Mostrando entradas con la etiqueta estrés perros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estrés perros. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de junio de 2012

Perros con miedo a las Personas


El miedo es una de las características psíquicas que conforman el carácter de un perro, que deben ser tenidas más en cuenta de cara a una convivencia apacible y duradera de éstos con las personas. Sin embargo, curiosamente, es de las más ignoradas a la hora de elegir una raza o un individuo para que conviva con nosotros, con nuestros hijos, nietos o abuelos. Nadie piensa que un perro miedoso puede ser un problema en la convivencia diaria. En lo que más solemos pararnos a pensar, a la hora de adquirir un perro, es en su carácter agresivo, en si nos destrozará los muebles nuevos del salón o en si se hará sus necesidades dentro de casa.

Como en todos los problemas de comportamiento, es fundamental asesorarse previamente a la adquisición de un perro o gato, sobre su genética, su ambiente de cría y sus cuidados maternales. La conducta es el resultado de la interacción compleja entre genes del animal y ambiente en el que se cría. Además, la heredabilidad de un carácter es la proporción de la variabilidad de ese carácter que es debida a la herencia de los genes. Sabemos que para el carácter miedo, la heredabilidad es de 0,4-0,5. Es decir, que si su perro es miedoso y tiene descendientes, tendrá una probabilidad del 50% de que esas crías hereden el mismo carácter. Aún más, si el ejemplar que posee el carácter “miedo” es la madre- y dado que en la especie canina es ésta la encargada de otorgar los cuidados parentales- las crías se verán también influenciadas por un ambiente materno en el cual las enseñanzas irán encaminadas a “formar” hijos miedosos.

Entendemos por miedo la respuesta normal de autoprotección que muestra un animal frente a situaciones que son percibidas como una amenaza para él. El dolor, el miedo y otras formas de sufrimiento no ocurren en la naturaleza por azar o por capricho, sino que son producidas por la selección natural como mecanismos adaptativos, para evitar heridas y escapar a los peligros y representan una ventaja evolutiva tanto para el hombre como para otros animales.

En la Naturaleza las situaciones de conflicto o frustración que pueden ser causantes de una respuesta de miedo son frecuentes, pero no lo es el que se prolonguen. Sin embargo, si una situación que desencadena una respuesta de miedo en un animal se perpetúa en el tiempo, los mecanismos adaptativos se rompen, dando lugar a una situación de estrés patológico crónico que puede desembocar en la muerte del animal. Asimismo, si la reacción de miedo se manifiesta de forma excesiva o en contextos inadecuados, puede dar lugar a problemas de comportamiento como son: fobias, agresividad defensiva o ansiedad por separación.

 Etiología del miedo a las personas

El tema que  nos ocupa en este artículo es el del miedo que pueden desarrollar los perros hacia las personas, ya sean todas en general o algunos grupos en particular como niños, ancianos, hombres, mujeres, personas de una determinada raza o vestidas de cierta manera y un largo etcétera.

Como he comentado antes, el carácter miedo posee la heredabilidad más alta dentro de los caracteres psíquicos o de conducta del perro. Es por ello que es el primer punto en el que tenemos que fijarnos antes de adquirir un perro, si es que queremos seleccionar la ausencia de este carácter. Asimismo, será también el primer factor a descartar si estamos tratando un caso clínico en el que intervenga el miedo o sea el problema principal.

Desgraciadamente, la mayoría de los llamados “criadores” hoy día seleccionan a sus ejemplares únicamente por su morfología, obviando las características conductuales de progenitores y futuros cachorros. Esto nos lleva a que existan cada vez más problemas de miedo genético en los perros destinados a compañía e incluso, aún peor, en otros destinados a trabajos especiales y que caen en manos inexpertas que no efectúan un análisis de la conducta antes de comenzar el trabajo con el perro.

Para prevenir o evitar este problema en los perros destinados a la cría utilizamos el “Índice psicomorfológico de selección”, en el que analizamos tanto las características morfológicas como las conductuales del individuo.

En contra de esto, y afortunadamente, cada vez hay más concienciación de profesionales y profanos en el conocimiento y las bondades del uso de la  Etología como ciencia y como medida para la consecución de una mejor convivencia con nuestras mascotas y de la asignatura pendiente del bienestar animal. Un buen especialista se molestará en realizar, antes de comenzar a trabajar con un perro, un análisis de las conductas instintivas y de las cualidades psicofísicas (sensibilidad y recuperación, intrepidez, tenacidad, temple y resolución)

 Si tras una concienzuda anamnesis de un caso clínico llegamos a la conclusión de que la causa del miedo de un perro es genética, podemos olvidarnos de solucionar el problema. Contra lo que hay escrito en los genes no podemos hacer nada. Solamente nos queda someter al perro a un programa de manejo adecuado basado en la desensibilización, ayudado o no por medicación y feromonoterapia, esperando que el miedo no se generalice. Por supuesto, lo ético y correcto sería eliminar a ese animal de la cría.

