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viernes, 2 de abril de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 14

Erik Farina año 2000

 

Comportamiento Social del Perro Capítulo 14


El Carácter del Perro


La causa mayor antipática de muchas personas hacia los perros está en el miedo ante sus posibles reacciones agresivas sin motivo aparente.


En efecto, la agresividad es el comportamiento canino que más teme el humano, y al mismo tiempo es uno de los caracteres más deseables en los perro de guarda y defensa, y por lo tanto una de las razones fundamentales de su domesticación en los albores de la humanidad.


De este contraste nace la difícil relación con la agresividad natural de los perros: por una parte se quisiera que nuestro perro fuese dócil y amistoso con los parientes y con los amigos y que fuera agresivo con los extraños; y por otra está la convicción de que el perro no puede razonar con nuestra cabeza y de que su modo de dispensar saludos amistosos no se basa en unos parámetros totalmente distintos.


Para averiguar las intenciones de un perro se debe tratar de comprender los mensajes que el perro, voluntario o involuntariamente, nos trasmite con su lenguaje corporal.


Un modo óptimo para entender el estado y las intenciones del perro que se nos acerca es observar la posición de sus orejas y de su rabo; y puesto que los esquemas de comportamiento que regulan los mensajes entre los perros son innatos en todos los perros, es raro encontrar perros que se comporten de manera extraña e inusual salvo problemas congénitos añadidos.


Una vez entendido el verdadero significado de las posiciones de la cabeza, orejas y rabo, no será difícil actuar en consecuencia y decidir si acariciar al perro siempre que sea el perro el que se acerca, o evitarlo del todo.


Hay que subrayar que la agresividad en los perros varía mucho de un perro a otro, y de raza a raza, y son muy diversos los factores que la determinan.



Erik Farina año 1994


El periodo de socialización de los cachorros tiene una importancia fundamental para las futuras relaciones con otros perros o con los humanos.


Como diré en el capítulo sobre las relaciones entre madre y cachorros, durante la fase de su crecimiento los cachorros desarrollan las relaciones sociales más fuertes con los demás perros.


Si durante este período no se les da a los cachorros la posibilidad de desarrollar relaciones con los humanos, en el futuro mostrarán siempre miedo y aversión por los humanos, y podrán resultar agresivos.


También el sexo tiene su importancia en el desarrollo de la agresividad; los machos son siempre más agresivos que las hembras, cosa que deberá tener en cuenta quien quiera adoptar un perro que no sea excesivamente problemático.


Pero hay también factores genéticos que determinan en gran medida la agresividad de los perros. Es evidente que los de razas seleccionadas expresamente para la guarda y la defensa son mucho más agresivos que los de las razas seleccionadas para perros de compañía con los que compartir buenos momentos, o perros de asistencia, como en de los invidentes, los lazarillos.


Durante generaciones y generaciones de perros, los ganaderos han seleccionado algunas razas acentuando su agresividad. Se ha demostrado que la agresividad de estos perros es mucho mayor que la de otras razas.


Otros perros que han sido criados menos agresivos, como por ejemplo los perros cobradores, que hoy en día se utilizan en rescate, salvamento, perros de asistencia, terapia, etc...


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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lunes, 22 de marzo de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 13


 

Comportamiento Social del Perro Capítulo 13


El Lenguaje del Rabo en el Perro


También el Rabo, que el perro puede llevar levantado y vertical o metido por debajo de la barriga entre las patas, indica distintos grados de situaciones anímicas propias del perro, desde la actitud del dominador hasta la del sometido.


De ordinario se piensa que cuando el perro menea el rabo indica amistad y docilidad. En realidad se trata más bien de la posición del rabo, y su distinta angulación respecto al cuerpo, que indica el estado de una situación de conflictividad que el perro está viviendo, es decir de un contraste entre el deseo de llevar a cabo una acción y el miedo de ejecutarla.


El perro menea el rabo cuando el propietario vuelve a casa porque está contento de volver a verlo, pero al mismo tiempo se siente sometido y por tanto con miedo.


Un perro que está comiendo en su casa, si está solo tendrá el rabo quieto, pero al acercarse una persona empezará a moverlo porque se encuentra ante el contraste interior del placer de su comida y el temor de que se la puedan quitar.


Esto no se da de ordinario en los perros agresivos, porque éstos se pondrán a gruñir.


El Rabo metido entre las Patas; Refleja miedo. Cuanto más tenga la cola metida entre las piernas, mayor es su grado de miedo ante alguna amenaza externa. También puede referirse a un estado de nerviosismo e incluso a una falta de confianza.


