viernes, 22 de noviembre de 2019

Etología Canina - Ciclo Vital del Perro

Erik Farina 1994
Ciclo Vital del Perro, Infancia, Adolescencia y Vejez

Desde el día en que nace un cachorro se empiezan a notar cambios visibles. Crecen y evolucionan a una increíble velocidad, y es fascinante comprobar en apenas 12 meses pasan de ser las criaturas desvalidas de los primeros días a esos intrépidos jovencitos que nos cautivan sin cesar con sus diabluras. Cada día aprenden mil cosas nuevas; jugar, comunicarse, comprender el mundo que les rodea, etc..

El Recién Nacido

Los perros nacen sin poder oír y sin poder ver. Aunque están cubiertos de pelo, necesitan estar en contacto con la madre para mantenerse calientes y protegidos. En los primeros días, el principal órgano sensorial es el del olfato, lo que puede observarse fácilmente contemplando un cachorro recién nacido; su trufa y su morro son desproporcionadamente grandes en relación con el resto del cuerpo.

Desde el principio son capaces de moverse, regresando a la camada si se les aísla del grupo, y también de chillar para avisar a la madre de donde esta situado cuando tiene hambre.

Los cachorros recién nacidos no pueden orinar ni defecar por sí solos, ni tampoco regular su temperatura corporal, y dependen por completo de su madre, que con vigorosos lametones provoca la micción y la deposición; también con su propio cuerpo les proporciona el calor necesario.

Los perros nacen ya capacitados para hacer muchas cosas: los nervios craneales están ya totalmente desarrollados, y eso les permite mamar, tener sensibilidad en el morro, mantenerse en una posición e incluso enderezarse instintivamente. Se trata de un reflejo natural que se produce cada vez que se caen o se les da la vuelta, y consiste en ponerse de nuevo en una posición normal. Si se agarra por la holgada piel de la nuca a un cachorro recién nacido, éste encogerá de forma característica las patas y se mantendrá totalmente inmóvil.

Pero sólo hará esta acción de quedarse inmóvil durante los primeros cuatro o cinco días, después estirará las cuatro patas, poniéndose tieso y separándolas entre sí. Los cachorros con menos de una semana, no pueden ver ni oír bien todavía, pero reaccionan ante los ruidos fuertes. También producen los chillidos fuertes, chillando y gimoteando si se sienten abandonados con el fin de atraer a la madre.

De la 1ª a la 3ª Semana de Vida

En cuanto se abren sus orejitas, los cachorros comienzan a reaccionar ante los sonidos, y aunque no pueden ver con claridad hasta que cumplen más o menos cuatro semanas, intentan ya seguir con los ojos la luz y el movimiento de los objetos.

Los cachorros suelen empezar a moverse con cierta soltura a las tres semanas de edad más o menos, caminando en vez de arrastrarse, y alternan breves períodos de actividad con prolongados períodos durante los cuales duermen profundamente.

De la 3ª a la 6ª Semana de Vida

Con cinco semanas, los cachorros pueden ya oír, ver y olfatear como perros adultos, aunque sólo logran concentrar su atención durante lapsos muy cortos. El destete se inicia normalmente a las tres semanas más o menos, momento en que la secreción láctea empieza a decrecer y la madre a rechazar progresivamente a los cachorros que intentan mamar.

El destete se prolonga normalmente hasta la quinta o sexta semana, y es para los cachorros la primera y más importante lección de convivencia social de su vida, ya que los enseña a soportar la frustración que conlleva el que su madre les niegue el pecho cuando ellos sienten que lo necesitan.

También aprenden mucho jugando con sus hermanos y con la propia madre, pues esto les permite adquirir conciencia de que son perros. Muchas posturas utilizadas en el juego y gestos faciales son adquiridos precisamente en esta época de su vida.

