miércoles, 23 de mayo de 2012

Mi Perro tira de la Correa con fuerza

Para que no tire, la correa no debe tensarse nunca más.
La simplicidad muchas veces es la clave de las cosas.
Cuando sintamos tensión de la correa, por siempre, automáticamente, en cualquier momento, acercaremos el perro a nosotros lo suficiente para que la correa se destense de nuevo. No daremos un tirón al perro. Lo acercaremos a nosotros, lo que importa es que no se vuelva a repetir la sensación para el perro de que tira de nosotros, y la correa se mantiene tensada.
La tensión de la correa apoyándose en el collar lesiona la tráquea y provoca instintivamente mayor tensión muscular general en la dirección opuesta (es decir, hacia delante). Debemos poner en nuestras cabezas la imagen de que cuando se tensa la correa, lo acercamos a nosotros para destensar (siempre, en todo momento), y esto con el tiempo acaba sucediéndonos automáticamente. Quiero poner especial énfasis en este punto: Dejo claro que no es un tirón, es hacer contrastar la diferencia de sensación corporal en el perro, entre estar tirando de la correa, y estar parado con la correa destensada (no hay sensibilidad en ningún lugar de su cuerpo).

Por tanto, empezamos suprimiendo un importante elemento condicionante: la sensación corporal general.
Esta deberá ser una premisa seguir por siempre, si queremos hacer de nuestro perro un animal que no tira de la correa.

Habitualmente, lo que ocurre es que esto no se puede empezar a intentar en muchos casos de buenas a primeras, sin antes conseguir enseñarle a que empiece a retenerse caminando con la correa destensada. Si mantuviésemos siempre esta idea en la cabeza, el perro no tiraría nunca, en ninguna situación. Simplemente se acostumbraría a mantener en el lugar más largo de la correa, sin tirar, porque sabe que a partir de ese punto le vuelven a acercar. Ahora bien, igual deseamos que camine junto a nosotros.

Concepto “Giro en U”.
La idea es bien sencilla. Si tú tiras de la correa, yo giro, volviendo sobre mis pasos. Tantas veces como haga falta.
Con este movimiento simple adquirimos una gran serie de recursos que nos facilitan el trabajo enormemente: Aumentamos motivación, interés por la recompensa, evitamos la distracción enormemente, “creamos” situaciones que permiten reforzar, y es ideal para los perros que tiran de la correa fuertemente, incluso para potenciar la atención hacia nosotros. Existen varias premisas básicas e importantes de cumplir “a rajatabla”.
- No importa el collar, porque no se manipula la correa (nunca tira, siempre destensada). Sirve cualquier elemento: halti o ronzal, fijo, dinámico, cualquiera… pero si es un petral, que sea un Gentle Leader, con movimiento dinámico de “abrir-cerrar” (el giro del perro se inicia en la cabeza, y el petral fija al perro por el cuerpo, aunque se podría utilizar si es un perro que atiende perfectamente a la voz y nos sigue mediante esas señales).

- La correa debe ser medianamente larga. Yo utilizo siempre que puedo las de “adiestramiento” (correa de 1,80 o 2 mtrs., con mosquetones en las dos puntas, y diferentes anillas en el centro), creo que todos las conocemos. Un buen largo de correa nos proporciona más espacio para parar y esperarlo cuando giramos. Más espacio para movernos sin tener que manipular la correa.

- El escenario, con las menores distracciones posibles, hora tranquila, lugar tranquilo. Tiempo de la actividad, unos 10 minutos (la regla es: dejarlo cuando empiece a bajar la motivación, después de unos ejercicios conocidos y profusamente reforzados).

- La tensión de la correa, siempre nula (excepto en algunos poquísimos momentos, que explicaremos).

-No podemos parar cuando vamos en línea recta (el perro no puede decidir pararse a oler, rascarse, o lo que sea). Únicamente podemos parar brevemente (unos pocos segundos) en el momento de efectuar el giro sobre nuestros pasos, mientras intentamos convencer al perro, con la voz y mostrándole el refuerzo (señales gestuales y auditivas), de que nos siga. Si aún así no lo hace, empezaremos a andar llevándonos con nosotros al perro, ofreciéndole la recompensa (fijando la posición retrasada), para que ande más deprisa y así se destense sola la correa nuevamente. -Nunca damos refuerzo si el perro no está por detrás de nosotros.

Explicación de la técnica: Si tú tiras, vas delante. Si yo giro 180 grados, te quedas detrás.
Esta simplicidad me permite reforzar esta posición mientras camino después de girar en U (el perro está atrasado) proporcionando pequeños pedacitos de comida continuamente mientras se mantenga detrás. La “meta mental” no debe ser “caminar paralelo a mi pierna”, al menos no por el momento, ha de ser “camina atrás de mí” (ese comportamiento es el que reforzaremos). Cuando no tire de la correa ya moldearemos una posición más exacta (con las patas delanteras en paralelo a nuestras piernas). Eso es muy sencillo modificando el lugar en el cual recibe el refuerzo, más adelante.

¿Por qué extingue el comportamiento de tirar de nosotros? ¿Por qué funciona?

1.- Supresión del condicionante: Sensación corporal totalmente diferenciada al no poder ejercer presión hacia delante, tirando de la correa. Se suprime la sensación (elemento condicionante) de tirar, por tanto la situación es nueva (está abierto a comprenderla y a adaptarse a ella).

2.- Aversivo sutil: La frustración de no poder ir donde quiere. El control de decidir nosotros el camino (aumento del valor jerárquico del guía, explicar profundamente esta expresión acerca de la jerarquía podría ser motivo de otro artículo).