Movimientos Rápidos con el Rabo: Presenta felicidad, o nerviosismo y ansiedad. Cuando entras en casa y tu perro está muy contento de verte, el movimiento tiende hacia la derecha.


Movimientos circulares con el Rabo: El Perro se está divirtiendo tanto con los humanos como con los perros con los que esté jugando.


El Rabo Tieso y recto: El Perro quiere asustar a un intruso que se está metiendo en su territorio. Tendrá también el pelo erizado. Cuando tiende a la izquierda significa que tu perro está analizando a un perro desconocido.


El Rabo hacia abajo moviéndose cerca de las patas: Inseguridad y ansiedad. Si el movimiento tiende hacia a la izquierda es que se sienten amenazados.


El Rabo levantado pero con curva: Puede parecer dominante, pero significa tranquilidad y confianza.


Si el Rabo del perro se mueve a un ritmo pausado y con el cuerpo relajado en paseo matutino por la casa, eso nos da una señal de calma y tranquilidad.


CAPÍTULO 14: EL CARÁCTER DEL PERRO


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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viernes, 19 de marzo de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 12


 

Comportamiento Social del Perro Capítulo 12


El Lenguaje de las Orejas del Perro


El ladrido y el aullido no son los únicos mecanismos de comunicación entre los perros. En el comportamiento territorial hemos visto hasta qué punto la marcación con los excrementos es útil para difundir mensajes dentro de la población de perros o lobos.


Otro mecanismo de comunicación mucho más complejo que los acústicos y olfativos es el visual, es decir, el que comprende una amplia gama de posturas y movimientos del cuerpo y distintas expresiones de la cara y de los ojos.


La particularidad de este modo de comunicación es el de estar constituido por una infinidad de pequeños detalles, a veces tan sutiles que resultan difíciles de identificar a un observador humano, y que pueden indicar un mensaje preciso, pero mucho más a menudo enriquecido con pequeños matices que contienen informaciones incluso contradictorias.


Es sabido que la posición de las orejas indica un amplio espectro de situaciones distintas; echadas hacia atrás indican sumisión, pero cuando están hacia adelante el mensaje es agresivo.


Muchas razas caninas poseen unas orejas caídas como carácter distinto. Esta particularidad, que probablemente ocurrió por una intervención casual en la historia evolutiva del perro doméstico, el humano debió seleccionarla después por que daba al perro un aspecto menos agresivo y por tanto, al menos intencionalmente, menos peligroso para tenerlo a su lado.


Es interesante observar que muchos perros guardianes de rebaños como el Pastor del Pirineo, el Kuvasz y el Mastín Español, tienen las orejas caídas que les permite moverse entre las ovejas sin espantarlas.


Es totalmente inexacto sostener que las orejas caídas, o incluso las práctica de cortarlas que todavía se practica entre los pastores de los países del Este de Europa, sirva para evitar la derrota en las luchas con los Lobos, que podrían encontrar en las orejas un punto fácil y vulnerable.


Los mismos Lobos tienen unas magníficas orejas perfectamente tiesas, que además de permitirles un oído óptimo les da la facilidad de comunicar sus estados de ánimo, y sin embargo no por eso las luchas jerárquicas entre ellos son más cuentas o menos ventajosas.


Antiguamente y en algunos países se permite aún el corte de orejas, hay razas de perros de guarda y defensa como el Doberman o el Boxer que tienen orejas flexibles y de las que sus criadores o propietarios, para quitarles su aspecto sumiso, les cortan una parte, dejando sólo un esbozo del pabellón auricular que permanece tieso, dándole así un aspecto más agresivo. Hoy por suerte ya está prohibido en España y en casi todo Europa, espero y deseo que esté prohibido en todo los países del mundo definitivamente.


CAPÍTULO 13


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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martes, 16 de marzo de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 11

Erik Farina 2014

 


Comportamiento Social del Perro Capítulo 11


El Aullido del Perro


Aunque todavía no está muy claro el significado del aullido, hay quien le da un significado territorial o considera que es una especia de lenguaje propiamente dicho, se piensa comúnmente que su interpretación exacta es la de reforzar la cohesión del grupo.


Es, por lo tanto, un momento muy importante para una manada de Lobos porque permite mantener la unión del clan.


En los perros esta costumbre se ha ido perdiendo porque el correlativo de la manada, la familia no emplea el mismo sistema.


Es conocido, sin embargo, el caso de algunos perros que en momentos de euforia colectiva dentro del grupo familiar, comienzan espontáneamente a aullar, sumándose así al regocijo general.