Erik Farina 1994
De la 6ª a la 12ª Semana de Vida

En esta época de su vida, resulta muy esencial la intervención humana. La socialización (proceso durante el cual el cachorro aprende a comportarse con los humanos y con otros perros) debe tener lugar a esta edad. Acostumbrarlo, o exponerlo de forma gradual a todos los elementos y cambios que se producen habitualmente en el entorno resulta esencial también.

Un cachorro debidamente socializado y familiarizado con el entorno se convierte en un adulto seguro de si mismo, feliz, equilibrado y obediente sean cuales sean las circunstancias o los lugares a que deba enfrentarse en el futuro.

A partir de este momento, los cachorros empiezan a recabar enormes cantidades de información sobre el mundo que los rodea. Ya se mueven con soltura, coordinando perfectamente sus movimientos, y pueden tanto correr como saltar y revolcarse. Es ahora cuando más necesitan del juego con sus hermanos y con los humanos para aprender normas de conducta social, y cuando clavan sin cesar sus dientes punzante como alfileres para averiguar qué elementos del mundo que los rodea son seres vivos y cuáles meros objetos inanimados.

Normalmente, después de la séptima semana el cachorro ya está completamente destetado y es capaz de ingerir por sí mismo todo el alimento sólido que necesita para satisfacer sus necesidades nutricionales. Con ocho semanas está preparado para separarse de su madre y de sus hermanos de camada, aunque muchos permanecen junto a la madre hasta que cumplen las diez o doce semanas de vida.

Entre Los 3 y Los 6 Meses de Vida

EN esta época, el perro adquiere gran masa muscular y ósea, preparándose para la pubertad. Entre la 18 y la 20 semana de vida, más o menos, se le caen los dientes de leche y aparece la dentición permanente. Este proceso marca definitivamente el final de la infancia propiamente el final de la infancia propiamente dicha.

El perro experimenta sin cesar diferentes conductas sociales, y tal vez incluso empiece a ensayar comportamientos sexuales, intentando montar cojines, otros animales o a los seres humanos. Puede también entablar juegos competitivos (de fuerza, posesión, etc..) destinados a averiguar cuál es el perro dominante. Por medio del juego aprende a comunicar sus sentimientos y también a asumir y averiguar su propio estatus social.

A esta edad es bastante habitual que los cachorros empiecen a mostrarse extrañamente miedosos, expresando temor ante objetos o personas con los que ya estaban familiarizados. En estas circunstancias, de la reacción del propietario dependerá que esa aprensión se venza o se perpetúe. Obligarle a enfrentarse a lo que teme por la fuerza puede provocar que siga temiéndolo de por vida.

Erik Farina 2012
Entre los 6 y los 12 Meses de Vida

Estos meses representan la adolescencia del perro. A esta edad las hembras tienen su primer celo y los machos alcanzan la madurez sexual. Puede ser una época de tanteo entre el perro y su propietario, ya que las relaciones sociales tal vez se replanteen por completo. Algunas hembras parecen sufrir cambios repentinos de humor antes, durante o después del celo, y tal vez se muestren reacias a permitir que otros perros se les acerquen.

Los machos suelen empezar a levantar la pata para orinar entre los 6 y los 12 meses de su vida. Lo hacen para delimitar su territorio y para enviar a los otros perros información cifrada en en señales olfativas sobre su situación social y sexual. Sus encuentros con otros perros pueden empezar a estar presididos por sentimientos de rivalidad, aunque no se suele llegar a la agresión física, y con frecuencia pretenderán montar a las hembras o a los otros machos intentando convertirse en el macho dominante.

Los dientes de adulto aparecen entre los 6 y los 10 meses de edad, y es posible que el perro sienta un deseo irresistible de mordisquear, intentando aliviar así la tensión en sus encías. Es conveniente proporcionarle abundantes juguetes y mordedores para evitar que rompa cualquier otra cosa.

Entre 1 año y los 4 años

Aunque suelen alcanzar la madurez sexual entre los 6 y los 14 meses, los perros pueden continuar creciendo y desarrollándose psicológicamente durante durante mucho más tiempo. Los perros miniatura tienden a madurar más deprisa que los grandes, y sobre todo si se trata de razas gigantes como el Terranova y el Mastín del Pirineo, que a veces no pueden considerarse propiamente perros adultos hasta los 3 años de edad.

