lunes, 12 de diciembre de 2011

Cuenta atrás para salvar la selva

El Parque Nacional Yasuní, en la Amazonia ecuatoriana, es uno de los lugares más biodiversos del planeta. Pero su subsuelo esconde 846 millones de barriles de petróleo por valor superior a 7.000 millones de dólares. En 2007 el presidente Rafael Correa ofreció dejar el petróleo bajo tierra si la comunidad internacional compensaba a Ecuador con una donación de 3.600 millones de dólares en 13 años. Si el 31 de diciembre de este año la iniciativa Yasuní ITT no ha recaudado como mínimo 100 millones de dólares, se pondrá en marcha el Plan B: empezar a construir carreteras y extraer petróleo de la selva amazónica del Yasuní. Desde septiembre el fondo Yasuní administrado por las Naciones Unidas acepta donaciones de particulares e instituciones privadas con el objetivo de alcanzar el compromiso que los gobiernos no han sabido establecer.

En el avión de Quito dirección a Coca, en el Amazonas ecuatoriano, no hay un único turista. La nave está repleta de hombres de mediana edad y facciones andinas. Son trabajadores de la industria petrolera que pasarán 14 días seguidos en los campos petroleros, y regresarán a sus ciudades para descansar durante una semana antes de empezar un nuevo turno. Preguntas al quiteño que sienta a tu lado y responde: “Cobramos bien, pero a ninguno nos gusta que exploten la selva. Muy pocos están a favor de que se amplíen las perforaciones a la reserva del Yasuní”.

Sales del diminuto aeropuerto de Coca, coges un taxi, y le pides que antes de llevarte a Pompeya para cruzar el río Napo te de un paseo por la ciudad. Te estremeces cuando entre tanto bullicio, tiendas, mercados y alojamientos de aspecto decadente, el conductor te dice: “Hace 40 años en Coca sólo había dos casas. Todo esto era selva”. Paras en uno de los varios locales de alterne que existen en los alrededores de Coca, y una prostituta de origen colombiano te explica: “Todos nuestros clientes están relacionados con el mundo del petróleo. Yo vine aquí porque había trabajo. Ahora lo ves vacío pero al anochecer esto está llenísimo”.

No es lo que más te sorprende. Sigues tu camino en dirección a Pompeya y durante las dos horas que dura el trayecto no dejas de ver en ningún momento oleoductos oxidados al margen de una carretera ancha, bien asfaltada, y en la que continuamente vas cruzando maquinaria pesada. Cada pocos minutos distingues un pozo de extracción ya cerrado, otro en el que están trabajando, o llamas de gases quemando en medio del bosque en las torres de las plantas petrolíferas. Y el conductor insiste: “hace nada todo esto era selva. Y las extracciones no paran de avanzar”.

Tú sabes además que no era una selva cualquiera, sino uno de los espacios más megadiversos del mundo. Según David Romo, codirector de la Estación de Biodiversidad Tiputini: “Sin lugar a dudas es el más biodiverso del planeta al menos en lo que se refiere a insectos, anfibios, aves, peces y plantas”.

Los científicos creen que la desbordante diversidad de plantas y animales del Yasuní podría deberse a que fue el área del Amazonas más resguardada durante la última edad del hielo, convirtiéndose en un espacio de migración de especies que constituyeron el hervidero de vida que ahora está amenazado. En una hectárea de bosque de Yasuní hay más especies de árboles que en toda Norteamérica juntos. Y ocupa de los primeros lugares del mundo en diversidad de aves, anfibios, y grupos de vertebrados que durante millones de años han sobrevivido a cambios climáticos y todo tipo de fenómenos naturales. Justo ahora están en peligro.