En nuestras exploraciones por varias partes del Norte de España, para averiguar la presencia de Lobos, solíamos estimular la respuesta de los Lobos aullando nosotros también.


Un perro que venía a menudo con nosotros tenía un comportamiento extraño; cuando estábamos 2 o más personas aullando, también él se unía al coro, pero si era una persona sola, se quedaba aparte sin participar.


Probablemente en el caso de varias personas sentía el espíritu del grupo, que evidentemente no sentía cuando era una sola persona que estaba aullando.


El aullido espontáneo permanece todavía en algunos perros y conserva su significado social. En efecto, hay perros, encerrados en perreras o en jardines, que “sienten la soledad” y por tanto aúllan para dar a conocer su estado y para llamar a los otros animales.


Sin embargo, no es muy difícil estimular la respuesta del aullido también en los perros mediante una simple grabación, hasta el punto de que en el estado salvaje no se puede nunca saber con certeza si los animales que responden son Lobos o perros salvajes.


CAPÍTULO 12


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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lunes, 15 de marzo de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 10

Erik Farina 2021

 

Comportamiento Social del Perro Capítulo 10


El Ladrido del Perro


El contacto acústico representa un aspecto muy interesante de la biología del perro, sobre todo por las diferencias sustanciales que muestra con respecto a su antepasado el Lobo.


Todo el mundo sabe que mientras los perros suelen ladrar con mucha frecuencia y asiduidad que los Lobos, éstos utilizan más el aullido que aquellos.


Naturalmente la explicación hay que buscarla en la influencia de la selección operada por el hombre con la domesticación, y en el hecho de que han ido desapareciendo los estímulos que desencadenan estas actividades.


Se cree normalmente que el ladrido representa una amenaza, y la gente teme de ordinario a los perros que ladran.


En el estado salvaje el significado real del ladrido es totalmente distinto. Los Lobos recurren al ladrido exclusivamente para señalar un peligro, o mejorar un factor de desorden, y sirve para llamar la atención a los miembros de la manada sobre el que llega.


Es casi siempre un ladrido sencillo, único y raramente doble, y funciona como una campanilla de alarma: los cachorros huyen enseguida hacia un refugio y los adultos se reúnen para captar la proveniencia y la entidad del desorden.


Apenas identificada la fuente los Lobos deciden cómo comportarse; o entienden que ha sido una falsa alarma y entonces reanudan sus actividades interrumpidas, o deciden atacar o escapar.


Tal comportamiento es totalmente inusual en las situaciones normales de los perros domésticos. El ladrido no es casi nunca único, sino que se transforma en una histeria perruna que implica también a los perros del contorno.


Erik Farina 2014


Seguramente tal costumbre es producto de la selección del humano que, al necesitar perros guardianes y perros centinelas, ha favorecido la reproducción de perros que ladraban más asiduamente, produciendo muchas razas que no es exagerando definir como extremadamente molestas y fastidiosas para el sentido del oído.


Seguramente el ladrido se ha reforzado también por el hecho de que el perro no puede reaccionar como lo haría en su estado salvaje, es decir, escapando o atacando, y por eso continúa ladrando.


A este propósito hay que decir que el dicho que afirma “Perro ladrador poco mordedor”, es en parte verdadero. En efecto, si un perro que tienen la posibilidad de atacar y que ya está cerca de vosotros, sigue con sus ladridos, significa que tiene miedo de acometer, y os podéis alejar sin temor.


Todas las veces que he visto en los domicilios a los perros ladrando, ha sido sólo una advertencia y luego ha venido el ataque. El posible mordisco que ustedes puedan recibir de un perro lo mas seguro que lo haga sin ladrar, con un simple gruñido se lanzará a morder.


Una prueba de que la característica del ladrido es obra de la selección del humano está en los perros de caza que por necesidad deben ladrar mucho menos pues de lo contrario harían huir a la presa.


También los Basenji, perros salvajes africanos, ladran muy poco, lo que prueba que el ladrido es contraproducente en el estado salvaje ya que puede atraer a los depredadores, hoy en día una raza bien consolidada en los hogares que se selecciona porque no suele ladrar.


CAPÍTULO 11


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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viernes, 5 de marzo de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 9

Erik Farina Psicolmascot

 

Comportamiento Social del Perro Capítulo 9


El Juego en los Perros


Como para los niños, el juego es una parte esencial para el crecimiento de los cachorros. A través del juego aumentan las posibilidades de aprendizaje.