Otra explicación más operante, igualmente válida: Sobrepasar nuestra pierna al caminar hacia adelante tiene el resultado final de un giro, por tanto, de no poder ir en la dirección que el perro escoge (ayuda a la extinción, no se auto-refuerza con un resultado beneficioso para el perro, llevarnos donde él decide). Escoged la que queráis, pero para mí las cosas no pasan por un único motivo, las dos me parecen ciertas en la misma medida.

3.- Refuerzo positivo: Asociar el refuerzo a la posición correcta (mantenerse atrás). No hacen falta mayores explicaciones. Sólo hay que repasar el condicionamiento operante. Es lógico entender que la recompensa permite y potencia que se repita esa situación.
Muchas veces, la imposibilidad de entregar refuerzos en perros que estiran continuamente no nos permite iniciar la actividad con éxito.
Girar en U nos permite cuándo decidir nosotros el instante en que el perro quedará en una posición de poder ser reforzado.

El detalle de la actividad.

Empezamos a caminar con el perro en la izquierda. Si queremos, le damos una orden verbal en el momento de empezar a caminar, pero esto es optativo. Funciona igual aunque no digamos absolutamente nada. El tira inmediatamente, giramos y esperamos brevemente a que nos siga. Este es el único momento en que la correa se tensa, para pararlo… debemos aguantarla para que pare y nos mire. Cuando sintamos en la mano que ha parado y no sigue tirando, dejamos ir un poco de correa para buscar la destensión de la misma manteniendo al
perro sin moverse), llamándolo y enseñando la recompensa. Cuando empieza a andar hacia nosotros empezamos a andar también y le ofrecemos la recompensa antes de que nos rebase. La cogerá, y volverá a estirar, la primera vez.  Tal vez la segunda también. Repetimos el proceso tantas veces como haga falta. O reforzamos o giramos, una vez tras otra.

Recordemos que el momento de girar en U nos lo marca el perro al rebasarnos (lo que sucede, lo decide él al rebasarnos, es una consecuencia de su comportamiento).
Si una persona externa fuera capaz de ir contando los pasos que andamos en línea recta antes de girar en 180 grados, veríamos los rápidos avances, repetición tras repetición. Observaríamos que cada vez podemos andar más metros en línea recta sin tener que girar en U.

Evidentemente, hemos de ir reforzando continuamente mientras el perro esté detrás nuestro, mientras caminamos, y dejaremos de reforzar justo antes que nos empiece a rebasar. Al principio, para el guía resulta ciertamente mareante, porque no puede mirar demasiado hacia delante. Debemos controlar todos los movimientos del perro y reaccionar ágilmente girando en U o reforzando, dependiendo de la situación. Podría ser que nos sintiésemos mareados en algún momento. Por tanto, elegid un lugar amplio y sin obstáculos. Os lo dice alguien que algunas veces ha estado a punto de golpearse en alguna farola mientras hace esto.

La práctica contínua.

Repetición a repetición, empezaremos a notar avances rápidamente. Enseguida notaremos que el perro asocia que si se mantiene por detrás de nosotros, recibe recompensas continuamente. Es una idea similar cuando trabajamos la inmovilidad. “Mientras no me mueva, me recompensan, por tanto, mejor no me muevo”. Es el momento de intentar alargar un poco el espacio entre recompensas.
Y entonces podemos incluir otro concepto:
Generar atención. En todo este proceso, veremos que cuando el perro empieza a entender la actividad, nos mira más a menudo. Debemos de entender esta señal, como si nos estuviera pidiendo el refuerzo. Reforzar cuando nos mira, tantas veces como lo haga, y conseguiremos atención en la actividad. Retrasaremos la dispersión, evitaremos la distracción, y generaremos interés en el refuerzo. Por tanto, debemos tener continua atención para reforzar cuando nos mira y está caminando atrasado, especialmente. Moldearemos su interés en la orden.

Moldeando y Generalizando.

Mantenemos esta práctica unos 5-10 minutos diarios (antes de la dispersión por distracción) y repetimos la actividad al día siguiente, a la misma hora, en el mismo sitio. El tiempo de duración de la sesión, realmente lo marca la madurez del animal, entre otros aspectos. Hemos de ser especialmente sensibles para valorar su motivación constantemente, y acabar la sesión con un ejercicio fácil y muy recompensado.
Con el tiempo y las repeticiones, podremos alargar el tiempo en que podemos hacer esta práctica.
Cuando ya camine habitualmente sin tirar, junto a nosotros, alargaremos los espacios de recompensa sólo para elementos que deseemos moldear especialmente, como caminar exactamente en una posición, si lo deseamos, su atención constante, lo que deseemos.

Cuando ya lleve un tiempo ejerciendo la actividad a la perfección (en lo posible, y dependiendo de nuestro grado de exigencia en ello), podemos empezar a generalizar lugares y situaciones. Para ello, deberemos volver atrás en el tiempo de duración de la sesión, y conseguir el mismo resultado, repetición tras repetición, en otros sitios en los que aumentará su posibilidad de distracción de forma gradual.

Variaremos horarios, variaremos duración, variaremos distracción, e incluso variaremos la persona que lo guía. Todo esto hará más sólido el aprendizaje. Evidentemente, reduciendo drásticamente el tiempo de la sesión (por la incapacidad de concentrarse por un largo espacio) y aumentando el tiempo de generalización, este sistema es especialmente adecuado para los cachorros. Se puede aplicar perfectamente en animales de tres meses, cuando ya tienen las vacunas en regla, y esto se convertirá en su comportamiento habitual con la correa. Muchas veces, mucho más fácilmente que con perros adultos.

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