viernes, 20 de septiembre de 2013

Adiestramiento Canino – El Territorio 2

Erik Farina
Cuando se sabe cuán compleja es la organización del espacio en que vive el perro resulta fácil comprender las repercusiones que sobre el equilibrio del perro pueden tener las perturbaciones e incoherencias que afectan a ese Territotio.


Se puede considerar que le gestión del espacio del grupo en cuyo seno vive el perro tiene mucho que ver la génesis de las sociopatías, es decir, de los transtornos de la organización social así como en la de ciertas hiperagresividades secundarias y depresiones de involución.


Las Sociopatías


En el caso de las sociopatías el mecanismo es bastante sencillo. Cuando el cachorro cumple cinco o seis meses, se produce la ruptura de los lazos afectivos y sociales que lo ligaban con su medre; esa ruptura, que también se llama “abandono”, va acompañada de la prohibición de frecuentar el centro del territorio (donde hasta entonces vivía con su madre) que a partir de entonces queda reservado exclusivamente a los dominantes.


El cachorro que se introduce en el seno de una familia humana no sufre ese abandono ni esa marginación debido a la fuerte afectiva que se establece entre el perro y su dueño. En este caso, el joven macho (estos problemas afectan más a los machos que a las hembras), cuya situación jerárquica no está suficientemente definida, se convierte en un rival potencial del macho dominante, en este caso su amo.


Los primeros enfrentamientos que se produzcan tendrán lugar en el campo de aislamiento de los dueños (el dormitorio) por lo que hay que procurar que el perro no se instale con su amo en esa habitación. En la medida en que dicha situación se puede evitar con relativa facilidad, las sociopatías se corrigen sin mayores problemas. No ocurre lo mismo con otras patologías del comportamiento ligadas a desequilibrios territoriales.

Erik Farina
Hiperagresividad y Depresión


Conviene recordar aquí que el territorio está normalmente organizado en campos, cada uno de los cuales tiene una función precisa. El campo de aislamiento, por ejemplo, es extremadamente importante para el equilibrio emocional del perro. En efecto, dicho campo es el lugar al que se retira el animal en caso de peligro o de conflictos que no ha podido resolver a su favor.

El emplazamiento lo elige el perro en función del grado de seguridad que le proporcione. Es evidente que el rango social y el equilibrio emocional del perro influyen en esa elección. Los dominados y los ansiosos intentan sustraerse por completo a la vista de los demás miembros del grupo familiar mientras que los dominantes y los sujetos estables se muestran mucho menos difíciles en ese aspecto.

Sin embargo, ocurre muy a menudo que sea el dueño quien decida el campo de aislamiento ( o lugar de descanso) del perro, y que lo haga en función de contingencias meramente humanas. A veces, esta manera de actuar puede plantear problemas y si el dueño no tiene en cuenta ciertas necesidades del perro, puede ocurrir que éste se vaya a dormir a un lugar diferente del que se le había reservado.

Así, pues, hay que respetar algunas reglas. Después de haber descartado todos los lugares que puedan tener valor jerárquico (dormitorios, pasillos, sofás, sillones, etc..), se ha de tener en cuenta que al perro le tranquiliza tener un techo justo por encima de la cabeza. Tal es la razón de que a estos perros les guste tanto dormir debajo de una mesa, en una caseta, en un cesto (en el caso de las razas pequeñas).

Erik Farina
Pero de nada servirá encontrar un buen campo de aislamiento si sus condiciones de acceso son un impedimento para la tranquilidad del perro, pues cuando éste se retira su rincón después de haber sufrido una agresión o cuando se encuentra enfermo, sufre o tiene necesidad de dormir (una fuerte tensión emocional precede al momento de dormirse), necesita encontrar la calma.

Por otra parte, para el perro que sufre o ha sido vencido, el campo de aislamiento se confunde con el de agresión, y el intruso, cualquiera que sea, será severamente amonestado por el ocupante del lugar. Por consiguiente, todos los propietarios deben saber que nunca se debe perseguir a un perro que se retira a su cesto o a su rincón preferido después de haber sufrido una reprimenda.

Infringir esta regla significa exponerse a ser mordido, lo cual debe considerarse como la expresión del profundo malestar que sufre el perro agredido de esta manera.

Por otra parte, un perro enfermo que se refugia en su cama no se debe cuidar de una manera demasiado seca y sin preámbulos. Hay que acercarse con una voz suave y tranquilizadora, inclinarse hasta ponerse a su altura sin intentar ,mirarlo a los ojos. Si empieza a tener convulsiones y a temblar girando la cabeza,sepa usted que intenta decirle que está enfermo y quiere impedir que se le acerque.