Se comienza con actividades que llevan a los cachorros a descubrir el olfato, la vista y el tacto, para después pasar a los juegos motores.


Gradualmente todos los aspectos del comportamiento adulto aparecen como actividad lúdica: provocaciones, persecuciones, amenazas, destrozos de objetos entre los dientes desgarrando el objeto; juguetes, trapos, ropa, zapatos, etc..


A menudo estos juegos van acompañados de gruñidos y ladridos, que sirven para coordinar las acciones entre los cachorros.


Las actividades lúdicas presentan un interés especial, ya que los cachorros experimentan así todas sus posibilidades de actividad autónoma: saltan y corren cambiando a menudo de dirección, se revuelcan por tierra descubriendo e inventando nuevas coordinaciones matrices, y echan la base para el desarrollo de las aptitudes venatorias en los adultos y consecuentemente de su autosuficiencia.


El comportamiento de juego comprende también competiciones lúdicas que dan lugar a las relaciones entre los perros, las mismas relaciones que después se estabilizarán según el esquema dominador subordinado.


Actividades como persecuciones y competiciones se necesitan al menos dos perros, pero no siempre los perros están dispuestos a jugar.


Entre los perros, y no sólo entre los cachorros, sino también entre sujetos más maduros, se han desarrollado algunos esquemas de comportamiento de “invitación al juego”, que se utilizan también para tratar de implicar a los compañeros humanos.


Erik Farina Psicolmascot


El más conocido de estos esquemas es la inclinación, que es una especie de estiramiento de las patas y bajando la cabeza hasta el suelo. Se ha discutido mucho sobre la razón de por qué se ha desarrollado tal comportamiento, pero no se ha dado todavía una respuesta satisfactoria.


Una hipótesis es que la inclinación es un verdadero estiramiento modificado que indica que el perro está completamente relajado y que los ataques y las huidas que se apresta a hacer no deben considerarse como algo sería, yo lo considero como una reverencia perruna a la invitación del juego, una provocación para iniciarlo.


A veces algunos perros particularmente excitados en el juego hacen movimientos exageradamente ostentosos como carreras rapidísimas, saltos con contorsiones, breves zig-zag, e intervalos de inclinación como invitación al juego; todo esto no es más que una manera de mostrar su ostentación todo lo que pueden.


Pero hay otras señales que se lanzan los perros para invitar a sus compañeros a jugar, sean perro o humanos. Una es la llamada “cara de juego”, una expresión equivalente a la sonrisa humana; los labios están estirados horizontalmente hacia atrás, y las mandíbulas están ligeramente abiertas aunque sin mostrar los dientes.


En un cierto sentido, como posición de los músculos faciales, es lo opuesto del gruñido de un perro enfadado, en el que las extremidades de la boca se echan hacia adelante y se muestran los dientes.


Un perro con cara de jugar resulta totalmente inofensivo para el humano.


Otras incitaciones al juego son el toque con el hocico, el toque con la pata y la oferta.


Erik Farina Psicolmascot


El toque con el hocico deriva del comportamiento infantil de búsqueda de los pezones de la madre, e igualmente el toque con la pata proviene de otro comportamiento alimenticio infantil.


Hay otras veces en que si un perro quiere jugar, puede sentarse frente al compañero de juego y alzar la pata dando golpes en el aire.


La oferta, en cambio, consiste en llevar un objeto, como una pelota, un juguete u otra cosa ante el compañero de juego, poner la oferta en el suelo entre sus patas y esperar la respuesta del otro.


Apenas el compañero trata de cogerlo, el perro aferra la oferta con los dientes y sale huyendo. Si entonces el otro le persigue, habrá tenido éxito al implicarle en el juego; de lo contrario, deberá comenzar de nuevo.


Cuando el que inicia el juego es un perro dominador pone en marcha un comportamiento especial para asegurar al sometido que se trata de un juego.


Con este fin, el dominador puede tenderse en el suelo mostrando el vientre. Esto hace sentirse al sometido más a su aire y le permitirá comenzar el juego.


A menudo muchos perros se muestran particularmente agresivos en el juego, y la explicación hay que buscarla en la etapa infantil. En efecto, cuando a las pocas semanas de edad comienza las luchas entre los cachorros, los pequeños dientes afilados provocan dolor en los hermanos.


Pero cuando ocurre que los mordiscos fuertes interrumpen sus reyertas lúdicas, los cachorros aprenden a controlar la fuerza de sus mandíbulas, la inhibición de la mordida.


Los perros que han estado aislados de pequeños y privados de esta fase de juego de la inhibición de la mordida, no han aprendido a controlar sus mordiscos y de adultos pueden provocar problemas.