Las otras dos causas posibles del miedo hacia las personas serían un fallo en la socialización temprana y una experiencia traumática sufrida por el animal. De las dos, la experiencia traumática tiene un mejor pronóstico. Puede ocurrir en casos en que el cachorro o el adulto hayan estado sometidos a un mal manejo por ciertos grupos de personas o en los que el animal se haya sensibilizado hacia una persona, por coexistencia en espacio y tiempo con otra situación o estímulo traumático. En estos casos puede existir una generalización de la reacción ante otras personas de las mismas características que la implicada en el suceso. Para que nos entendamos pondré un ejemplo: un perro puede tener miedo a los niños porque de pequeño era sometido a experiencias traumáticas por un grupo de éstos; o bien porque se sensibilizó a la presencia de los mismos, cuando un día jugando en la calle con un grupo de niños, tuvo una reacción de pánico por el estallido de una gran cantidad de petardos lanzados por la pandilla.
La solución en el caso de la experiencia traumática tiene un buen pronóstico, en cuanto a que se trata de desensibilizar frente al estímulo que desencadenó en su origen la respuesta de miedo. En el ejemplo propuesto, el programa de tratamiento se basaría el manejo con los niños, añadiendo los petardos en el caso de la sensibilización. Por supuesto, dependiendo de que el nivel de miedo alcanzado en el animal sea más o menos incapacitante, podremos añadir la farmacoterapia y las feromonas apaciguantes.

La importancia de la Socialización y las Manipulaciones neonatales

Nos queda una tercera causa por analizar en la etiología del miedo de los perros a las personas. Hablamos de un fallo en la socialización temprana del cachorro, factor que ocupa el segundo lugar en importancia y en pronóstico después del control genético.

Entendemos por periodo de Socialización del cachorro al comprendido entre las 3 y las 12 semanas de vida del mismo. Este periodo en las especies altriciales, al igual que el imprinting que describió Lorenz en las especies precociales, permite al animal impregnarse definitivamente de la conducta social y sexual propia de su especie, así como aceptar al hombre en un imprinting heteroespecífico. Es decir, un perro bien socializado aprendería a “ser perro” y a aceptar al humano como especie amiga.
Esto se consigue exponiendo al cachorro, en un momento determinado del periodo de socialización, a la presencia de humanos.

Las Manipulaciones neonatales consisten en ampliar y completar las que la madre otorga a los cachorros dentro de los cuidados parentales. Una perra no tiene por qué enseñarle a sus cachorros a convivir con los humanos, a establecer unas normas sociales con ellos ni a integrarse dentro de la estructura familiar. Ella les enseñará a “ser perros” y ya tendrá bastante con eso. Es responsabilidad nuestra, ya que los hemos introducido en nuestra vida como compañeros, el mostrarles lo que les falta para ser “ciudadanos” conviviendo con nuestra especie.
Se pueden encontrar muchos de estos programas de manipulaciones adecuados a la especie en cuestión. El utilizado por mi grupo de investigación combina la sencillez en su aplicación y  el éxito ya comprobado en diversas camadas.

Si un perro no ha sido sometido antes de los 3 ó 4 meses de edad a la presencia y a las manipulaciones de personas, lo más posible es que sufra, más tarde o más temprano, algún problema de miedo hacia ellas. Esta relación no debe limitarse únicamente a adultos, sino que debe ser lo más variada posible, siendo normal un problema de miedo a personas del sexo masculino en un perro que no ha sido sometido en la camada a la presencia de éstos, aunque sí haya estado en contacto con niños y mujeres; o un problema de miedo a personas desconocidas, si los cachorros sólo se han relacionado con la familia.

Los fallos en la socialización son muy difíciles de corregir, aunque su pronóstico es mejor cuanto más joven sea el animal y menos complicado sea el problema. Las técnicas son las ya comentadas.

Los periodos vitales del perro.

