miércoles, 14 de diciembre de 2011

Más de un centenar de rebecos habitan la Montaña Oriental de Cantabria


El último censo de rebecos realizado por Fundación Naturaleza y Hombre (FNYH) ha detectado 28 nuevas crías, lo que supone un incremento del 47% respecto a los nacimientos de 2010, un avance hacia la consolidación de esta especie en la Montaña Oriental cántabra. Con estos nacimientos el número de rebecos que habitan en la zona supera el centenar y se sitúa en 105 ejemplares.

La FNYH trabaja desde 2002 en la reintroducción y conservación del rebeco cantábrico en la Montaña Oriental, de donde se extinguió hace más 150 años. Este proyecto se enmarcó inicialmente en el LIFE-Naturaleza Recuperación y conservación de la biodiversidad en la cuenca del río Asón (2002-2005), promovido por FNYH con la financiación de la Comisión Europea, y continúa en la actualidad con el monitoreo de los ejemplares.

La Montaña Oriental incluye las cuencas fluviales de los ríos Pas, Miera y Asón, siendo Castro Valnera (1718 metros) la cumbre más elevada. El proyecto, según ha informado este miércoles la FNYH, se concentró en los términos municipales de San Roque de Riomiera, Soba, Ruesga y Arredondo. Entre 2002 y 2003 se liberaron un total de 34 rebecos procedentes de la zona cántabra del Macizo Central o de los Urrieles, en los Puertos de Salvorón, el Monte Quebres y los Puertos de Áliva. Cada ejemplar se liberaba con un collar radiotransmisor que permitió el seguimiento del proceso de adaptación de los rebecos a su nuevo hábitat.

En la actualidad, la población ha formado cuatro grupos geográficos en una superficie de 1.300 hectáreas en las provincias de Cantabria y Burgos, que suman 105 ejemplares, de los cuales 28 son crías y 77 adultos e inmaduros.

La desaparición del rebeco del área del Alto Asón comenzó en el siglo XVIII debido a la devastación de su hábitat, provocada por la tala masiva de árboles destinados a la industria naval, y a la presión cinegética. La especie no consiguió adaptarse, lo que provocó su acantonamiento en el área de Picos de Europa. Los últimos rebecos de los que se tiene testimonio en la Montaña Oriental databan de 1845 en Lanchares y San Pedro del Romeral. En la actualidad, las presiones del ecosistema que ocupaba el rebeco han disminuido y ha sido posible realizar su reintroducción.

El comportamiento del rebeco es el propio de un ungulado de montaña. El espesor de su pelaje invernal, sus patas y pezuñas (con una membrana interdigital que incrementa la superficie de apoyo sobre la nieve) y la capacidad de procesar como alimento vegetales leñosos, muestran su alto grado de adaptación al medio.

Su actividad es esencialmente diurna, incluso en pleno verano. La separación intersexual se rompe en otoño y tras el apareamiento, la gestación se prolonga durante seis meses, al final de los cuales nace una cría, excepcionalmente dos. El nuevo rebeco llega a la madurez a los 15 meses aproximadamente, alcanzando la independencia de su grupo de origen a los 2 años. Tendrá una esperanza de vida, si permanece en libertad, de unos 17 años.

El trabajo de la FNYH para la reintroducción del rebeco en la Montaña Oriental ha sido reconocido a nivel nacional e internacional. La Fundación participó en las 'Primeras Jornadas de Sarrio, Rebeco e Isard' que se celebraron en Benasque (Pirineos) en mayo de 2011. En este encuentro contó con la presencia de universidades, gobiernos autonómicos y representantes de parques nacionales y naturales, que alabaron la experiencia de reintroducción del rebeco llevada a cabo por la FNYH, destacando que esta iniciativa surgiera de una organización civil y no de un gobierno o universidad.

Además la revista 'LIFE Nature' de la Comisión Europea ha resaltado este proyecto de FNYH en su número dedicado a la "prevención de la extinción de especies".