CAPÍTULO 10


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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lunes, 1 de marzo de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 8

Erik Farina 2011

 

Comportamiento Social del Perro Capítulo 8


Las Relaciones del Perro con otros animales


Los Perros atacan a los gatos, persiguen a los zorros, son amigos de los caballos, se comen a los pájaros, y algunas razas quieren a las ovejas y otros las matan.


Son algunas de las cosas comunes que se dicen y se repiten por diferentes lugares, cuando se habla de la relación entre los perros y otros animales, pero una vez más hay que recordar que sus comportamientos ante otros animales son diferentes de raza a raza, e incluso de perro a perro de la misma raza, y dependen del patrimonio genético heredado de los padres, pero también y sobre todo del aprendizaje y del “Imprinting” en la fase de socialización, de los factores ambientales, nutricionales y hábitos de vida que denominamos la Epigenética.


Los primeros pasos de los perros durante sus encuentros con otros animales, sean éstos de la misma especie o distinta, siguen unos esquemas de comportamiento relativamente estables que ya hemos tenido ocasión de describir en anteriores capítulos.


En estas ocasiones, cualquier movimiento del rabo, de las orejas o de otras partes del cuerpo y cualquier sonido que emita el otro animal se interpreta según el lenguaje canino. Aquí es donde surge el problema con muchos animales, pues el “hablarse” con lenguajes diferentes lleva a una mala interpretación de muchas señales.


Por ejemplo; cuando un perro se encuentra por primera vez con un gato, la mayoría de las veces intenta, husmeándolo y tocándolo, una aproximación de carácter exploratorio y curioso. El gato, por toda respuesta, si ya ha tenido experiencias negativas con otros perros o si todavía no conoce la agresividad del animal que tiene delante, asumirá una actitud de defensa y de miedo, arqueando la espalda, erizando el pelo y bufando como respuesta peculiar de su especie.


El perro no interpreta estas señales como de miedo y defensa, porque en el lenguaje canino significa dominio y agresividad.


La reacción del perro en este punto puede ser de dos tipos distintos; la primera reconoce la superioridad del gato y en consecuencia se retira, cosa en realidad muy rara y que ocurre sólo con perros pequeños. La segunda, pretenderá la sumisión del gato poniéndose panza arriba, lo que el gato se guardará bien de hacer.



Erik Farina 2011


Tras su primer encuentro, el perro habrá aprendido a correr tras los gatos y será muy difícil reprimir su carrera. Sin embargo, el imprinting tiene su importancia, ya que gatos y perros que hayan vivido juntos desde pequeños son capaces de comprenderse mutuamente y de comportarse según esquemas comunes.


Lo dicho puede extenderse a la relación del perro con todos los animales con que se encuentra. Unos cachorros de perros que durante el periodo de socialización viven junto con las ovejas o con las vacas, desarrollan la capacidad de comunicarse y de fraternizar con estos animales también de adultos sin ninguna dificultad.


De este modo es como precisamente los pastores , además de disponer de razas genéticamente aptas para este fin, han tenido y continúan teniendo la costumbre de hacer convivir a sus perros con sus rebaños y sus manadas.


Las antipatías especiales de algunos perros frente a animales, están siempre determinadas por hechos vividos con anterioridad o por su falta de relaciones durante su etapa infantil.


Potencialmente todos los perros, hasta los que tienen un carácter muy fuerte con agresividad, los perros de caza y de persecución, son capaces de desarrollar relaciones amistosas con los demás animales, y el único cuidado que debe tener el propietario del perro, es hacer la primera infancia.


Así será posible ver jugar perros y gatos juntos, en contra de todos los dichos y convicciones que tanto se han difundido.


CAPÍTULO 9


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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lunes, 22 de febrero de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 7

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Comportamiento Social del Perro Capítulo 7


Relaciones del Perro con el Humano


La tradición literaria de las distintas culturas ha consolidado a través del tiempo una concepción diferente pero demasiado romántica y esencialmente falsa de la relación entre el humano y el perro, definiendo a este último como el amigo más fiel al humano.


Si esto nos agrada podemos continuar afirmando que se trata de fidelidad y de amistad, pero en realidad la relación perro-humano se basa en el espíritu de grupo, dominio y subordinación.


El perro que entra a formar parte de una familia de humanos, transfiere a los seres humanos las relaciones sociales que normalmente desarrolla con sus semejantes.