La madurez psicológica, por su parte, tarda a veces mucho en alcanzarse por completo. Los propietarios de razas tan exuberantes como el Boxer, por ejemplo, se preguntan con frecuencia si su perro no piensa hacerse mayor nunca. En esta época, los perros siguen aprendiendo y estableciendo roles tanto en el entorno familiar como en sus relaciones con otros perros.

El Perro Anciano

Anciano es un termino bastante relativo en los perros, ya que la vejez depende en gran medida de la raza, de su estado de salud, su forma física y de la actitud de su propietario. Para un perro activo, sano y en forma, envejecer puede significar simplemente ir relentizando poco a poco su ritmo de vida.

Muchos perros viejos disfrutan todavía de los paseos, jugando con sus amos y relacionándose con los miembros de la familia. Tal vez duerman más horas y más profundamente que antes, y también es posible que necesiten salir más a menudo, ya que los riñones, junto con el hígado, son los primeros en resentirse a causa de la edad. Además de esto último, la pérdida de peso puede ser el primer síntoma de un problema renal o hepático, por lo que conviene estar alerta.

Entre las molestias asociadas a la vejez destacan la artritis y la pérdida de flexibilidad en las articulaciones y la espina dorsal. El sobre peso agrava individualmente cualquier problema geriátrico, por lo que es fundamental prevenirlo.

Algunos perros desarrollan una dependencia patológica con respecto a sus dueños al llegar a la tercera edad; aúllan o lloriquean cuando los dejan solos y se desazonan enormemente cuando no están en contacto con la familia. Esto puede ser síntoma de una degeneración generalizada o simplemente de sordera progresiva, y debe ser revisado por el veterinario.

Los perros a veces padecen un trastorno que podríamos denominar demencia senil, caracterizado por la progresiva desorientación y pérdida de memoria. Actualmente existen medicamentos capaces de aliviar estos síntomas, y no es mala idea consultar al veterinario, que tal vez pueda recetar a su perro algún medicamento que contribuya a hacer los últimos años de su vida tan dulces como merece.

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

Copyright © Por: Erik Farina - Psicolmascot

jueves, 21 de noviembre de 2019

Adiestramiento Canino, La educación del Cachorro

Erik Farina 2016

Por fortuna, se ha avanzado mucho en los últimos 20 años. Si antiguamente se esperaba a que cumpliera seis meses de edad para empezar a educarlos pensando que antes no estaban preparados para afrontar algo tan duro como el adiestramiento, hoy, gracias a los nuevos métodos de adiestramiento y a la mejor comprensión de la psicología canina, es posible indicar la educación de un cachorro desde el día que sigue al de su llegada.

La mayoría de los propietarios creen que el adiestrarlos consiste en enseñarles a sentarse o echarse, pero en realidad un perro puede realizar estas acciones por sí mismo y no necesita que le enseñemos a hacerlo. El adiestramiento consiste en enseñar al perro un idioma extranjero (nuestro idioma) para que pueda entender qué le pedimos que haga y cuándo queremos que lo haga y en consecuencia obedecer.

Educar a un cachorro consiste también en dejarle claro qué cosas le está permitido y cuáles no. Desde muy pronto, los cachorros poseen dientecillos punzantes como alfileres que cumplen un papel muy importante en la educación. En efecto, jugar a morder es no sólo normal en los cachorros, sino también educativo. Los perros, igual que los niños pequeños, exploran el mundo que los rodea introduciendo objetos en su boca. Cualquier objeto que no reaccione cuando le clavan sus afilados dientecillos, debe ser inanimado; y cualquier objeto que dé muestras de dolor será, por fuerza, una persona o animal vivo.

