación y pérdida de memoria. Actualmente existen medicamentos capaces de aliviar estos síntomas, y no es mala idea consultar al veterinario, que tal vez pueda recetar a su perro algún medicamento que contribuya a hacer los últimos años de su vida tan dulces como merece.

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

Copyright © Por: Erik Farina - Psicolmascot

martes, 3 de septiembre de 2013

Ciclo Vital del Perro, Infancia, Adolescencia y Vejez.

Erik Farina 1994
Desde el día en que nace un cachorro se empiezan a notar cambios visibles. Crecen y evolucionan a una increíble velocidad, y es fascinante comprobar en apenas 12 meses pasan de ser las criaturas desvalidas de los primeros días a esos intrépidos jovencitos que nos cautivan sin cesar con sus diabluras. Cada día aprenden mil cosas nuevas; jugar, comunicarse, comprender el mundo que les rodea, etc..


El Recién Nacido


Los perros nacen sin poder oír y sin poder ver. Aunque están cubiertos de pelo, necesitan estar en contacto con la madre para mantenerse calientes y protegidos. En los primeros días, el principal órgano sensorial es el del olfato, lo que puede observarse fácilmente contemplando un cachorro recién nacido; su trufa y su morro son desproporcionadamente grandes en relación con el resto del cuerpo.


Desde el principio son capaces de moverse, regresando a la camada si se les aísla del grupo, y también de chillar para avisar a la madre de donde esta situado cuando tiene hambre.


Los cachorros recién nacidos no pueden orinar ni defecar por sí solos, ni tampoco regular su temperatura corporal, y dependen por completo de su madre, que con vigorosos lametones provoca la micción y la deposición; también con su propio cuerpo les proporciona el calor necesario.


Los perros nacen ya capacitados para hacer muchas cosas: los nervios craneales están ya totalmente desarrollados, y eso les permite mamar, tener sensibilidad en el morro, mantenerse en una posición e incluso enderezarse instintivamente. Se trata de un reflejo natural que se produce cada vez que se caen o se les da la vuelta, y consiste en ponerse de nuevo en una posición normal. Si se agarra por la holgada piel de la nuca a un cachorro recién nacido, éste encogerá de forma característica las patas y se mantendrá totalmente inmóvil.


Pero sólo hará esta acción de quedarse inmóvil durante los primeros cuatro o cinco días, después estirará las cuatro patas, poniéndose tieso y separándolas entre sí. Los cachorros con menos de una semana, no pueden ver ni oír bien todavía, pero reaccionan ante los ruidos fuertes. También producen los chillidos fuertes, chillando y gimoteando si se sienten abandonados con el fin de atraer a la madre.

Erik Farina 1994
De la 1ª a la 3ª Semana de Vida



En cuanto se abren sus orejitas, los cachorros comienzan a reaccionar ante los sonidos, y aunque no pueden ver con claridad hasta que cumplen más o menos cuatro semanas, intentan ya seguir con los ojos la luz y el movimiento de los objetos.



Los cachorros suelen empezar a moverse con cierta soltura a las tres semanas de edad más o menos, caminando en vez de arrastrarse, y alternan breves períodos de actividad con prolongados períodos durante los cuales duermen profundamente.


De la 3ª a la 6ª Semana de Vida


Con cinco semanas, los cachorros pueden ya oír, ver y olfatear como perros adultos, aunque sólo logran concentrar su atención durante lapsos muy cortos. El destete se inicia normalmente a las tres semanas más o menos, momento en que la secreción láctea empieza a decrecer y la madre a rechazar progresivamente a los cachorros que intentan mamar.


El destete se prolonga normalmente hasta la quinta o sexta semana, y es para los cachorros la primera y más importante lección de convivencia social de su vida, ya que los enseña a soportar la frustración que conlleva el que su madre les niegue el pecho cuando ellos sienten que lo necesitan.


También aprenden mucho jugando con sus hermanos y con la propia madre, pues esto les permite adquirir conciencia de que son perros. Muchas posturas utilizadas en el juego y gestos faciales son adquiridos precisamente en esta época de su vida.

Erik Farina 1994
De la 6ª a la 12ª Semana de Vida


En esta época de su vida, resulta muy esencial la intervención humana. La socialización (proceso durante el cual el cachorro aprende a comportarse con los humanos y con otros perros) debe tener lugar a esta edad. Acostumbrarlo, o exponerlo de forma gradual a todos los elementos y cambios que se producen habitualmente en el entorno resulta esencial también.


Un cachorro debidamente socializado y familiarizado con el entorno se convierte en un adulto seguro de si mismo, feliz, equilibrado y obediente sean cuales sean las circunstancias o los lugares a que deba enfrentarse en el futuro.


A partir de este momento, los cachorros empiezan a recabar enormes cantidades de información sobre el mundo que los rodea. Ya se mueven con soltura, coordinando perfectamente sus movimientos, y pueden tanto correr como saltar y revolcarse. Es ahora cuando más necesitan del juego con sus hermanos y con los humanos para aprender normas de conducta social, y cuando clavan sin cesar sus dientes punzante como alfileres para averiguar qué elementos del mundo que los rodea son seres vivos y cuáles meros objetos inanimados.