El humano debería hacer lo mismo adaptándose a tratar al perro como si fuese un perro, y no como a una persona como por desgracia ocurre muchas veces, lo que va en detrimento de la armonía de la relación entre ambos.


El perro no es capaz de comprender unos comportamientos distintos del suyo, por lo que todas nuestras acciones las interpreta en clave canina, originándose así equívocos y malentendidos con nuestro fiel amigo.


La mayor parte de los problemas de los propietarios con sus perros tienen que ver con la agresividad y la desobediencia.



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Es sabido que hay algunas razas de perros con más carácter y por tanto más difíciles de controlar, y otras con tendencia a cultivar un espíritu muy independiente.


Este tipo de razas necesitan atenciones especiales. Necesitan un propietario que entienda y comprenda esta raza, y que esté acostumbrado a manejar estos perros, capaz de imponer su voluntad, y el mejor modo para salir adelante es tratar a los perros precisamente según el esquema dominador subordinado, no haciendo ninguna concesión que un jefe de manada no haría a sus inferiores.


Pero a la vez el amo debería tratar de no aterrorizar al perro, nunca meterle miedo y castigarlo, tratando de alterar la severidad con la capacidad de mostrar afecto, pues de lo contrario podría convertirse en un perro miedoso y excesivamente sumiso, nunca podrías saber si te obedece por afecto o por miedo.


En estos casos se desarrolla entre perro y humano una relación social totalmente errada, no basada en el esquema dominador sometido, lo que supone impedir crecer al perro y que llegue a su fase adulta correctamente y equilibrado.


El mismo efecto se obtiene cuando alguien se comporta de modo demasiado oprimente con su perro, tratándolo con demasiada dureza, limitando su libertad y manteniéndolo en una situación psicológica de eterno cachorro.


Cada vez que un perro trata de dominar a su amo, o muestra agresividad, o no se comporta como alguien de rango inferior, el amo deberá llamarlo inmediatamente al orden y a la disciplina.



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Si en cambio el amo no muestra la autoridad suficiente para aparecer como un jefe de la manada, el perro tratará de tomar el papel de dominador que ha quedado vacante.


Esto ocurre con más frecuencia de lo que se piensa, sobre todo con grandes perros que tienen amos demasiado tímidos. La imagen frecuente de una persona llevando al perro tirando de la correa y luchando con él porque el perro tira demasiado, es un ejemplo de un perro que manda sobre el amo humano, obligado a seguirlo casi a trompicones hasta que encuentra una farola a la que agarrarse para detener la carrera sin control ninguno.


Cuando un perro quiere imponer su ley, no obedece y se muestra hostil, es difícil vivir con él. En algunos casos el perro puede mandar sobre toda la familia, en otros sobre alguno de sus miembros.


Si no se quiere correr el riesgo de estar a las órdenes del propio perro, lo mejor será adoptarlo cuando es todavía un cachorro de no más de dos meses de vida. Durante esta fase, llamada de socialización, el perro está dispuesto a establecer su más estrecho contacto con el humano.


Este es el periodo en que el humano debe imponer firmemente su voluntad, impartiendo órdenes que deben seguirse sin vacilación, no cediendo en nada y rechazando cualquier tipo de rebelión por parte de los perros, hay que enseñarle que comportamientos son agradables para el humano que que comportamientos no son de agrado para el humano, haciendo agradable la convivencia.


Otra recomendación que hay que seguir es tratar de no intervenir en las luchas jerárquicas entre perros, dándoles la oportunidad de ajustar sus cuentas por sí mismos, libres de correas, para que, llegado el caso, puedan escapar de los ataques agresivos del contendiente.



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Incluso cuando uno se encuentra entre luchas cruentas entre dos perros por cualquier problema de dominio, el humano no debe dejarse llevar por sus sentimientos y tomar partido por el más débil que está perdiendo.


Hasta en los momentos más tranquilos no conviene mostrar demasiado afecto por los más débiles frente a los dominadores. En efecto, el dominador podría mostrar su celo interpretando esa acción como una afrenta a la jerarquía y podría atacar al más débil.


A su vez el débil podría sentirse respaldado por el humano y encontrar coraje para agredir al perro más fuerte con consecuencias a menudo dramáticas para uno de los dos perros.


Por el contrario, se debe mostrar siempre preferencia por el dominador y tratarlo con afecto, al menos cuando se está en presencia del más débil. De este modo se respetará la jerarquía; primero el humano, luego el perro dominador y finalmente el sometido.


Finalmente, conviene anotar algunas convicciones que caracterizan nuestro modo de considerar las capacidades intelectivas de los perros.