Ante el balance entre ingresos económicos y preservación, el conductor del taxi te da la misma respuesta que el 83% de ecuatorianos en la encuesta más reciente: “Respaldamos la iniciativa Yasuní ITT. Preferimos dejar el petróleo bajo Tierra”. Por eso sorprende que el pasado mayo el presidente Correa realizara una consulta popular sobre aspectos como plazos de prisión preventiva, prohibición de casinos o de espectáculos donde se maten animales, regulación de contenidos televisivos, pero sin ninguna referencia al futuro del Yasuní. Algunos interpretaron esta decisión como un signo de que el verdadero objetivo del gobierno ecuatoriano es extraer el petróleo de la zona pudiendo responsabilizar a la comunidad internacional de no haber apoyado el proyecto. Según Ivonne Baki, jefa de la comisión negociadora de la iniciativa Yasuní ITT, cuyo objetivo es recolectar la mitad de los 7.200 millones netos que la población ecuatoriana ingresaría por la extracción del petróleo: “No era el momento de incluir la pregunta. Estábamos negociando nuevas estrategias con las Naciones Unidas. El asunto es demasiado importante para diluirlo. Si algún día debemos consultar a los ciudadanos haremos un referéndum específico”.

Muchos grupos ambientalistas sienten reticencia por la proximidad de la nueva directiva de la iniciativa Yasuní ITT con el gobierno. Hay una sensación generalizada de que los planes de explotación ya están diseñados, y que a medio plazo el plan B será inevitable. Ivonne Baki lo niega rotundamente: “¿Por qué pediríamos entonces la cantidad simbólica de 100 millones de dólares de aquí a final de año? Si Correa quisiera que la iniciativa fracasara hubiera exigido una cifra mucho más alta y difícil de alcanzar”.

Llegas a Pompeya y distingues una especie de paradas de mercado vacías. Es donde cada sábado se celebra el mercado de animales silvestres. Pecarís, guantas pero también monos lanudos, monos araña, tortugas, reptiles, aves y todo tipo de especies protegidas son cazadas por los indígenas Huaoranis y vendidos a particulares y restaurantes que deseen ofrecer platos exóticos a sus descuidados comensales. Es una actividad prohibida y de sobra conocida por las autoridades locales, pero que se continúa realizando sin oposición debido al profundo dilema ético que encarna: Con qué argumentos morales se puede permitir que las petroleras perforen la selva, contaminen hábitats con sus escapes, construyan carreteras para mover sus maquinarias, y prohibir a los Huaorani utilizar dichas carreteras para explotar también unas tierras que siempre han sido suyas.

Las carreteras son el gran problema de la selva. Fragmentan espacios, reducen ecosistemas, y facilitan la colonización de humanos. Los Huaoranis han cazado animales desde siempre, pero de una manera sostenible para su propia alimentación. Ahora tienen la opción de desplegarse y cazar en exceso para vender por pocos dólares unos animales cuyo valor natural y económico a medio plazo es infinitamente mayor del que ellos pueden imaginar.

Cruzas en lancha el río Napo, presentas tu documentación en el registro de entrada al Bloque 16 licitado a Repsol-YPF, y montas en una furgoneta junto a siete trabajadores que te llevará hacia la Estación Científica Yasuní de la Universidad Católica. Allí hablas con neurocientíficos de EEUU que investigan el croar de las ranas, e investigadores ecuatorianos que ponen cámaras ocultas en el interior de la selva para censar ocelotes, osos hormigueros gigantes, armadillos, tapires, tortugas, monos, infinidad de pájaros, o felinos como el puma y el jaguar. Te explican que según sus estudios las poblaciones de grandes felinos se están reduciendo drásticamente.