Jugar a Morder

Jugar a morder enseña a los cachorros a moderar la intensidad de su mordedura cuando están jugando con seres vivos. Si ve cachorros muy jóvenes jugando,notará enseguida que ninguno se enfada al ser mordido.. salvo si el que muerde se ha excedido apretando. Si esto ocurre, el mordido chilla de dolor y se niega a continuar jugando durante unos segundos. Y esto mismo debemos hacer nosotros si nuestro cachorro nos muerde demasiado fuerte, para que sepa que nos ha hecho daño y no estamos dispuesto a jugar a sí.

Cuando nuestro cachorro nos haga daño con los dientes no debemos mostrarnos enfadados, sino sólo doloridos (la ira por nuestra parte sería interpretada por ellos como una incomprensible agresión.) Si su cachorro le clava los dientecillos, grite fuerte, dale la espalda y finja que el dolor no le permite seguir jugando. Esta actitud impactará un poco al perro la primera vez, pero no espere resultados inmediatos. Poco a poco, en los próximos días, los mordiscos irán perdiendo intensidad hasta que usted tenga que fingirse dolorido incluso la más leve presión.

Por último, empiece a expresar dolor con el solo roce de los dientes, y el cachorro dejará pronto de morderle. El perro debe aprender que a un humano no se le puede morder nunca, ni siquiera jugando.

Erik Farina 2016
Cuando Muerden Para Llamar La Atención

Algunos cachorros muerden precisamente para provocarnos. Esta conducta suele estar asociada al deseo de llamar la atención y producirse en hogares donde hay niños pequeños que chillan y agitan los brazos histéricos cuando el perro le agarra la ropa. Esto hace, por supuesto, que la mamá venga corriendo a ver que es lo que está pasando y se provoque un gran revuelo alrededor.

El cachorro probablemente se siente muy satisfecho, recuerde que es mejor una regañina a que le ignoren a uno por completo. En estos casos conviene distraer al perro con juguetes y evitar la sobre excitación del niño y del perro. También funciona encerrar al cachorro en su jaulita o en una habitación adaptada y acondicionada al perro, durante un rato de vez en cuando, para que tanto el cachorro como el niño se calmen.

Llevar al Cachorro a Clases de Educación

Una de las formas más rápidas de lograr que un cachorro aprenda a controlar sus mordiscos es haciéndoles jugar con sus congéneres. Si lo lleva a una clase de socialización bien dirigida puede acelerar el proceso al tiempo que recibe ayuda en los demás aspectos del adiestramiento básico.

Encontrar una buena clase de socialización para el cachorro puede ser tan difícil como encontrar un buen colegio para su hijo. Más vale no precipitarse en la elección. Lo más importante es no perder la calma ni la paciencia mientras educa al cachorro; el perro aprenderá pronto si las circunstancias, y el método utilizado son correctos, y tanto el cachorro como usted se beneficiarán.

Lo mejor es ponerse en contacto con un buen etólogo canino con una experiencia de más de 25 años , puede escribir y solicitar asesoramiento escribiendo a: psicolmascot@gmail.com

Como saber si la Clase de Socialización es Buena
-Si lo es, todos los asistentes, humanos o perros, parecerán relajados y felices. Estar disfrutando de la clase.

-En ninguna clase buena se utiliza el castigo, pegar, dar golpecitos con la mano, pataditas o el collar eléctrico, para adiestrar. Lo único que habría es un trauma para el perro y el humano.

-Las clases deben ser poco ruidosas. Gritar es innecesario. Si los perros ladran mucho puede ser síntoma de estar estresados.

-Los métodos utilizados deben ser válidos para su perro y para usted. La comida y los juguetes motivan poderosamente a los cachorros. Para mucho perros no es suficiente una felicitación, una acaricia.

-Deben combinarse de forma armoniosa el adiestramiento (que no sea duro) y el juego controlado entre los perros.

-Si se permite a los cachorros jugar sueltos de la correa, ninguno debe tener menos de 16 semanas cuando comience el curso.