La primera se refiere a la pregunta de si los perros son o no inteligentes. La respuesta es sin duda que “Si” los perros son muy inteligentes, si bien sigue la dificultad de determinar hasta qué punto son inteligentes, y sobre todo si algunas razas son más inteligentes que otras.



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Cuando nosotros definimos con palabras la inteligencia, hablamos de la capacidad de resolver los problemas, pero en realidad los test que miden la inteligencia se basan en pruebas que dependen la mayor parte de las veces de capacidades físicas t sensitivas o provenientes de experiencias pasadas.


Además, cuando hablamos de razas más o menos inteligentes, en realidad mezclamos inteligencia y adiestramiento. Este último depende de ordinario del grado de socialización con el humano y no tiene nada que ver con la inteligencia.


Este error está muy arraigado entre las convicciones de los cinófilos y comúnmente se oye hablar de razas más inteligentes que otras sólo porque logran realizar mejor un ejercicio o porque se hacen entender mejor con su dueño.


La segunda convicción se refiere a la capacidad de pensar de los perros. El egocentrismo y la soberbia del hombre no han admitido nunca que se pudiera creer que los animales piensen igual que los humanos, y se ha sostenido siempre que todas las acciones de los perros están dictadas por el instinto.



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Seguramente hay diferencias muy grandes en la capacidad de pensar entre humanos y perros, pero podría ser que las diferencias existentes sean más cuantitativas que cualitativas. En efecto, lo que ayuda al humano es seguramente el lenguaje que le permite comunicar sus pensamiento y razonamientos, y nuestra medida de calibrar la capacidad de razonar sigue siendo el lenguaje mismo.


Es sabido que los perros son capaces de comprender el significado de muchas palabras y de responder a determinadas órdenes. Es evidente, por otra parte, que no aprendes solos, sino a través de la enseñanza de sus dueños.


Sin embargo su capacidad o no de comprender el lenguaje humano no puede ser un patrón válido para medir la capacidad de razonar de los perros. Los mismos perros tienen su lenguaje y; ¿Cómo podemos afirmar los humanos que hemos entendido su mecanismo de comunicación? ¿Cómo podemos afirmar que los perros no pueden acordarse de algunos sucesos vividos y que sus reacciones son siempre de carácter instintivo?


Se trata del eterno problema de antropomorfizar todo tipo de comportamientos o de comunicación animal, cuando en realidad no podemos afirmar de modo científico desde nuestras bases de partida ni que los perros sean capaces de pensar, recordar, soñar y razonar del mismo modo que los humanos, ni lo contrario.


CAPÍTULO 8


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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domingo, 21 de febrero de 2021

Etología Canina Comportamiento Social del Perro Capítulo 6

Erik Farina 2015

 

Comportamiento Social del Perro Capítulo 6


El Comportamiento Sexual del Perro


Los perro muestran sus primeros instintos de deseo sexual en torno a las siete semanas de vida, a través de manifestaciones de montas simuladas. Estas actitudes forman parte del comportamiento lúdico normal de los cachorros y son necesarias para el desarrollo correcto de las respuestas sexual en el adulto.


No hay que confundirlas con similares comportamientos de monta entre perros machos adultos, que deben considerarse además como trastornos en su comportamiento.


Sin embargo, la pubertad en los perros machos depende mucho de la raza, puede comenzar alrededor de los 6 meses, hay razas muy precoces que empiezan a los 5 meses, la madurez sexual del macho (capacidad de montar y fecundar a una hembra) se alcanza alrededor de los 9 meses, aunque se pueden encontrar grandes diferencias entre raza y raza, siendo las más pequeñas a la vez las más precoces.


La pubertad en las perras hembras llega entre los 7 y los 12 meses de edad si bien se puede atrasar hasta los 24 meses y es normalmente 2 o 3 meses después de obtener su peso adulto. Las razas pequeñas son más precoces y llegan a la pubertad entre los 5-6 meses, las de tamaño grande a los 10-12 meses y las de tamaño gigante a los 24 meses


Pero también los factores ambientales como los periodos del año, los recursos de comida y las relaciones sociales tienen una notable importancia en el estímulo del desarrollo sexual.


En los machos las consecuencias más importantes de la aparición de la pubertad son; el aumento del nivel de hormonas sexuales masculinas, la testosterona que cambia el olor de la orina, confiriéndole un olor más “macho”, y por la que se le puede reconocer como perro adulto, y la distinta postura que toma al orinar, que pasa de la infantil agachado a la adulta con la pata levantada y marcando.





