lunes, 30 de enero de 2012

El control de la artrosis


Poster ilustrativo de las diferencias esenciales entre una articulación canina sana y una con artrosis. En el mismo, de manera esquematizada y visual, se explica el proceso de degeneración del cartílago en las articulaciones afectadas, que junto a las alteraciones óseas, lleva finalmente a la aparición de la lesión articular, así como el plan de control que debe establecerse bajo supervisión del veterinario

La artrosis es un proceso de curso clínico generalmente lento.

El paciente sufre un dolor que en principio es leve y va aumentando lenta y progresivamente.

Esto hace que tenga tiempo para ir “adaptándose” a ese dolor de modo que externamente no sea fácil en muchas ocasiones para el propietario percatarse de ese dolor o lo considere menor a lo que realmente es.

Para cuando nuestro perro muestra signos claros de dolor o de disminución en su capacidad funcional (dificultad para levantarse, correr o saltar) el proceso de artrosis está generalmente ya muy avanzado.

En consecuencia, la mayoría de los perros se diagnostican de artrosis cuando las primeras etapas de la enfermedad ya han pasado.

Y desgraciadamente, esa primera fase de la enfermedad es la que nos permite realizar un tratamiento más efectivo, en la que más posibilidades tenemos de frenar o retrasar la evolución de la enfermedad.

Es fundamental realizar pruebas preventivas que determinen la tendencia a las principales causas de artrosis (displasia de cadera, de codo) o que detecten la enfermedad en sus primeros estadíos.

En artrosis canina, el tiempo es muy importante.