El comportamiento social del perro comienza al nacimiento y se va complicando y desarrollando a medida que el cachorro se va convirtiendo en adulto. El aprendizaje social va pasando por los estadios de la socialización, el desarrollo de las relaciones de dominancia- sumisión, la maduración del comportamiento y las interacciones entre los individuos del  grupo. Los estudios más completos al respecto sin duda son los de Scott y Fuller.

La existencia de los llamados periodos críticos está basada en el hecho de que determinadas experiencias importantes deben ocurrir en  unos periodos de tiempo concretos, o de otra manera la oportunidad de este aprendizaje no se volverá a dar más adelante. Los dos factores implicados en que aparezcan estos momentos son la oportunidad y facilidad de que ocurran nuevas relaciones sociales y el desarrollo de la capacidad de la memoria. Estos periodos sociales o vitales son 4: neonatal, transición, socialización y juvenil.

El periodo neonatal comprende las dos primeras semanas de vida, justamente hasta que el cachorro abre los ojos y los oídos y de esta manera se prepara para nuevas experiencias sensoriales. A causa de la inmadurez física y neurológica existente a esta edad, la actividad de los cachorros en este periodo se limita a los patrones propiamente infantiles: el sueño y la alimentación a través de la leche materna. Solamente los estímulos táctiles procedentes de la madre y de los compañeros de camada harán que los cachorros tengan algo de actividad.

El periodo de transición comienza cuando se produce la apertura de ojos y oídos y dura una semana. Durante este tiempo los cachorros pasan de reptar para cercarse a la madre y a sus hermanos a elevarse sobre las patas adoptando lo que ya sería una postura parecida a caminar. De esta manera comienzan a alejarse de la paridera y a explorar nuevos estímulos.

El periodo de socialización es sin duda el más importante en la vida del cachorro relativo a las interacciones sociales. Comienza a las 3 semanas de edad, cuando el cachorro es capaz de separarse de la madre, y dura hasta las 12 semanas, edad a la cual los patrones de comportamiento infantiles terminan y los cachorros son más atraídos por la interacción con el ambiente que por la de su madre y hermanos. Durante este periodo observamos la mayor maduración neurológica, física y conductual. El sistema locomotor es capaz de permitir que los cachorros reaccionen al ambiente, el sistema nervioso se acerca al del adulto y comienza el aprendizaje. Todo lo que pretendamos que el cachorro entienda, asimile y aprenda debería ocurrir en este corto periodo de tiempo… ¡Un gran trabajo nos queda por delante!

Los cachorros comienzan la tendencia a cercarse a los extraños a la edad de 3- 5 semanas. Pero a su vez, progresivamente comienzan la tendencia opuesta alcanzando el pico de evitación a la edad de 14 semanas. Esto es un hecho que en condiciones naturales favorece la supervivencia previniendo el contacto con posibles depredadores.
Si nosotros privamos a un cachorro desde el nacimiento hasta las 14 semanas de contacto total con humanos, en el futuro tendremos un perro que nunca tolerará la presencia cercana de uno de nosotros. Es decir, siempre se sentirá incómodo, y manifestará un comportamiento lupino huidizo, o de miedo en el caso de que no tenga escapatoria.

Si por el contrario, privamos al cachorro en el mismo periodo del contacto con perros, y crece con humanos, este perro tendrá serias carencias y conductas anómalas en el plano social y sexual con los de su propia especie.
En otro plano de cosas, el cachorro que permanece confinado a una jaula como único ambiente conocido, desde las 8 semanas hasta los 6 meses de edad, o desde el nacimiento hasta las 14 semanas, presentará un miedo generalizado a otros ambientes diferentes. Incluso aquellos que han sido criados en ambientes pobres en estimulación, mostrarán dificultades de adaptación a ambientes más abiertos, complicados y estimulantes, llegando en casos extremos a una falta total de interés por explorar nuevos ambientes fuera del conocido.

La edad que habitualmente es usada para separar a los cachorros de sus madres y hermanos de camada sería desde las 6 a las 8 semanas, coincidiendo con la edad natural en la que la madre desteta a los cachorros y les enseña independencia en sus actos. Esta separación y cambio de ambiente para convivir con humanos se ha visto que acelera el proceso de socialización con los mismos. Pero no entendamos mal, para que el cachorro se socialice con el humano no es necesario que lo reforcemos con comida ni que prestemos atención a sus lloros y ladridos causados por el distrés de la separación. El proceso se lleva a cabo por sí solo. Si esta separación de los cachorros de su camada no se lleva a cabo, se deberá permitir el contacto diario con humanos desde las 6 hasta las 12 semanas. Y me refiero a todo tipo de humanos.