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)



Copyright © Por: Erik Farina - Psicolmascot 

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Adiestramiento Canino – Psicología Canina – Aprendizaje

Erik Farina 2016
La dualidad castigo recompensa, se presenta como la base y el principio mismo de la acción de educación y control que el humano ejerce sobre el perro.

Para la mayoría de los propietarios, la educación de un perro consiste en reprimir algunos comportamientos indeseables y recompensar sus intentos de acercarse a lo que desea. 

Sin embargo, no se debe reducir esas operaciones educativas a manifestaciones impulsivas difíciles de controlar, ya que castigo y recompensa tienen características psicofisiológicas precisas.

Psicología y Aprendizaje

Cuando la psicología experimental definió las diferentes vías del aprendizaje propuso la noción de refuerzo. Éste corresponde a la aparición de una estimulación después de que el animal haya adquirido un nuevo comportamiento, estimulación que ejercerá una influencia sobre la probabilidad de reaparición de aquel comportamiento.

Cuando la estimulación resulte agradable al perro, el comportamiento se verá reforzado y a partir de entonces formará parte del repertorio comportamental del animal: éste lo habrá aprendido. Ese refuerzo positivo (estimulación agradable) es una recompensa. En cambio, si la estimulación es desagradable, rápidamente impedirá la reaparición del nuevo comportamiento; en ese caso se habla de refuerzo negativo o de condicionamiento adverso. El refuerzo negativo es un castigo.

Eficacia de los Castigos y las Recompensas

Los trabajos de los psicólogos nos han permitido definir las características de los castigos y las recompensas.

El primer criterio de la eficacia de una castigo o una recompensa radica en la realidad de su carácter desagradable o positivo para el perro sobre el que se ejercen. En otras palabras, la principal dificultad consiste en apreciar la cualidad punitiva o gratificante de una estimulación.

Cuando el propietario de un perro que se ha orinado en el suelo de su casa, decide castigar al perro metiéndole la nariz en la orina, está convencido de que le inflige una sanción humillante y repugnante. Sin embargo, el estudio del comportamiento de la especia canina permite saber que al perro no le produce asco su orina, sino que le atrae e incluso la absorbería; por consiguiente, meter la nariz del perro en la orina no constituye un castigo, y es un maltrato al animal.

Del mismo modo, recompensar al perro implica que se conozcan los elementos susceptibles de satisfacerle, el deseo de conseguir de nuevo la recompensa ha de ser lo bastante fuerte para motivar la aparición del comportamiento que le está asociado.

El segundo parámetro fundamental es de carácter temporal; por una parte interviene el tiempo transcurrido entre el comportamiento buscado por la operación educativa y el refuerzo positivo o negativo, y, por otra, la repetitividad. Ahí se encuentran las reglas más importantes que se han de conocer, pues su transgresión anularía el efecto del castigo o de la recompensa y hasta podría invertirlo.

Es fundamental saber que el castigo debe ser aplicado inmediatamente después de la acción que se quiere prohibir. Sancionar un comportamiento varios minutos y hasta varias horas después no tiene más efecto que el de poner al perro en una situación que éste es incapaz de interpretar y que puede hacerse ansiógena si se reproduce demasiado a menudo.

Erik Farina 2016
Algunos adiestradores, sin embargo que parece y se creen que consiguen resultados con castigos diferidos, pero esta técnica, mal codificada y que nunca se ha estudiado en serio, es desaconsejable hoy por hoy, pues no hay garantías de que siempre se vea coronada por el éxito, y sobre todo por el bien del perro.

En cuanto a la recompensa, no tiene por qué ser consecutiva a la consecuencia comportamental que se intenta reforzar. Desde luego que debe estarle muy asociada pero lo importante es que no sea repetitiva, ni durante el aprendizaje, ni después; aunque en los primeros momentos del refuerzo es importante que cada buena respuesta del animal tenga su recompensa, después habrá que modificar esa relación.

En efecto, se ha constatado que el refuerzo sistemático anula progresivamente el comportamiento aprendido pues, como se sabe, la banalización de la recompensa disminuye la motivación.

