Comportamiento Social del Perro
Capítulo 3
Relaciones entre perros adultos
Ciertamente no se puede afirmar que
entre dos perros adultos pueda darse una cierta forma de diálogo
tal como lo entendemos nosotros. Difícilmente el perro más
fuerte aceptará rebajarse a pactar con el perro sometido.
Afortunadamente, en el comportamiento
canino existen distintas estratagemas para manifestar su fuerza y
evitar luchas demasiado cruentas. La disputa por un hueso es el
clásico ejemplo de lucha entre dos perros que comprende diversos
mecanismos de persuasión en
donde cada contendiente utiliza las estratagemas más variadas para
obtener y o mantener la posesión del hueso.
Si al
comienzo del encuentro uno de los dos perros tiene ya el hueso, tiene
parte de ventaja, como si jugase en casa. En realidad, en la mayoría
de los casos la posesión constituye una parte importante de la ley
canina, y un perro puede quedarse con el hueso incluso frente a
perros de rango mayor.
Sólo
un perro particularmente prepotente y desde luego de rango muy
elevado podría atreverse a quitar el hueso que está en posesión de
otro. Y lo puede hacer de manera muy sencilla acercándose
directamente y dando a entender que lo quiere, o bien, si el otro no
tiene intención de soltarlo, con una serie de amenazas como gruñidos
o ladridos y pequeños ataques.
Si
los dos perros se conocen, y por tanto cada uno sabe la categoría
del otro, la situación se simplifica; el más débil puede dejarlo
con total naturalidad simulando que no le importa nada, aunque el
hueso fuera suyo. Este comportamiento que el humano calificaría de
cobardes, es en
realidad del todo natural. No es miedo propiamente dicho lo que
empuja a un perro a renunciar a su hueso; simplemente es normal que
se lo deje al perro más fuerte.
En
cambio la presencia de un tercer perro, puede complicar mucho las
cosas.
A
veces, la sola presencia de un perro puede influir en el
comportamiento de otro sin lugar a dudas. Un perro subordinado puede
aparentar querer un hueso de otro perro de rango mayor, aunque nada
más sea porque cerca hay otro perro de rango todavía mayor con el
que tiene alguna relación de simpatía.
Puede
también darse que la disputa por el hueso entre dos hembras esté ya
resuelta, y una de ellas, la dominante, se haya apropiado de él en
presencia de un tercer perro, un macho, y podría suceder que fuera
este último quien se lo apropiara para compartirlo a solas con la
hembra subordinada.
Situaciones
de este tipo son numerosas y dependen de las preferencias, las
amistades y los distintos caracteres de los perros implicados.
En el
caso de encuentros entre perros que no se conocen o de perros del
mismo rango, se pone en marcha una actitud de amenaza con gruñidos,
refunfuños y ladridos. La tensión sube enormemente y parece que de
un momento a otro pueda estallar la ira de los contendientes.
Pero
de ordinario, un perro decide dejarlo tras haber captado la
superioridad del adversario; doblará entonces la cabeza de lado y se
alejará lentamente marcando el terreno con orina.
A
veces se puede llegar a una lucha propiamente dicha que será tanto
más cruenta cuanto los perros sean de parecidas fuerzas. Pero en
general la lucha se decide en poco tiempo, y aunque haya mucho ruido
los mordiscos y por tanto las heridas que se hagan serán de poca
importancia.
Hay
sin embargo, algunas razas de perros que han sido seleccionadas para
luchar con tenacidad, aunque se encuentren debilitadas por las
heridas de su enemigo.
Una
vez resuelta la disputa, el comportamiento del vencedor cambia. Ya
seguro de ser el dominador, puede hacer alardes ante el perdedor
mostrando el hueso conquistado.
Algunos
pueden continuar amenazando al vencido hasta que éste se aleja lo
suficiente. A veces, aunque el vencido dé señales de sumisión, el
vencedor puede continuar amenazando al adversario enseñando los
dientes o ladrando.
Este
comportamiento no sirve sólo para simbolizar la victoria y por tanto
la humillación del vencido, sino también para advertir al
adversario que debe mantenerse lejos en posibles futuros encuentros.
El
caso descrito de lucha por un hueso representa sólo un ejemplo de
interacción entre dos perros, pero las mismas luchas pueden
observarse en cualquier disputa que puede surgir por cualquier motivo
o juguete.
Aunque
normalmente haya dos escalas jerárquicas distintas, la de los macho
y la de las hembras, también el trato entre los machos y las hembras
está regulado por relaciones de dominio.
La
jerarquía de los machos es extremadamente estable, mientras que la
de las hembras puede variar de semana a semana. En los casos en que
los perros provienen de la misma camada, el rango de cada perro está
ya establecido desde la infancia. Entre las hembras el tamaño de las
perras no es en realidad importante para establecer la jerarquía,
mientras que en los machos los perros más grandes y pesados tienden
a dominar sobre otros.
En
cuanto a las relaciones entre los machos y las hembras, son
generalmente los primeros los que dominan, sea por su tamaño, por
término medio más grande que las hembras, sea por su mayor
agresividad. En cualquier caso es muy difícil que se dé el caso
contrario.
Las
diferencias en las relaciones de dominio que se advierten entre los
machos y las hembras se explican fácilmente observando sus
diferencias de comportamiento. Raramente las hembras llegan a luchar
entre sí, estableciendo de ordinario su dominio mediante refunfuños,
gruñidos y ladridos, o simulando amenazas.
Lo
machos luchan entre sí con más facilidad, y naturalmente en estos
casos su mayor tamaño es importante para determinar quién será el
vencedor y las consecuencias de la pelea.
Del
mismo modo, es difícil que un macho se deje intimidar por las
simulaciones de amenaza de una hembra, ya que responderá sin más
con un verdadero ataque y el resultado será que, ya por su mayor
tamaño ya por su agresividad, saldrá vencedor el macho.
CAPÍTULO 4
Por:
Erik Farina (Etólogo Canino)
PSICOLMASCOT
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