No obstante es preferible que el cachorro permanezca con su camada hasta que finalice el periodo de socialización, obviamente con las premisas que hemos comentado sobre el contacto con otras especies y la estimulación ambiental.

Según los estudios realizados con cachorros, el aprendizaje estable comienza a partir de las 8 semanas de edad. Si sometemos a un cachorro de 8 ó 9 semanas a una experiencia negativa, será capaz de memorizar esa experiencia y reaccionar igual si esta se repite. Sin embargo, quién no ha visto cachorritos de 5 ó 6 semanas repetir una y otra vez el acercamiento a un gato que le ha dado un zarpazo. Si el acontecimiento negativo supone un trauma para el cachorro, este puede desocializarse y reaccionar con miedo o evitación ante sucesos similares. Un buen ejemplo podría ser la vacunación en la consulta del veterinario. Por el contrario, si la experiencia la llevamos a cabo con un cachorro de 12 semanas de edad, la socialización ya se ha realizado, con lo que aunque haya refuerzo negativo, el cachorro tenderá a acercarse al humano, más que a huir de él, debido a que la socialización ha hecho que se sienta seguro a su lado.

 Por último, el periodo juvenil se extiende desde las 12 semanas hasta la madurez sexual. Si la socialización del cachorro no se sigue recordando durante este periodo se perderá en aproximadamente unos 6 meses. Si no ha sido socializado previamente, será un perro con problemas conductuales de uno u otro tipo el resto de su vida. Durante el periodo juvenil, el cachorro aumenta su interés y su capacidad para explorar nuevos ambientes y seguir su aprendizaje; pero si previamente no tuvo contacto con humanos, los evitará constantemente. En general, la capacidad de aprendizaje aumenta y alcanza su máximo desarrollo, aunque el condicionamiento es más lento que en el periodo anterior.

Consecuencias de los problemas de miedo a las personas

Como en todos los casos de problemas de conducta, lo esencial es el asesoramiento previo de cara a la prevención. En esto es en lo que hacemos hincapié hoy día los profesionales que nos dedicamos a la conducta.

La prevención la abordamos, como ya hemos comentado, desde la selección genética de los individuos y las manipulaciones de las camadas y el ambiente para conseguir una correcta socialización. Quiero destacar que estas técnicas deben ser llevadas a cabo y asesoradas por profesionales en la materia, no es adecuado cualquier tipo de manipulación ni en cualquier momento.

En cuanto a los casos clínicos de miedo ya establecidos, debemos recurrir lo antes posible al especialista, ya que lo que se piensa que no es un problema en su inicio- y que hasta resulta gracioso- puede llevar a desencadenar una agresión a un niño, una persona desconocida o a su propio dueño, simplemente al intentar acariciar al perro.

Por otra parte, un manejo inadecuado del problema puede desembocar en otros problemas de conducta añadidos (ansiedad por separación, fobias y  estereotipias) o en acentuar los ya existentes. Un ejemplo lo tenemos en los  castigos indiscriminados, que sólo provocan en el animal confusión y más miedo, entrando en una espiral sin fin que puede desembocar en un estado de inhibición de toda conducta y relación con el ambiente.

viernes, 1 de junio de 2012

Problemas de Conducta en perros con soledad

La soledad es uno de los principales desencadenantes de los problemas de conducta en los perros.

Si un perro pasa mucho tiempo solo se irrita, angustia y estresa. Demasiada soledad puede provocar falta de apetito, autoagresiones o destrozos del mobiliario. El perro no soporta la soledad porque es un animal social. En muchas ocasiones, la falta de tiempo en nuestra vida cotidiana, se traduce en perros que están demasiado solos e infelices.

Un perro, atado, encerrado, o sólo mucho tiempo, se ve privado de una de sus necesidades más importantes; el derecho a disfrutar de la compañía y el cariño de sus dueños. Y esta situación le provoca estrés e infelicidad, que se traduce, por ejemplo, en conductas destructivas con los objetos de la casa.

Es el animal quien avisa del problema de exceso de soledad: no come, hace sus necesidades por todas partes, está nervioso, celoso e irritable, destroza las cosas, se autolesiona. Todo ello, para llamar la atención de un dueño, que se ha equivocado de animal de compañía y que no entiende las necesidades de su perro.

Las conductas compulsivas

Las conductas compulsivas suelen ser fruto de traumas vividos por el animal y, en ocasiones, para normalizar la situación necesitan tratamiento farmacológico.