Tan pronto como parezca que el nuevo comportamiento ha sido asimilado, será necesario distribuir las recompensas de manera aleatoria, llevando a cabo lo que se llama un refuerzo intermitente. Esta técnica tiene como efecto consolidar notablemente el aprendizaje y que éste proporcione mejores resultados.

La Teoría en la Práctica

La Recompensa

En primer lugar conviene insistir en la diferencia entre recompensa e incentivo. La recompensa no es visible o en todo caso, no le es directamente accesible al perro hasta que éste haya tenido el comportamiento deseado. El incentivo sí que está disponible de inmediato y el perro no puede saber qué comportamiento le ha permitido conseguirlo.

Hay muchas personas que al no conseguir que el perro acuda cuando lo llaman, le muestran comida para atraerlo. No cabe duda que en tales condiciones el perro acudirá salvo que éste presente otra estimulación más motivadora (una perra en celo, por ejemplo), pero, después, sólo reproduciría aquel comportamiento si ve la comida, que en este caso tiene una función de incentivo. En tal supuesto, recompensar consistirá en darle una golosina cualquiera cuando el perro haya respondido a la llamada y acuda.

Así, pues, recompensar al perro es encontrar una estimulación que le resulte gratificante. Una golosina y el contacto físico con el dueño son dos ejemplos de recompensa particularmente evidentes y simples.

A resaltar que las caricias deben ser muy marcadas, casi caricaturescas incluso, al principio del aprendizaje; el dueño ha de abrazar al perro y manifestar muy fuertemente su alegría jugando con la entonación de la voz para que el perro se entere de que está contento.

El Castigo

Ante todo conviene resaltar, que al perro nunca se le puede pegar, la mano que le acaricia y le premia no puede castigarle con agresión, nunca debe tocar al perro para un castigo. Simplemente con una voz diferente de enfado y el NO, seguidamente de alejarnos de el o no hacerle caso, será suficiente como castigo, o terminar el juego con el.

Si el perro se tumba y presenta el vientre, mostrando sumisión, se deberá dar por terminada la corrección. Hay que enseñarle a asociar la palabra corta del NO como un castigo, siempre sin tocar al perro.

Recuerde siempre que los aprendizajes positivos (por recompensa) son más sólidos que los aprendizajes represivos (por castigo). De modo que es preferible enseñar al perro lo que se quiere que haga en vez de esperar a que haya cometido un error para reprenderlo.

Si desea recibir clases de adiestramiento canino en positivo, cognitivo emocional, modificación de conducta o una educación básica, puede escribirnos al correo; psicolmascot@gmail.com

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

Copyright © Por: Erik Farina - Psicolmascot

martes, 19 de noviembre de 2019

Adoptar un perro adulto

Erik Farina 2016
Los Perros Adultos Ofrecen Beneficios para las Personas de la Tercera Edad.

Durante muchos años adoptar perros adultos era un problema, puesto que a estos animales les quedaban menos años de vida, estos tienden a no tener una buena oportunidad en la adopción.

Los Perros pueden tener una vida más larga, gracias a lo avanzado que está la medicina veterinaria y los alimentos adecuados para ellos en los últimos diez años. 

Es una evolución maravillosa para los perros, que están creciendo y haciéndose mayores en las protectoras.

La triste verdad es que los perros mayores tienen que esperar mucho más tiempo para ser adoptados en sus nuevos hogares, que los más jóvenes o los cachorros. Una mascota normalmente tarda tres meses en ser adoptada una vez que entra en la protectora, pero los perfiles de los perros mayores permanecen allí casi un año. Para poder ayudar a estos perros adultos, se inician campañas de adopción del perro adulto, dedicada educar a las personas, y enseñarles los beneficios de tener un perro adulto.