Normalmente, después de la séptima semana el cachorro ya está completamente destetado y es capaz de ingerir por sí mismo todo el alimento sólido que necesita para satisfacer sus necesidades nutricionales. Con ocho semanas está preparado para separarse de su madre y de sus hermanos de camada, aunque muchos permanecen junto a la madre hasta que cumplen las diez o doce semanas de vida.

Erik Farina 1994
Entre Los 3 y Los 6 Meses de Vida


EN esta época, el perro adquiere gran masa muscular y ósea, preparándose para la pubertad. Entre la 18 y la 20 semana de vida, más o menos, se le caen los dientes de leche y aparece la dentición permanente. Este proceso marca definitivamente el final de la infancia propiamente el final de la infancia propiamente dicha.


El perro experimenta sin cesar diferentes conductas sociales, y tal vez incluso empiece a ensayar comportamientos sexuales, intentando montar cojines, otros animales o a los seres humanos. Puede también entablar juegos competitivos (de fuerza, posesión, etc..) destinados a averiguar cuál es el perro dominante. Por medio del juego aprende a comunicar sus sentimientos y también a asumir y averiguar su propio estatus social.


A esta edad es bastante habitual que los cachorros empiecen a mostrarse extrañamente miedosos, expresando temor ante objetos o personas con los que ya estaban familiarizados. En estas circunstancias, de la reacción del propietario dependerá que esa aprensión se venza o se perpetúe. Obligarle a enfrentarse a lo que teme por la fuerza puede provocar que siga temiéndolo de por vida.

Erik Farina 2012
Entre los 6 y los 12 Meses de Vida



Estos meses representan la adolescencia del perro. A esta edad las hembras tienen su primer celo y los machos alcanzan la madurez sexual. Puede ser una época de tanteo entre el perro y su propietario, ya que las relaciones sociales tal vez se replanteen por completo. Algunas hembras parecen sufrir cambios repentinos de humor antes, durante o después del celo, y tal vez se muestren reacias a permitir que otros perros se les acerquen.



Los machos suelen empezar a levantar la pata para orinar entre los 6 y los 12 meses de su vida. Lo hacen para delimitar su territorio y para enviar a los otros perros información cifrada en en señales olfativas sobre su situación social y sexual. Sus encuentros con otros perros pueden empezar a estar presididos por sentimientos de rivalidad, aunque no se suele llegar a la agresión física, y con frecuencia pretenderán montar a las hembras o a los otros machos intentando convertirse en el macho dominante.



Los dientes de adulto aparecen entre los 6 y los 10 meses de edad, y es posible que el perro sienta un deseo irresistible de mordisquear, intentando aliviar así la tensión en sus encías. Es conveniente proporcionarle abundantes juguetes y mordedores para evitar que rompa cualquier otra cosa.

Entre 1 año y los 4 años


Aunque suelen alcanzar la madurez sexual entre los 6 y los 14 meses, los perros pueden continuar creciendo y desarrollándose psicológicamente durante durante mucho más tiempo. Los perros miniatura tienden a madurar más deprisa que los grandes, y sobre todo si se trata de razas gigantes como el Terranova y el Mastín del Pirineo, que a veces no pueden considerarse propiamente perros adultos hasta los 3 años de edad.


La madurez psicológica, por su parte, tarda a veces mucho en alcanzarse por completo. Los propietarios de razas tan exuberantes como el Boxer, por ejemplo, se preguntan con frecuencia si su perro no piensa hacerse mayor nunca. En esta época, los perros siguen aprendiendo y estableciendo roles tanto en el entorno familiar como en sus relaciones con otros perros.


Erik Farina 2012
El Perro Anciano


Anciano es un termino bastante relativo en los perros, ya que la vejez depende en gran medida de la raza, de su estado de salud, su forma física y de la actitud de su propietario. Para un perro activo, sano y en forma, envejecer puede significar simplemente ir relentizando poco a poco su ritmo de vida.


Muchos perros viejos disfrutan todavía de los paseos, jugando con sus amos y relacionándose con los miembros de la familia. Tal vez duerman más horas y más profundamente que antes, y también es posible que necesiten salir más a menudo, ya que los riñones, junto con el hígado, son los primeros en resentirse a causa de la edad. Además de esto último, la pérdida de peso puede ser el primer síntoma de un problema renal o hepático, por lo que conviene estar alerta.


Entre las molestias asociadas a la vejez destacan la artritis y la pérdida de flexibilidad en las articulaciones y la espina dorsal. El sobre peso agrava individualmente cualquier problema geriátrico, por lo que es fundamental prevenirlo.


Algunos perros desarrollan una dependencia patológica con respecto a sus dueños al llegar a la tercera edad; aúllan o lloriquean cuando los dejan solos y se desazonan enormemente cuando no están en contacto con la familia. Esto puede ser síntoma de una degeneración generalizada o simplemente de sordera progresiva, y debe ser revisado por el veterinario.


Los perros a veces padecen un trastorno que podríamos denominar demencia senil, caracterizado por la progresiva desorientación y pérdida de memoria. Actualmente existen medicamentos capaces de aliviar estos síntomas, y no es mala idea consultar al veterinario, que tal vez pueda recetar a su perro algún medicamento que contribuya a hacer los últimos años de su vida tan dulces como merece.


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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