Deténgase, pues su insistencia podría provocar una relación de agresividad debida al miedo. Después de haber interrumpido su anterior actitud, intente tranquilizarlo adoptando posturas de invitación al juego (para ello, dése pequeños golpes en las rodillas inclinando varias veces la parte superior del cuerpo hacia adelante); y no pase de ahí hasta que el perro adopte posturas que indiquen que se tranquilizan.

Los perros frecuentemente agredidos en su campo de aislamiento podrán desarrollar una hiperagresividad secundaria cuando los mordiscos basten para alejar a los intrusos, o, por el contrario, caer en una depresión si la táctica no da resultados.


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Adiestramiento Canino – El Territorio

Erik Farina 
Aunque se suele pensar que cuando un perro levanta la pata o amenaza a un desconocido lo que está haciendo es marcar su territorio en el primer caso, y defenderlo en el segundo, lo cierto es que la noción de territorio sólo se puede aplicar a la jauría.

EL Territorio, una Cuestión de la Jauría


Considerar que un perro marca o defiende su territorio es aplicar a cada representante de la especie canina un concepto que concierne esencialmente a los mamíferos solidarios, la mayoría de los cuales acotan una parte del espacio que ocupan depositando diversas secreciones en sus lugares de paso. El perro, que es un animal social, no posee un territorio propio; éste pertenece a la jauría.

Los Campos Territoriales


En realidad, los perros, igual que muchos otros mamíferos sociales, ocupan un espacio en el que ejercen diferentes actividades y que es defendido por el conjunto de los miembros del grupo. En el interior de esa zona, se distribuyen en función de su rango social y de la actividad a que se dedican. Así, en el territorio de la jauría cada perro posee campos territoriales en relación con situaciones emocionales y comportamentales precisas. Se distinguen tres tipos de campos territoriales:

-Campos de actividad, que son zonas en las que el animal ejerce una actividad dada (caza, juego, etc..).


-Campos de aislamiento, a los que el perro se retira cuando quiere romper el contacto con sus congéneres.


-Campos de agresión, que son porciones de espacio en los que la intrusión de una reacción de agresión.

El rango social de cada individuo determina la parte del territorio de la jauría donde tendrá tal o cual comportamiento, y por consiguiente, delimita sus diferentes campos territoriales.


Así se explica que el campo de aislamiento, el campo de agresión y una gran parte del campo de actividad de los dominantes se encuentren en el centro del territorio de la jauría. 

El resto de la población se reparte en capas concéntricas alrededor del campo de aislamiento de los dominantes, y en la periferia del territorio se encuentra una zona de límites imprecisos poblada por los machos jóvenes expulsados del centro por sus padres cuando aquellos alcanzaron la edad de la pubertad.


Todos los miembros del grupo consideran extremadamente importante el hecho de ser tolerado en el campo de aislamiento de los dominantes porque ello les supone la atribución de prerrogativas sociales de dominante y, en cierto modo, una promoción social, por ejemplo, cuando las jóvenes hembras estén en celo intentarán que el macho, o los machos dominantes, las admitan en el círculo.

Erik Farina
Vivir con los Humanos


Cuando el perro vive en compañía del humano, está claro que no puede existir una tal distribución concéntrica, pero su principio sigue estando presente. Cuando llega a la familia que los acoge, el cachorro considera a sus dueños como sustitutos de sus padres,y, por tanto, como dominantes.


El Joven perro busca en particular la habitación a la que aquellos se retiran (el dormitorio por lo general) así como los lugares donde se dedican a actividades de grupo.


El hecho de que los dueños lo acepten en su dormitorio representa para el perro de compañía, hasta después de la pubertad, que se le hacen signos de reconocimiento por parte de aquellos a quienes considera dominantes, y por consiguiente, intentará cuestionar el lugar que ocupan. Al adoptar tales actitudes, el perro puede volverse agresivo con el dueño del mismo sexo que él.


Algunas habitaciones son relativamente poco frecuentadas por los habitantes de la casa; ésas son las piezas que conviene conceder al perro con objeto de mantenerlo en su rango de dominado.


Sin embargo, esta marginación no debe ser demasiado marcada; el colocar al perro en un nivel jerárquico demasiado bajo parece ser la causa de muchas fugas a lo largo de las cuales el perro intentará integrarse en otros grupos como lo haría en el interior de una jauría.


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