Las familias que adoptaron perros adultos, cuentan sus pros y sus contras, pero siempre es mayor los beneficios. Los dueños de los perros dicen que estos ya están educados, no son destructivos como los cachorros, y las necesidades las hacen fuera, y por lo general son más tranquilos y tienen menor energía que los perros cachorros y los jóvenes juguetones. Un gran grupo en particular parece beneficiar enormemente a los hogares que tienen personas de la tercera edad.

Hemos escrito varios artículos sobre los beneficios en la salud de las personas propietarias de un perro, y sobre la vinculación de las mascotas mayores con necesidad de una vivienda con personas de la tercera edad en necesidad de tener compañía, que pueden proporcionarse beneficios inconmensurables para ambas partes. 

Los perros pueden tener un hogar lleno de amor que se lo merecen y para las personas mayores poder beneficiarse de ejercitar su mente, su cuerpo y su corazón mediante la adopción del perro. 

Erik Farina 2016
Para muchas personas mayores, tener un animal de compañía le proporciona el contacto social esencial y no experimentarán lo contrario. 

En un estudio de los dueños de perros de edad avanzada que vivían solas, el 75 por ciento de los varones y el 67 por ciento de las mujeres dijeron que su perro era su única amiga.

Los estudios de las personas mayores también han documentado que los dueños de los perros pasaron un promedio de 1,5 horas por día fuera de casa al aire libre con el perro. Dado que el ejercicio regular juega un papel central en el bienestar físico, incluyendo la ayuda para evitar la fractura de cadera y el aumento de la función cardiovascular, los beneficios de tener una mascota para una persona dela tercera edad son evidentes.

Las personas de la tercera edad que han adoptado un perro adulto, se han transformado en personas más felices. Las personas de la tercera edad, se sienten solas y aisladas, sobretodo si su mascota anterior había fallecido. Estas personas no pueden tener un cachorro lleno de energía, desobediente y que tenga que salir más de cuatro veces al día. Un perro mayor con más necesidad de cariño y amor que juego, es más apropiado para este tipo de personas.

Un perro a partir de los cinco años no es tan activo, puede tener sus horas entusiastas de sentirse joven, pero está acostumbrado a estar tranquilo y hacer sus necesidades fuera, y prefiere estar en casa. Le puede infundir felicidad y una nueva perspectiva en la vida a una persona que vive sola. Las personas se vuelven más sociables, tienen su grupo de paseo de amigos con perros, estos paseos diarios se convierten en beneficios para la salud, el ejercicio de andar, ayuda a la perdida de peso, la presión arterial es baja y está mas lúcida mentalmente.


La tercera edad sea en un perro como en una persona, tienen mucho amor que pueden dar, pero a menudo experimentan la soledad o el abandono a medida que envejecen. Los perros mayores y las personas mayores, pueden complementarse perfectamente, y cambiar la vida de cada uno siempre para mejor. Ellos tienen una gran vida de felicidad que pueden disfrutar juntos día a día.


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

Copyright © Por: Erik Farina - Psicolmascot

lunes, 18 de noviembre de 2019

Etólogía Canina - Los perros adoptados

Erik Farina 2016
Un perro adoptado de una protectora, es un perro maltratado y precisa una rutina de horarios, contar con un lugar caliente y recibir palabras amables por parte de su nuevo dueño.

Un perro que ha sufrido maltrato suele mostrarse nervioso y temeroso. El daño sufrido explicará que el animal pueda experimentar, en un principio, recelo hacia las personas. Reeducar a un perro que ha padecido abusos físicos o psicológicos por parte de su anterior dueño precisa tiempo, cariño y ciertos esfuerzos para lograr que la mascota confíe en su nueva familia, y que pueda ser, al final, feliz.

Los abusos físicos o psicológicos sufridos por un perro pueden dejar profundas secuelas en el animal, que serán de mayor intensidad cuanto más se prolongue la triste y deplorable situación de abuso.

Existen ciertos trastornos del comportamiento que caracterizan a las mascotas que han padecido maltrato en algún momento de su vida, y que aún no se han rehabilitado.