Te embarcas en una pequeña canoa motorizada que te llevará durante dos horas y media por el río Tiputini hasta tu destino final: la Estación de Biodiversidad Tiputini de la Universidad San Francisco de Quito. Situada en lo más recóndito de la selva, lejos de cualquier carretera, sin siquiera población indígena cercana, y por descontado ni un único turista, es el lugar ideal para estudiar ecosistemas y fauna cuya influencia humana ha sido inexistente. Es un verdadero paraíso natural. El estadounidense Kelly Swing, fundador y director científico de la estación Tiputini, te explica que a algunas horas a pie existen todavía comunidades de indígenas no contactados en aislamiento voluntario, que la concentración de especies vegetales es posiblemente la mayor del mundo, que cada mes se catalogan especies nuevas de insectos, reptiles o anfibios, que la bioprospección de productos naturales puede generar grandes beneficios, y que se siente muy preocupado por el futuro de este santuario natural: “Si sale adelante el plan B y empiezan a construir carreteras todo está perdido. Esta zona en concreto no entra en los planes de explotación, pero los efectos que notaríamos serían gravísimos”. Para Kelly Swing, la explotación del Yasuní sería un desastre medioambiental a escala mundial, de consecuencias mucho peores que accidentes como el vertido del golfo de México. Con la salvedad que evitarlo es una decisión política.

Para proteger Yasuní en 2007 se propuso la iniciativa Yasuní ITT (por los cuadrantes de exploración petrolera Ishpingo, Tiputini y Tambococha). El planteamiento es muy directo: Ecuador no es un país rico y su población tiene necesidades fundamentales que podrían verse aliviadas con los más de 7.200 millones de dólares que el gobierno obtendría si explotara el parque. Ecuador asume su compromiso en preservar la riqueza natural de la zona. Pero si la biodiversidad es un bien universal, entonces todo el mundo debe ser partícipe de este esfuerzo. Para no explotar el petróleo de Yasuní Ecuador solicita una donación de la comunidad internacional de 3.600 millones de dólares en el plazo de 13 años. De esta manera el petróleo quedará bajo tierra y se salvará la biodiversidad de Yasuní. Cuando la iniciativa fue presentada en 2007, resultó tan novedosa que algunos la calificaron de pionera y otros la observaron con recelo. Tras una buena acogida y promesas de algunos gobiernos como Alemania o España, el plan empezó a tambalearse. Hubo críticas internas que desencadenaron un cambio de junta directiva. Países como Alemania retiraron su apoyo argumentando que el gobierno de Rafael Correa no explicaba en qué se gastaría el dinero ni ofrecía garantías de que el petróleo no sería explotado más adelante en caso de cambios políticos. El presidente Correa esgrimía un tono amenazante que alejaba a los negociadores internacionales. Y se llegó al ultimátum: si a finales de 2011 la Iniciativa Yasuní ITT no había recolectado la cifra de 100 millones de dólares, se daría paso al plan B: la concesión de permisos para explotar Yasuní.

Antes de verano del 2011 la sensación general era de pesimismo y desconfianza. No se percibía una verdadera voluntad de alcanzar el acuerdo por parte del gobierno ecuatoriano, y los rumores eran que las concesiones ya habían sido pactadas. Se explotaría Yasuní y Correa podría acusar a la falta de apoyo de la comunidad internacional. Ivonne Baki replica de nuevo: “Otra evidencia del compromiso de nuestro presidente es el cambio de estrategia planteado este verano con la ONU, que nos permitirá alcanzar la cifra de los 100 millones de dólares”. El cambio de estrategia se refiere a que el pasado Junio la ONU auspició un directorio que acepta donaciones individuales, instituciones, fuentes privadas y de gobiernos regionales además de centrales. Además, el fideicomiso es muy claro en su exposición: el dinero sólo se podrá utilizar para apoyar a la conservación y manejo de las áreas protegidas del Ecuador continental, programas de desarrollo sustentable con las comunidades indígenas, recuperación de las cuencas hidrográficas, restauración ecológica y cambio de la matriz energética del Ecuador hacia energía limpias.

Gracias a este nuevo enfoque, en estos momentos la cantidad recolectada se acerca a los 80 millones de dólares, y todo parece indicar que este primer peldaño se va a superar. No será el fin de la historia. El futuro del Yasuní continuará incierto durante tiempo, pendiente de donaciones tanto privadas como de gobiernos y organismos multilaterales. Pero también en última instancia en manos del gobierno del presidente Correa. Ecuador es un país pequeño pero de una riqueza natural abrumadora. Con espacios tan diversos como los glaciares andinos, la selva amazónica y las islas galápagos, Ecuador dispone de un patrimonio que a medio plazo debería ser incluso económicamente más rentable que todo el petróleo extraído del Yasuní. Si dependiera de la voluntad de la mayoría del pueblo ecuatoriano, sin duda el petróleo se quedaría bajo tierra.

