viernes, 13 de abril de 2012

Viajar con la mascota en el coche y sus normas.

En tiempo vacacional, cada vez más frecuente desde estas fechas, muchos propietarios de mascotas, sobre todo de perros, se preguntan acerca de la legislación para llevarlas a bordo. Estas son las pautas a tener en cuenta.

No sólo es imprescindible atender a la reglamentación que indica cómo llevar animales, esencialmente perros (los gatos suelen estar más acostumbrados a introducirse en cestas, bolsas especiales o jaulas específicas), en el coche, sino también a algunos consejos que harán de estos trasiegos circunstancias más llevaderas y seguras.

¿Puedo llevar el perro suelto en el coche?

Por muy dócil que sea, la respuesta es no. La normativa vigente permite llevarlo en el habitáculo, pero exige que el perro viaje en un espacio separado del conductor, en una zona delimitada por un armazón o estructura reforzada y homologada, normalmente metálica, plegable y adaptable, que se puede adquirir en comercios especializados desde poco más de 20 euros (las más sofisticadas rondan 50, siempre hablando de marcas generalistas).

Está totalmente prohibido que el animal viaje suelto o que lo haga en el asiento del acompañante, aunque vaya atado o cogido por un pasajero o sobre él, por el riesgo de distracción en la conducción que entraña y el peligro que supone su desplazamiento incontrolado, sobre todo en caso de frenazo.

Es adecuado que un perro pequeño viaje en el interior de una jaula adecuada, lo que evitará que se mueva en exceso y se maree. Un perro grande debe, además, ir atado. Bajo ningún concepto se debe introducir a la mascota en el maletero, ni siquiera dejando la portezuela de éste parcial o levemente abierta, cuando éste no sea una extensión natural del habitáculo como en modelos familiares, todocaminos o monovolumen, por el riesgo a intoxicación derivado del escape, entre otros. El espacio delimitado para el animal debe ser confortable y estar adecuadamente iluminado y ventilado. Con ello se evitarán mareos, intoxicaciones, claustrofobias (que afectan a la mayoría de perros) y desidrataciones.

Ojo al calor

Sobre éstas, y como las personas, perros y gatos pierden agua por evaporación. No sudan, pero a través del jadeo pierden mucha agua, por lo que es necesario vigilar que estén bien hidratados en todo momento ofreciéndoles tanto líquido como demanden, sobre todo en época estival. Temperaturas extremas sostenidas mucho tiempo pueden ocasionar un golpe de calor, síndrome que requiere actuación urgente e inmediata enfriando al animal y aplicando suero y corticoides por un veterinario.


 Es crucial ser particularmente cuidadosos al aparcar el coche, sobre todo si el animal queda dentro, pues el sol se mueve y aún dejándolo inicialmente a la sombra al cabo del rato puede estar a pleno sol alcanzando más de 60°C en el habitáculo. Si con todo el animal debe permanecer en el interior vehículo, hay que asegurarse de tenerlo a la vista, dejarlo en todo momento a la sombra (lo que pese a todo no asegura evitar un shock térmico) y posicionando las ventanillas ligeramente entreabiertas.

¿Y los mareos?

Si el perro se marea viajando en coche es preferible administrarle algún medicamento que pueda ayudarle a hacer mejor viaje antes de emprender la marcha (como mínimo 30 minutos). El veterinario aconsejará el fármaco y la dosis adecuada para cada caso. Hay animales que deben ir casi totalmente sedados. Otros, más tranquilos, sólo requieren algo que evite mareos.

Tampoco estará de más llevar una lona, toalla o tela que cubra el asiento donde se aloje, lo que junto a mayor confort evitará que todo se llene de pelos y facilitará la limpieza si, con todo, se marea y vomita.

Recuerde parar

El animal agradecerá paradas regulares en las que aprovechar para realizar pequeños paseos, beber agua y hacer sus necesidades. Como norma, evite que el perro asome la cabeza por la ventanilla, peligroso para el animal (causar otitis y conjuntivitis, picaduras de insectos…) y el resto de usuarios de la vía. Y si viaja sólo con su mascota, nunca gire la cabeza retirando la vista de la calzada para comprobar su estado.



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Por: Erik Farina, Psicólogo Canino y Adiestrador Profesional


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