La desconfianza hacia las personas de su entorno o hacia otros perros; la tristeza, los síntomas de depresión e incluso determinados comportamientos agresivos pueden explicarse, en ocasiones, como consecuencia del maltrato sufrido.

Tampoco es extraño que un perro víctima de maltratos desarrolle ciertas conductas compulsivas, que realiza de forma repetida y sin razón aparente. Los ladridos excesivos, lamer superficies de un modo anómalo, perseguir de forma obsesiva su propia cola o mostrarse obcecado con excavar todo tipo de superficies son algunas de las señales que pueden indicar que el perro ha padecido algún maltrato.

Recuperar a un perro maltratado: claves

Primer paso: movimientos lentos. Un perro que ha sufrido maltrato puede relacionar los gestos bruscos y rápidos con los tristes episodios de violencia sufrida. Caminar de forma lenta, cuanto más despacio, mejor. Cuando se acerque al perro que ha sufrido abusos ayudará al can a recuperar la confianza en las personas. Los pasos lentos pueden repetirse alrededor del animal: cuando la mascota vea que no ocurre nada malo se sentirá más confiada ante su presencia.

Segundo paso: use un tono de voz suave. Utilizar un tono de voz suave, así como echar mano de la dulzura cuando se dirija a su mascota, propiciará que el perro que ha sufrido maltrato se acostumbre a su voz. Recuerde que el animal relaciona las voces elevadas con los episodios violentos sufridos, y que, en consecuencia, tiende a huir para refugiarse cuando escucha gritos o ruidos estruendosos.

Tercer paso: proporcione un lugar caliente a su mascota maltratada. Acondicionar un sitio tranquilo y separado del resto de la familia ayudará al perro que ha sufrido maltrato o que ha sido abandonado a estar calmado durante los primeros días en casa. Una opción es preparar una habitación aparte para el animal: contar con un espacio propio le ayudará a recuperar la confianza. La habitación debe contar con una zona caliente para que el perro descanse (una manta, por ejemplo), con comida y agua.

Erik Farina 2016
Cuarto paso: premie a su mascota maltratada con largos paseos. Los juegos y caminatas al aire libre suelen ser una de las actividades preferidas por los perros, además de tratarse de un ejercicio esencial para mantener la buena salud del animal. La actividad física ayudará, asimismo, al can que ha experimentado abusos a relajarse y a liberar tensión.

Un perro que ha sufrido episodios de violencia puede tender a huir: es importante que el dueño utilice una correa extensible en todo momento durante los primeros paseos, hasta asegurarse de que conoce al animal y que puede anticiparse a un comportamiento inesperado por parte de éste. La primera vez que suelte al perro es preferible que sea en lugares acotados, vallados o en áreas caninas de juego, donde el animal pueda correr sin riesgo a extraviarse.

Quinto paso: cumpla con una rutina diaria para su perro. Contar con un horario fijo en la rutina diaria de su perro ayudará al animal maltratado a recuperar la calma y la confianza. Trate de fijar las horas de los paseos diarios de su mascota, y empéñese en respetar el horario de comidas: su perro se sentirá menos despistado y se adaptará mejor a su nueva familia.

Que sea una única persona la que se encargue de los cuidados básicos del perro maltratado que llega a casa es una buena idea cuando se trata de orientar al animal.

Consejos

-Camine de forma lenta cuando se acerque al perro maltratado. Los pasos lentos pueden repetirse alrededor del animal: cuando la mascota vea que no ocurre nada malo se sentirá más confiada ante su presencia.

-Utilice un tono de voz suave y dulce para dirigirse a su mascota: le ayudará a acostumbrarse a su voz.

-Acondicione una habitación propia para el animal durante sus primeros días en casa: le ayudará a recuperar la confianza.

-Los paseos al aire libre ayudarán al can que ha experimentado un abuso a relajarse y a liberar tensión.

-Un perro que ha sufrido episodios de violencia puede tender a huir: es importante que el dueño utilice una correa extensible durante los primeros paseos.

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)