El pez caminante, un eslabón clave en la evolución de la vida

La conquista de la tierra por parte de los primeros seres vivos, acuáticos, que habitaron en el planeta fue un paso fundamental en la historia de la biología en el que aún faltan algunos eslabones por descubrir. Uno de ellos podrían ser los peces pulmonados africanos o 'lungfish', de la especie 'Protopterus annectens', que son capaces de levantar su cuerpo del fondo del fango con sus dos finos miembros pélvicos y caminar.

Así lo cree un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago, que han estudiado a fondo la fisonomía y el comportamiento de este 'lungfish' y han comprobado que sus finos miembros no sólo les ayudan a levantar el cuerpo, sino también a propularse hacia adelante.

Estas características se atribuían hasta ahora a los tetrápodos más primitivos, los primeros en tener patas para caminar y adaptarse a la vida terrestre. Es más, puede que rastros fosilizados atribuidos a estos animales fueran hechos, realmente, por antepasados de los actuales 'lungfish'.

"En algunos de estos rastros, los animales alternaron sus miembros, lo que sugería que los hicieron tetrápodos que caminaban sobre un suelo sólido, pero ahora vemos animales acuáticos con morfologías muy diferentes que pudieron dejar huellas muy similares", apunta la investigadora Melinda Hale, coautora del trabajo, publicado en la revista 'Proceedings of National Academy of Science' (PNAS).

Desde siempre el 'lungfish' ha sido popular entre los paleontólogos por su peculiar historia evolutiva, al estar vinculado con animales que podían desarrollarse y salir del agua. Sin embargo, y pese a que había rumores entre los científicos de que era un pez que caminaba, nadie lo había comprobado en una investigación exhaustiva.

Experimento en el laboratorio

El 'lugnfish' del experimento estaba en el laboratorio de Michael Coates. A miembros de su equipo se les ocurrió diseñar un tanque especial en el que podían grabar todos los movimientos del pez. Descubrieron así que sus dos miembros le servían para avanzar hacia adelante una vez que levantaba el cuerpo sin apoyar las caderas. "Es algo que sólo se puede observar en un animal vivo, porque mirando los huesos fosilizados sería imposible adivinar que se movía de este modo2, asegura Heather King, otro de los autores.

En su caminar, el pez iba alternando el movimientos de sus dos miembros hacia adelante, en un movimiento similar al de los tetrápodos. El hecho de que bastaran dos miembros tan finos para trasladarse, apuntan que puede deberse a que la gravedad es menor debajo del agua. Además, al llenar sus pulmones de aires, el 'lungfish' aumenta su flotabilidad, lo que facilita el levantameinto del cuerpo.

"Si me enseña un esqueleto de esta criatura y me pregunta si podía caminar, le habría dicho que no", afirma en un comunicado Neil Shubin, otros de los investigadores implicados. En todo caso, este descubrimiento sugiere que antes de que los tetrápodos primitivos, como el Tiktaalik, llegaran a tierra, ya hubo desarrollos previos en la transición del agua a la tierra. Los antepasados de estos peces pudieron desarrollar la propulsión con sus apéndices millones de años antes en los fondos de los lagos o los pantanos.