Los perros pueden tener este tipo de conductas por varias causas, como por ejemplo las experiencias traumáticas, como el abandono o los malos tratos, pero una de las causas más comunes es el exceso de soledad. Comprensión y paciencia son las mejores armas para ayudar al perro a superar estas conductas compulsivas, que se manifiestan de varias maneras; como los movimientos repetitivos o las autoagresiones. Pero en el caso de la soledad, también hay que solucionar el problema, a base de dedicar más tiempo al perro.

Las conductas compulsivas pueden ser de varios tipos:

-Las que afectan a la movilidad, como dar vueltas sobre sí mismo, perseguirse la cola, los movimientos repetitivos de un lado a otro, perseguir reflejos de luz, quedarse inmóvil, alejarse de manera repentina.

-Otro tipo de conductas compulsivas son las relacionadas con la boca. Es decir, morderse las patas, lamerse o rascarse de manera compulsiva, masticar ropa o comer sustancias inapropiadas e inusuales, como el yeso de las paredes.

-Las autoagresiones también se pueden presentar; puede atacar objetos, personas o mutilarse la cola.
Los ladridos o aullidos continuos. El perro puede ver objetos imaginarios y permanecer con la mirada fija. Algunos expertos consideran estas conductas fruto de problemas neurológicos.

Las conductas compulsivas se consideran una consecuencia del estrés o la frustración. Se cree que hay razas que tienen más disposición a padecerlas, entre las que se encuentran las de gran tamaño.

El tratamiento de la conducta compulsiva pasa por: Detectar la causa que la desencadena. Intentar disminuir el estrés. Evitar castigos por parte de los dueños. Fomentar la actividad física. El tratamiento farmacológico en algunos casos, que prescribirá el veterinario, si lo considere necesario.

Enfermedades físicas y psicológicas

El perro puede sufrir dolencias físicas y también psicológicas. Su conducta y comportamiento requieren una atención especializada. Son los etólogos y adiestradores o psicólogos caninos quienes se encargan de esta disciplina, aunque un veterinario también está capacitado para atender este tipo de temas.

El perro puede estar bien educado y socializado, pero ante determinadas circunstancias, puede reaccionar de manera inadecuada e inusual y los dueños no saben cómo abordar el problema. Se puede comenzar por la consulta del veterinario para que nos aconseje, porque no hay que dejar de dar importancia a un cambio que afecta de manera negativa a la convivencia de la familia con el perro.

Es importante entender que el hacerse cargo de un animal, no sólo consiste en proporcionarle alimento, o atención veterinaria. Para que exista una convivencia satisfactoria, se le debe ofrecer cariño, compañía y hacerle sentir como un miembro más de la familia. Lo contrario no es tener un perro, sino maltratarlo.

Comportamiento social de los perros

Los perros tienen una conducta social muy parecida a la de los lobos. La unidad social típica de los lobos es la manada. El número de individuos que la forma varía según las condiciones ambientales. En el entorno doméstico, los perros se comportan con las personas, como si éstas fueran miembros de su manada.

Debido al proceso de domesticación y a los efectos de la socialización, cuando todavía es un cachorro, el perro es capaz de integrarse en la familia humana que lo acoge. De hecho, el perro considera a sus dueños miembros de la manada, y muestra hacia ellos pautas de conducta parecidas a las que usa con sus congéneres.

La mayoría de los problemas de conducta del perro tienen que ver con el comportamiento social. Por lo tanto, un buen entendimiento en este sentido es importante para conseguir una buena convivencia entre personas y perros.

La importancia del grupo

Los perros necesitan vivir en grupo como forma de sobrevivir ante las adversidades.

Es decir, para ellos el grupo supone poder sumar esfuerzos, por ejemplo, a la hora de cuidar de las crías y así, garantizan la eficacia reproductora del grupo y la supervivencia de sus genes. Los perros establecen una jerarquía social que sirve para regular la distribución de los recursos de la manada. La jerarquía es, de hecho, la base de la conducta social y de las relaciones del perro con otros congéneres, así como ocurre con el ser humano.

Consejos

-Si no se puede dedicar tiempo a un perro para que no se sienta solo, es mejor elegir otro animal que no sea tan social.

-Un perro debe sentirse integrado en la familia con la que convive. Necesita cariño, caricias, pasear, jugar y tener compañía la mayor parte del día.

-Cuando se detecta en el animal cambios de conducta como: más nerviosismo, aumento o descenso notable del apetito, irritabilidad o conductas destructivas con el mobiliario de la casa, es recomendable consultar con el veterinario.