Pero los cambios más grandes se producen en la hembra, en la que con la pubertad comienza a presentarse el celo, el periodo del Estro durante el que se vuelve fecunda.


El ciclo sexual está compuesto por 4 fases llamadas; Proestro, Estro, Diestro y Anoestro. El tiempo de celo aparece dos veces al año, aunque en algunos casos puede ocurrir cada 7, 8, 9 meses; incluso una sola vez al año.


Por lo demás, las perras son ya fecundadas a un año de vida, mientras que en los lobos la madurez sexual no se alcanza hasta el segundo o incluso tercer año. Los perros que han vuelto al estado salvaje como los perros de raza Basenji Africanos o los Dingos Australianos tienen su ciclo sexual igual al de los lobos.


Durante el Protoestro, la hembra presenta secreciones vaginales, y transcurre gran parte de su tiempo lamiéndose. Su comportamiento cambia sensiblemente: se vuelve más activa e inquieta y recorre grandes distancias, siempre que se le permita vagabundear por las calles del barrio o parque de los alrededores. Durante estas excursiones marca marca frecuentemente el terreno con orina, lo que constituye una fuente irresistible de atracción para los machos.


En efecto, la sustancia química dejada en la orina llama a los machos hasta de grandes distancias, volviéndoles extremadamente excitados y haciendo que a la mínima ocasión traten de montar a la hembra que, sin embargo, no está todavía dispuesta a que la cortejen.


Después de diez días, aunque también este periodo puede variar en las razas, en el último de los cuales la hembra muestra una actitud de aproximación y retirada con respecto a los machos, comienza el periodo del Estro, durante el cual parece que la hembra y sus eventuales cortejadores, muchas veces en jauría, van verdaderamente a enloquecer.





Durante este período las hembras son fecundadas y comienzan a estar dispuestas para el apareamiento. Los galanteos de los machos se hacen cada vez más serios. Una actitud típica, que se observa tanto en los perros como en los lobos, es la de dos perros, tanto el macho como la hembra, sentados sobre sus patas, uno al lado de la otra, sus patas estiradas sobre el suelo, con los dedos muy separados, que manteniendo la cabeza ladeada y la lengua caída hacia fuera, se dan pequeños golpecitos con el hocico o con las patas.


Otro comportamiento común es el de los dos perros que alternativamente se agarran con las manos en torno al cuello del otro en una especie de abrazo juguetón.


El galanteo no es, sin embargo, indispensable para llegar a la cópula, pues a menudo un macho y una hembra receptiva se pueden encontrar y aparearse enseguida sin ningún preámbulo.


La hembra muestra estar dispuesta para la cópula ladeando el rabo y mostrando la vagina al macho, éste reacciona montándola por atrás, y mediante golpes de pelvis, tras alguna tentativa en el vacío, logra acoplarse, ayudado por los movimientos de la hembra.





El tercer periodo el Metaestro, es el de la preñez o en el caso en que la hembra no se haya apareando, el de la pseudopreñez. Dura dos meses, al término de los cuales llega el parto.


El último periodo es el Anoestro, es el tiempo de reposo sexual, la inactividad reproductiva. No se presentan cambios hormonales, y la hembra vuelve a su comportamiento normal.


En el estado salvaje, entre los lobos y los perros asilvestrados, el comportamiento sexual se manifiesta raramente en los períodos fuera del celo las hembras. En los perros domésticos, por el contrario, es bastante frecuentes ver a perros que tratan de montar a otros perros del mismo sexo.


A menudo el significado de este comportamiento es el de simple dominio entre dos perros, por el que el dominador monta al sometido, otras veces se trata de un juego, pero la mayoría de las veces se trata de un trastorno sexual propiamente dicho.


El deseo sexual de los machos es fuerte y continuo a lo largo de todo el año. No hay períodos de indisposición, y ante una hembra en celo se excita enseguida.





Las hembras, por el contrario, sólo son receptivas durante dos breves períodos al año.


El problema para los perros machos que viven en la ciudad es que durante cada periodo del año hay siempre alguna hembra en celo, y su olor terriblemente atrayente se puede olfatear en cada esquina de la calle.


La inmensa mayoría, un noventa por ciento, de los perros machos están en un estado de perenne frustración ya que sienten el olor del celo, pero no ven a la hembra, y el único modo que les queda de desfogarse es encontrar un modelo sustitutivo que, dependiendo de la fantasía de cada perro, puede ser otro perro, la pierna del humano, el respaldo de un sillón o un muñeco.


CAPÍTULO 7


Por: Erik Farina (Etólogo Canino)


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