La NASA explica cómo los animales predicen los terremotos

¿Existe o no un sexto sentido en los animales para predecir terremotos o catástrofes naturales? Hasta ahora, resultaba revelador que ante un acontecimiento de esta magnitud el número de animales muertos fuera menor que las vidas humanas. Parece que sí y la ciencia ha dado con la primera clave, científicos y miembros de la NASA han dado con las primeras respuestas para entender cómo ciertos animales predicen con varios días de antelación un terremoto. Los cambios químicos que produce la corteza de la Tierra alertan a muchas especies y produce el éxodo. Un hallazgo que podría dar con una de las predicciones más exactas ante los mismos y por tanto con el método preventivo más eficiente hasta la fecha.
La historia nos indicaba décadas atrás como ciertas familias de animales se adelantaban a los acontecimientos. En 1975, en la zona de Haicheng en China, se pudo observar como muchas serpientes salían de las madrigueras un mes antes de que la ciudad fuera golpeada con un terremoto de gran magnitud. Como este caso, se han reproducido varios en la historia. La mayoría en zoológicos, lugar donde al hombre le ha resultado sencillo observar la conducta de los animales ante un terremoto. De hecho en la provincia de Cantón se utilizan a los animales como sensores de terremotos, un “arma” perfecta contra el movimiento ya que los animales sufren un gran estrés antes de que la Tierra comience a temblar.
En todos los casos no había respuesta científica. Quedaba claro que los animales tenían o poseían una percepción rara por la que predecían antes que el hombre. ¿Un sexto sentido?

La respuesta final parece derivarse del propia estrés de la Tierra ante los movimientos, una reacción en cadena que acaba llegando a familias de animales antes que al hombre. Ciertos animales pueden detectar los cambios químicos que se producen en las aguas subterráneas cuando un terremoto está a punto de acontecer.

La investigación comenzó una vez que los científicos observaron como una colonia de sapos abandonaba su estanque en L´Aquila (Italia) en el año 2009, días antes de que se produjera el terremoto. Los científicos comenzaron entonces a estudiar los efectos químicos que se habían producido alrededor como respuesta al movimiento de los sapos.

Los investigadores encontraron que la corteza de la Tierra había liberado una reacción en las aguas subterráneas. Los animales que viven cerca de estas aguas son muy sensibles a cualquier tipo de cambio en su composición química.

La diferencia con cualquier caso de catástrofe natural frente a un terremoto es que los movimientos de la Tierra son acontecimientos variables, muchas veces imposibles de predecir con exactitud. El caso de los sapos abrió una investigación diferente a las anteriores.

La bióloga Rachel Grant publicó su tesis a partir de este estudio. Posteriormente la NASA contactó con ella. La agencia espacial había estado estudiado los cambios químicos que se producen cuando las rocas se encuentran bajo un estrés extremo. La NASA se preguntaba si estos cambios estaban relacionados con el éxodo masivo explicado en la tesis de la doctora.
El trabajo de investigación que llevaron en conjunto reveló que estos cambios estaban conectados y que la corteza de la Tierra podría afectar directamente a la química de la laguna donde vivían los sapos. Las rocas que se encontraban con estos grandes niveles de estrés liberaban partículas cargadas que salían y se expandían, llegando a la superficie de la Tierra y reaccionando con el aire, convirtiéndose finalmente en iones. La reacción terminaría en el agua transformándose en peróxido de hidrógeno.
La cadena de acontecimientos afecta a la materia orgánica disuelta en el agua del estanque convirtiendo la materia orgánica inocua en sustancias tóxicas para los animales acuáticos. Para Grant, este asombroso hallazgo:

Es el primer mecanismo convincente posible de que existe una señal “pre-terremoto” en los animales acuáticos, semi-acuáticos y de madrigueras que podrían ser capaces de sentir y responder a ellos. Cuando piensas en la gran cantidad de cosas que están sucediendo en estas rocas, sería extraño si los animales no estuvieran afectados de alguna manera

Finalmente, la respuesta que da la NASA a través del geofísico Friedemann Freund, sitúa el hallazgo como un futuro sistema de detección:

Una vez que entendamos cómo todas estas señales están conectadas, si vemos que cuatro de las cinco señales apuntan en la misma dirección, podremos decir en el futuro, ok, algo va a suceder.

Comportamiento canino: el olfato del perro

Es en la agudeza olfativa donde aparecen las mayores diferencias entre humanos y perros. De hecho, para las personas el olfato es casi inexistente; en cambio, para los perros este sentido tiene mayor importancia que los otros.
 
Debido a las diferencias anatómicas entre ambas especies, a los humanos se los define como microsmáticos y a los caninos como macrosmáticos. Estas diferencias se ubican a nivel de la cavidad nasal y en las partes del cerebro encargadas de procesar la información olfatoria, las cuales son mucho más pequeñas en el hombre que en los perros. 

A modo de ejemplo podemos señalar que el hombre posee alrededor de cinco millones de células olfatorias en su cavidad nasal, las cuales ocupan un área de 500 milímetros cuadrados, mientras que los perros poseen aproximadamente doscientos veinte millones de células sensibles al olor en un área de 7000 milímetros cuadrados. Sin embargo, la capacidad olfatoria del perro es mucho más aguda en comparación con la del ser humano de lo que indican estos números. Algunos científicos han comprobado, mediante diferentes estudios, que la capacidad en los perros podría superar en alrededor de un millón de veces a la de los humanos.

Una de las pruebas más interesantes es el llamado "test del portaobjeto". En este test, un portaobjeto de vidrio entre varios es tocado por un ser humano. Luego se guardan los portaobjetos durante un período de seis semanas. Después de ese tiempo se sacan los portaobjetos y se le permite al perro que los olfatee. Se ha demostrado que el perro no sólo es capaz de identificar el portaobjeto que ha sido tocado sino también a la persona responsable de haberlo hecho.

Finalmente, es también importante mencionar que los perros son capaces de individualizar a diferentes personas, sean parientes o no; sólo han mostrado algunos problemas a la hora de diferenciar gemelos. Esta gran capacidad olfatoria es utilizada por los perros como medio de comunicación, ya que gracias a ella pueden identificar su propio territorio, reconocerse individualmente unos a otros, detectar una hembra en celo, y demás. Debido al gran refinamiento de este sentido muchos perros son utilizados para detectar drogas y rescatar víctimas bajo la nieve o bajo los escombros de un terremoto, tarea que todavía no ha sido superada por ningún elemento creado por el hombre.

Copyright © Por: Erik Farina, Psicólogo Canino y Adiestrador Profesional


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¿Cuántas palabras nos pueden entender los perros?

Los perros de raza border collie demostraron entender más de 1.000 palabras.
Investigadores del Wofford College de Estados Unidos han descubierto que una raza de perros, el border collie o collie de la frontera, es capaz de comprender los nombres de más de 1.000 objetos, diferenciando dichos objetos y las órdenes de agarrarlos.
Este descubrimiento profundiza en los resultados de un estudio anterior realizado en Alemania, en el que se constató que un perro conocía los nombres de cientos de cosas. De ambos estudios se desprenden, asimismo, dos interesantes cuestiones: ¿cuál puede ser la extensión del vocabulario de un perro si se le entrena?, y ¿qué entienden realmente los perros cuando usamos el lenguaje humano para comunicarnos con ellos?
El estudio demuestra que los perros pueden desarrollar un vocabulario El perro utilizado por los científicos del Wofford Colleg aprendió los nombres de un total de 1.022 objetos durante tres años de entrenamiento, y podría haber aprendido más si se hubiera seguido con dicho entrenamiento, aseguran los investigadores.
Las pruebas realizadas con el perro demostraron asimismo que éste era capaz de distinguir entre la mera pronunciación de dichos nombres y las órdenes referidas a los objetos, así como de entender ciertas categorías semánticas como “juguete” (comprendía que esa palabra se refería a cosas con las que se podía jugar).
Según los investigadores, esta investigación es importante porque demuestra que los perros, como los niños, pueden desarrollar un vocabulario. Queda por determinar si esta capacidad es compartida por otras razas de perros u otras especies de animales, o simplemente se ha desarrollado en los perros como consecuencia de su relación histórica con los humanos.